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lunes, 30 de abril de 2018

Y el culpable es...


En algunas excavaciones los restos fósiles pueden contener marcas que indican que el animal del que proceden no murió por causas naturales. En esta entrada descubriremos cómo a partir de esas marcar podemos identificar el o los depredadores de la víctima en cuestión.


Nos centraremos en un caso bastante reciente en el que las víctimas son Sphaerechinus granularis, un erizo de mar bastante común en el Mediterráneo. A la hora de identificar a la especie culpable, se ha de seguir un orden.

Sphaerechinus granularis camuflándose.

1.
Recogida de las pruebas: se recogieron muestras de equinoideos en las costas norte y occidental de la isla de Giglio, que se sitúa cerca de la costa occidental de Italia al norte del mar Tirreno (ver mapa debajo). En esta isla se pueden encontrar diversos hábitats.


Después se procedió al secado de las muestras y a su medición. También se tomaron fotos y se anotaron características tafonómicas como la presencia (o ausencia) de tejidos blandos, rotura de espinas u otro tipo de partes, abrasión, etc.

2. Clasificación de las pruebas: se recogieron 24 muestras, de las que 3 no mostraban ningún daño, 11 presentaban perforaciones características de gasterópodos cásidos y 10 tenían evidencias de depredación durófaga.

3. Análisis de las pruebas: las 10 que presentaban signos de depredación tenían diversos tipos de daño: orificios en el lado aboral (A), reducidos a la mitad del tamaño original (B) y restos pertenecientes a la zona alrededor de la membrana peristomial (C). Se deduce que el daño siempre se produce, por tanto, desde la parte contraria a la boca del equinodermo.



En el interior a veces se podían encontrar arañazos y marcas producidas por dientes (D, E), especialmente cerca de las heridas. Algunas muestras también presentaban algunas espinas arrancadas (F).



Las muestras más recientes estaban cubiertas de espinas y podían llegar a presentar restos de las partes blandas (órganos). Cuanto más tiempo hubieran estado en el fondo marino, mayor era el grado de incrustación de microorganismos (la muestra de la imagen B es más reciente que la de la imagen I).


4. Sospechosos: diversos organismos se alimentan de Sphaerechinus granularis. Los crustáceos usan sus pinzas para romper a su presa; los gasterópodos cásidos usan ácido sulfúrico para penetrar al interior; los asteroideos se comen a su presa y luego regurgitan los restos, o digieren las partes blandas con estómagos extensibles; algunos peces usan diversos métodos para romper a su presa; algunas especies de pájaros picotean dentro del organismo o sueltan al equinoideo sobre una superficie dura para romperlos, y las nutrias marinas usan piedras para romper al erizo de mar.

5. Identificación del culpable: el tipo de rotura hace pensar que el culpable pertenece a los peces óseos. Estos peces muerden primero las espinas y después ensanchan el agujero que se genera. Solo unos pocos peces son depredadores de Sphaerechinus granularis, ya sea porque ingieren individuos pequeños enteros o muerden y rompen al erizo.

De los organismos que se alimentan de este erizo de mar, solo los besugos alcanzan tamaños que les permiten romper de esa forma a Sphaerechinus granularis. Los más probables son Diplodus sargus y Diplodus vulgaris, ambos se pueden encontrar en las costas de Giglio. Las marcas de dientes encontradas en las muestras se ajustaban a las dentaduras de ambas especies.

En la imagen de la izquierda se puede observar a Diplodus sargus en el centro y Diplodus vulgaris alrededor.

Pero no siempre va a ser tan sencillo. Si vamos a realizar este mismo proceso pero con un fósil, nos encontraremos con algunos problemas extra. Para empezar, la preservación de marcas de depredación como las analizadas depende de varios factores, como la extensión y tipo de daño, el grado de incrustación de microorganismos (facilitan la conservación de las marcas) o la naturaleza del sustrato en el que se deposita el equinodermo. Hay un periodo crítico para la preservación de estas marcas: el proceso de incrustación y estabilización del resto se debe producir antes de que se degrade el tejido conectivo,si no se puede fragmentar y descomponer.

La potencial de preservación (es decir, la facilidad con la que se pueden conservar restos) depende de factores como la energía de las olas, la tasa de sedimentación y la ocurrencia de procesos atmosféricos puntuales (tormentas, por ejemplo). El caso en que se daría la mayor dificultad sería en aguas poco profundas que sufran mucha agitación y haya mucha abrasión.

En resumen, el estudio de la depredación nos puede permitir identificar organismos e incluso establecer relaciones entre ellos, lo cual es algo muy útil para establecer relaciones del pasado. Pero como hemos podido ver, es bastante complicado encontrar restos que tengan marcas, ya que no solo depende de que el resto las contenga sino también del ambiente donde se ha depositado el resto.



GLOSARIO:
.Cassidae: o cásidos, son moluscos gasterópodos con concha.
·Durofagia: comportamiento animal consistente en consumir organismos que tienen una concha dura o un exoesqueleto.
·Lado aboral: en asimetría radial, es el lado opuesto a la boca.
·Membrana peristomial: se encuentra en el lado oral y en su centro se encuentra la boca del equinidermo.
·Asteroideos: son una clase de organismos dentro de los equinodermos. Se conocen como estrellas de mar.
·Sparidae: familia de peces perciformes (con forma de perca), es decir, comprimidos lateralmente, aleta dorsal con espinas y aleta caudal escotada.

PARA SABER MÁS:
-https://es.wikipedia.org/wiki/Echinoidea
-https://www.ecured.cu/Asimetr%C3%ADa_radial
-https://practicasina2013.weebly.com/clase-echinoidea.html

REFERENCIAS:
-Diedrich Sievers & James H. Nebelsick. 2018. Fish predation on a Mediterranean echinoid: identification and preservation potential. Palaios, 33 (2): 47-54.

domingo, 18 de marzo de 2018

¡VEN A CENAR CONMIGO!

Artículo principal:
 Witton, M. P. (2018). Pterosaurs in Mesozoic food webs: a review of fossil evidence. Geological Society, London, Special Publications, 455(1), 7-23.



¡Hola blogueros! Hoy voy a daros unos consejos para organizar una cena perfecta si decidís invitar a nuestros ya amigos los pterosaurios.
Sabéis que siempre es difícil acertar con la comida para que todos los comensales salgan agradados de casa. En este caso, lo es aún más si cabe, ya que no están muy claras sus preferencias. Para ello he estado investigando y os traigo lo que podrían ser las claves para conquistar a un pterosaurio por el paladar.



Si queremos conocer los hábitos alimenticios de los pterosaurios tenemos que recurrir al registro fósil, donde observaremos lo preservado en el intestino, estómago y coprolitos (aunque lo cierto es que de estos últimos hay pocos😟). 
Más adelante veremos que los dientes son también una significativa fuente de información. 

Sin embargo, aunque el registro fósil y el interés hacia nuestros animalitos está creciendo, todavía no hay un número suficiente de fósiles, aun así, encontramos entre los más importantes a Rhamphorhynchus, frecuentes en el Jurásico, (estos fueron consumidos por especies acuáticas, lo que coincide con que quizá tuvieran una vida cercana al medio marino) y los pterosaurios azhdarchid, de los que hablamos en la publicación anterior y que fueron consumidos por dinosaurios y Crocodyliformes, confirmando así su posible vida terrestre. 
¿Y por qué hablamos de los pterosaurios como alimento? Pues porque es importante para saber localizarlos, entre otras cosas!


En general, podemos decir que los pterosaurios podían adaptarse a diferentes dietas, y que la variedad de su estilo de vida dependía en gran parte del vuelo.
 

ENTONCES, YENDO AL GRANO, ¡¿QUÉ LES PODEMOS DAR DE COMER?!

Pues bien, aunque no siempre está claro el contenido intestinal por la conservación de las tripas, algunos alimentos quedaron registrados al ser su textura grabada por los ácidos digestivos. Entre estos ‘grabados’ contamos con las escamas ganoideas atribuidas al género de peces Parapholidophorus.

Para ser más concretos, en fósiles de Rhamphorhynchus se encontraron restos de peces grandes, parcialmente articulados y algo digeridos por la zona del tronco.
Por la forma en la que se encontró, se deduce que fueron tragados enteros y cabeza abajo (ventaja para nuestra cena: no habrá que trocearles el pescado!). Pero si no tenéis pececitos no os preocupéis, también comían crinoideos y crustáceos.
Torso con restos de peces parcialmente digeridos de Rhamphorhynchus muensteri.  










Cráneo y cuello de Rhamphorhynchus muensteri, mostrando restos parciales de peces en la región de la garganta.



    




En estos fósiles no solo encontraron lo que yo llamo ‘productos marinos’, también había un misterioso material… nada más y nada menos que un posible pequeño vertebrado! 


También contamos con otros fósiles como el de Scaphognathus crassirostris, donde se encontraron restos de un pez bastante común: Leptolepides.
Fósil de Leptolepides.


  



 
Y ESTO NO ES TODO, quiero contaros algo que a mí me dejó un poco loca, y es que en Argentina encontraron a un Pterosautro guinazui, y ¿sabéis que había en sus tripas? Arena y grava! (interpretados como geogastrolitos) cuya función pudo ser la de ayudar a digerir alimentos difíciles.




Bueno lo cierto es que no les gustaba mucho lo verde, de hecho se ha asociado la dentadura con forma de lanza de Ludodactylus para un ser piscívoro y no herbívoro. 
A esta conclusión se llegó al creer que pudo confundir una hoja con un componente de su dieta normal, o simplemente, lo atrapó junto a otros alimentos, y esta (que encima era afilada) quedó en la bolsa gular
Hay evidencias de que intentó desalojar la hoja, pero se vio incapaz y murió. (Final trágico.)



A continuación, os voy a hablar de los dientes y de lo importante que es conservarlos para que dentro de unos cuantos millones de años nuestros sucesores sepan qué darnos de comer si volvemos a la vida (si es que para dentro de tanto tiempo sigue habiendo humanos o algo por el estilo).

Bien, se han encontrado arañazos microscópicos que crean texturas superficiales características que van a variar según la dieta. Un análisis en dientes del pterosaurio Dimorphodon macronyx demostró que el desgaste de sus dientes sugería un banquete de insectos y vertebrados terrestres. (¡Buenas noticias!, vamos aumentando los ingredientes para la cena)

*Para estos análisis se han utilizado microscopios de enfoque infinito y métodos estadísticos para observar patrones de desgaste en pterosaurios junto a los dientes de especies vivas como murciélagos y cocodrilos, cuya dieta se basa en insectos, peces y otros vertebrados



Y PARA IR FINALIZANDO LA PUBLICACIÓN, si no tenéis a mano ninguno de estos ingredientes, podéis decirles esa noche que os los traigan ellos mismos, porque sí, hay evidencias de que estos animales pudieron cazar en la oscuridad. Esto se sabe por el ‘anillo escleral’ del hueso dentro del ojo, que es grande en relación con el diámetro externo y por lo que el ojo estaría bien adaptado para tratar con niveles bajos de luz.
Esto no quiere decir que todos tuvieran esta habilidad, Archaeopteryx lithographica y Confuciusornis sanctus no, aunque cabe resaltar que no eran pterosaurios como tal, sino aves prehistóricas.
 


Ctenochasma elegans, un ejemplo de pterosaurio con capacidad de cazar en la noche.



OS AÑADO UN PEQUEÑO GLOSARIO 
QUE PUEDE SERVIROS DE UTILIDAD 
PARA ACABAR DE ENTENDER ALGUNOS CONCEPTILLOS:







  • Escamas ganoideas: tienen forma de rombo y están cubiertas con una capa similar a un esmalte. Actualmente, los esturiones serían un ejemplo de estas escamas.
  • Crinoideos: también conocidos como lirios de mar, tienen un esqueleto de calcita macizo y fueron abundantes en las profundidades de los fondos marinos no muy profundos Paleozoicos.
  •   Bolsa gular: bolsa de piel inflable presente en la región cervical en algunas especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios, utilizada para amplificar sonidos, almacenar alimentos o el cortejo.
  • Anillo escleral: formación compuesta por huesecillos en el interior de la esclerótica del ojo de las aves.


Y con esto me despido hasta la próxima publicación, espero que os haya gustado y lo hayais leído hasta aquí, sin saltaros ni una sola coma. 






  •  Pickrell, J. (2018). Tooth scratches reveal new clues to pterosaur diets. Nature, 553(7687), 138.

  •  Schmitz, L. & Motani, R. Science doi:10.1126/science.1200043 (2011).

  • Witton, M. P. (2018). Pterosaurs in Mesozoic food webs: a review of fossil evidence. Geological Society, London, Special Publications, 455(1), 7-23.