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martes, 20 de marzo de 2018

Eres un rabo de lagartija...fósil.

En el anterior artículo hablamos de cómo algunos famosos lagartos se pusieron a dos patas para cumplir sus sueños. Bien, con este otro artículo desvelamos que su verdadera  intención no es otra que la de seguir viviendo. Si unimos la capacidad de correr a dos patas con la que nombraremos a continuación, dejamos claro que, si no eres un poderoso cocodrilo o una resistente tortuga, eres un cobarde escamoso, que poco más puede hacer que engañar con el rabo.


Muchos lagartos pueden soltar una parte de su cola en respuesta al ataque de un depredador, un comportamiento conocido como autotomía caudal. Debido a que no se conoce ese comportamiento en cocodrilos y tortugas, se sugiere que la capacidad evolucionó en la rama Lepidosauria (tuátaras, lagartos, serpientes y anfisbenios).

La autotomía caudal

La autotomía caudal de Squamata, o escamosos (lagartos, camaleones, iguanas y afines, serpientes y culebrillas ciegas), y la posterior regeneración de la cola se han estudiado extensamente debido a la importancia adaptativa de este comportamiento único antipredatorio (Etheridge, 1967; Arnold,1984; Seligmann et al., 2008; Bateman & Fleming, 2009; Clause & Capaldi, 2006). Además de aumentar las posibilidades de supervivencia al facilitar el escape, puede distraer a los depredadores y minimizar la pérdida de sangre después de una lesión (Bely & Nyberg, 2010). Los lagartos existentes muestran dos tipos de autotomía caudal:
  1. Autotomía intravertebral: Las vértebras caudales pueden separarse a lo largo de un plano de fractura preexistente que pasa a través del cuerpo vertebral y del arco neural. Sólo se observa en los lepidosaurios existentes y se asocia con una regeneración más extensa de la cola (Etheridge, 1967).
  2. Autotomía intervertebral: La división ocurre entre vértebras caudales adyacentes (Arnold, 1984; Bateman & Fleming, 2009). Se encuentra en varias especies de Agama y en algunas serpientes, y parece haber evolucionado múltiples veces desde una condición ancestral no autotómica (Etheridge, 1967; Arnold,1984).

Ya que en este post nos vamos a centrar en la autotomía intravertebral, ahondemos en ello. La autotomía intravertebral ya se encuentra en las familias de lagartos filogenéticamente anteriores y el tuátara, con planos de fractura en sus vértebras caudales (Etheridge, 1967; Seligmann et al., 2008). Estos planos de fractura son áreas de debilidad a lo largo de la vértebra que resultan de la fusión incompleta de los esclerotomas (vértebras y discos intervertebrales, costillas y cartílagos costales) adyacentes durante el desarrollo vertebral (Winchester & Bellairs, 1977). En la vértebra totalmente osificada, el plano de fractura es un tabique transversal a través de la vértebra donde no se produce la deposición ósea.

Los captorínidos

Los únicos amniotas que muestran una evidencia convincente de autotomía caudal fuera de Lepidosauria son miembros del clado Captorhinidae (Price, 1940; Dilkes & Reisz, 1986). Los captorínidos, inicialmente, eran pequeños reptiles carnívoros (menos de 10 kg). Se originaron en el Carbonífero Tardío y se expandieron por todo el globo antes de la extinción en masa de finales del Pérmico (Müller & Reisz, 2005; Reisz et al., 2011; Ricqlès & Taquet, 1982), llenando numerosos nichos ecológicos como carnívoros, omnívoros y herbívoros pequeños, dentro de comunidades terrestres donde predominaban los depredadores (Reisz et al., 2015; LeBlanc et al., 2015; Reisz & Fröbisch, 2014; Modesto et al., 2014).


La importancia evolutiva de la autotomía caudal en reptiles paleozoicos nunca se ha discutido más allá de los informes preliminares sobre planos de fractura aparentes.  Sin embargo, los avances en nuestra comprensión de la filogenia reptiliana ahora demuestran claramente que si los captorínidos realmente exhibían autotomía caudal, ésta fue la primera aparición de este comportamiento en Amniota, que más tarde evolucionó de forma independiente en los lepidosaurios, ya que los únicos registros de planos de fractura en las vértebras caudales de los captorínidos sugieren que no pasan completamente a través del cuerpo vertebral, como lo hacen en los lepidosaurios modernos (Etheridge, 1967; Arnold,1984; Price, 1940).
Además, es importante la posibilidad de una variación interespecífica u ontogenética a través de Captorhinidae, variando drásticamente el número de supuestas vértebras autotómicas en diferentes especies. Con ello se puede comprender lo extendido que estaba el comportamiento y si las presiones de depredación variaban, ocasionando dichos cambios en la capacidad de autotomía
Para abordar estos puntos, se ha examinado una muestra grande de vértebras caudales captorínidas aisladas, del sistema de cuevas kársticas de la localidad Richards Spur del Pérmico Temprano (Artinskiense, 289-286 millones de años), ubicada en Dolese Brothers Quarry en Oklahoma, EE. UU.  Así, se compararon los supuestos planos de fractura en captorínidos con los de una iguana juvenil y otra adulta, ya que este escamoso moderno exhibe una reducción ontogenética de la autotomía caudal (Arnold,1984).

Las vértebras caudales de Captorhinidae y sus fracturas

Estas vértebras caudales tienen divisiones transversales a lo largo de las superficies medio-ventrales del centro (Fig. 1a-c). Dichas divisiones no pueden ser características tafonómicas, ya que se encuentran consistentemente en la misma región de numerosos centros caudales y están ausentes en las vértebras caudales más anteriores, que contienen costillas (Fig. 1d). Las secciones delgadas longitudinales de vértebras caudales autótomas en captorínidos revelan que el plano de fractura se extiende a través de la pared ventral del cuerpo vertebral en forma de carrete y alcanza el suelo del canal notocordal a lo largo de la parte dorsoventral más estrecha del cuerpo vertebral (Fig. 1f, g).

Fig. 1: Planos de fractura en vértebras caudales de captorínido.
(a) Reconstrucción artística del reptil pérmico Captorhinus con una cola autotómica (recuadro que muestra las vértebras caudales anteriores con planos de fractura). (b) Imagen y (c) imagen SEM de una vértebra caudal anterior aislada (ROM 73769) con un plano de fractura que pasa a través del cuerpo vertebral (flecha negra). (d) Vista ventral de una vértebra caudal anterior con soporte de costillas (ROM 77410) que muestra la ausencia de cualquier plano de fractura. (e) Vista ventral de una vértebra caudal con un plano de fractura (flechas negras) (ROM 73771) (f) sección delgada a través del plano sagital de una vértebra caudal (ROM 73773) con un plano de fractura (flecha negra) que pasa por la porción ventral del cuerpo vertebral. (g) Primer plano del plano de fractura (flechas negras) en (f) pasando al canal notocordal. Abreviaturas: cb, hueso cortical; cct, cartílago calcificado; ce, cuerpo vertebral; nc, canal neuronal; ns, espina neural; ntc, canal notocordal. Reconstrucción por Danielle Dufault.

Ciertas comparaciones de las capas de tejido duro de cada cuerpo vertebral caudal captorínido, indican que la división se forma durante la osificación del cuerpo vertebral y no como resultado de la resorción ósea (eliminación de tejido óseo por los osteoclastos) a lo largo de la línea media del cuerpo vertebral. Los tabiques de autotomía se forman de forma similar durante la osificación de las vértebras caudales, no como en los escamosos modernos, por la resorción ósea (Winchester & Bellairs, 1977).
Las secciones transversales seriales a través de vértebras caudales que portan un plano de fractura confirman que estas características están restringidas a la mitad ventral de cada cuerpo vertebral. La brecha comienza en la base ventral de la vértebra, donde es considerable (Fig. 2a, b); atraviesa todo el ancho de las paredes laterales del cuerpo vertebral y hacia el canal notocordal (Fig. 2c, d), y se interrumpe en el hueso endocondral/endosteal que forma el núcleo interno de la vértebra (Fig. 2e, f). A pesar de estar restringido a la mitad ventral de cada cuerpo vertebral, los planos de fractura probablemente permitieran la autotomía caudal.

Fig. 2: Secciones transversales seriales a través del centro del plano de fractura de la vértebra caudal en captorínidos. (a) Sección transversal tomada cerca de la base del cuerpo vertebral (ROM 73771); (b) Primer plano del plano de fractura que atraviesa la superficie ventral del cuerpo vertebral en (a). (c) Sección transversal tomada al nivel del canal notocordal (ROM 73774). (d) Detalle del plano de fractura en (c) que pasa a través del cuerpo vertebral hacia el canal notocordal. (e) Sección transversal tomada a lo largo del techo del cuerpo vertebral (debajo del arco neural) (ROM 73774). (f) Detalle del plano de fractura en (g) que pasa a través del hueso cortical externo, pero no el hueso endoóseo/endocondral más interno. Abreviaturas: cb, hueso cortical; eb, hueso endocondral; rl, línea de inversión; sf, fibras de Sharpey. 

Una vértebra muestra una rotura aparente post-mortem a lo largo del plano de fractura, lo que proporciona una visión de la dinámica de la autotomía intravertebral en captorínidos. La vértebra muestra claramente un plano de fractura, basado en los bordes redondeados a cada lado del corte a lo largo de la superficie ventral del cuerpo vertebreal (Fig. 3). La ruptura posterior debe haber ocurrido algún tiempo después de la muerte y la desarticulación de los restos de este individuo. Sin embargo, la grieta sigue el plano de la fractura dorsalmente y se extiende ligeramente hacia la parte posterior hacia el extremo posterior del arco neural, rompiéndose las vértebras caudales con arcos neurales fusionados (Fig. 3).

Fig. 3: Trayectoria hipotética de rotura de autotomía en el centro caudal en los captorínidos. (a-c) Vistas lateral, anterior y ventral de un cuerpo vertebral caudal con plano de fractura, que muestra la extensión del plano de fractura, que no pasa por el arco o la espina dorsal (ROM 73774). (d, e) Imágenes SEM de una rotura post mortem en una vértebra caudal de un captorínido (ROM 77409) a lo largo de su plano de fractura. La ruptura sigue el plano de debilidad formado por el plano de autotomía (flecha blanca) y se encuentra en los lados izquierdo (d) y derecho (e), lo que sugiere que este fue el plano de debilidad en vida. (f) Reconstrucción de la autotomía caudal en una vértebra caudal. Durante la autotomía, la fractura sigue la ruta de menor resistencia a través de la mitad dorsal del cuerpo vertebral caudal y la base posterior del arco neural, evitando la espina neural. Abreviatura: na, arco neural; nc, canal neuronal; ns, espina neural; ntc, canal notocordal.

Se desconoce el número exacto de vértebras caudales en Captorhinus. Sin embargo, algunas vértebras se pueden asignar con confianza a las regiones anterior, media y posterior de la cola (Fig. 4a-c).
  1. Las espinas neurales de los caudales anteriores son altas y estrechas y se extienden postero-dorsalmente en ángulos relativamente altos. Sus respectivos centros son proporcionalmente cortos y biselados como resultado de la articulación con los arcos heméricos.
  2. Los caudales posteriores tienen un centro más largo y las espinas neurales se extienden a ángulos mucho más bajos por la parte postero-lateral (Fig. 4e-g). Estas vértebras medias-caudales frecuentemente poseen planos de fractura, lo que indica que una gran parte de la cola era autotómica.

Desafortunadamente, no se puede determinar el número exacto de vértebras autotómicas, pero sí se revelan al menos ocho vértebras de ese tipo, comenzando alrededor de la sexta a la octava caudal (Figs. 1a y 4a-c). Ocho vértebras caudales autóctonas es, por lo tanto, una estimación muy conservadora de los captorínidos de Richards Spur. Curiosamente, una serie caudal de un gran ejemplar de Captorhinus laticeps de la cantera McAnn de Oklahoma (Fig. 4c) muestra una sección autotómica mucho más corta de la cola, que está limitada a solo cuatro caudales anteriores.

Fig. 4: Variación en regiones caudales autótomas en captorínidos del Pérmico Temprano. (a) Serie caudal parcial de un captorínido juvenil (OMNH 03304) con al menos cinco vértebras autótomas, comenzando con la última caudal "process-bearing" (flecha). Tenga en cuenta la presencia de arcos neuronales sin fusionar. (b) Región autónoma de una serie caudal articulada (OMNH 1020, la imagen se ha recortado para incluir solo la serie caudal) con al menos ocho vértebras autóctonas, comenzando con la última caudal "process-bearing" (flecha). (c) Serie caudal parcial de Captorhinus laticeps (OUSM 15024, la imagen ha sido recortada para incluir solo la serie caudal) con una región autónoma que comienza en la octava caudal (flecha) y termina en la undécima (asterisco). (d) Reconstrucción de la región caudal conocida de Captorhinus (modificada desde) 22, que muestra la extensión de la región autónoma (coloreada) basada en (a-f). (e-g) Aislado anterior (proceso transversal), medio (sin procesos transversales, espinas neurales inclinados pronunciadamente) y posterior (espinas neurales de bajo ángulo) vértebras caudales de captorínidos de la localidad de Richards Spur. Abreviatura: tp, proceso transversal.

Comparación con las vértebras caudales de iguana común

La anatomía y el desarrollo de las vértebras caudales autótomas en los escamosos se han descrito ampliamente (Etheridge, 1967; Winchester & Bellairs, 1977; Gilbert et al., 2013). Ahora compararemos las vértebras caudales con plano de fractura en captorínidos con vértebras autotómicas de especímenes juveniles y adultos de Iguana iguana (iguana común).
A diferencia de en los captorínidos, los planos de fractura en la iguana juvenil pasan a través de todo el centro y casi todo el arco neural (Fig. 5a-d). El plano de fractura está bordeado por hueso cortical compacto, similar a los planos de fractura en captorínidos. Las secciones longitudinales a lo largo de la línea media de las vértebras caudales muestran una capa delgada de hueso cortical en la extremidad dorsal del plano de fractura que parece unir las dos mitades del centro caudal (Fig. 1d). Durante la autotomía, esta división permite que la vértebra se separe, dejando una porción anterior corta del cuerpo vertebral y el arco neural (Fig. 5e). En el individuo más grande, el tabique de autotomía está cerrado por una masa de hueso cortical compacto y es apenas visible a lo largo de la superficie externa del centro (Fig. 5f-i).

Fig. 5: Comparaciones de planos de fractura a través de ontogenia en escamados y captorínidos. Las vértebras caudales en la iguana juvenil (ROM R9175) (a-d) tienen planos de fractura que se extienden a través de todo el cuerpo vertebral en sección delgada. Durante la autotomía, estos planos de fractura facilitan una ruptura en el tercio anterior de las vértebras, a través del arco neural y la columna vertebral, para permitir que la vértebra se divida en dos (e). Las iguanas más grandes y mayores (ROM 77408) (f-i) tienen planos de fractura cerrados y muestran una menor frecuencia de autotomía. Las grandes vértebras caudales anteriores de los captorínidos (ROM 73770) (j-m) poseen de forma similar planos de fractura cerrados en la sección delgada. Abreviaturas: cb, hueso cortical; nc, canal neuronal. 

Algunas vértebras caudales captorínidas muestran evidencia externa de un plano de fractura a lo largo de la superficie del cuerpo vertebral, pero el plano no pasa a través de la superficie ventral del hueso en una sección delgada (Fig. 5j-m). La región ventral media del centrum no es lisa, sino que posee una masa de hueso cortical mal organizado y vascularizado, lo que sugiere que, similar a la vértebra caudal más grande de la iguana, puede representar un plano de fractura cerrado.

Funcionamiento del mecanismo de autotomía y de regeneración

Los cortes tafonómicos en una vértebra caudal captorínida (Fig. 3) muestran que los planos de fractura pueden haber servido para propagar una fractura a lo largo de la base del arco neural cuando un depredador agarraba la cola. La fractura progresaría posteriormente a cualquier proceso transversal y al grueso de la espina neural (Fig. 3f). Esto hubiera permitido que un cuerpo vertebral caudal se dividiera en dos mitades desiguales durante la autotomía, incluso cuando los arcos neuronales se fusionaban con el centro. Esta forma de autotomía no habría dado lugar a una ruptura precisa a través de una sola vértebra, pero sin embargo sería efectiva para dejar caer la cola durante un ataque de un depredador.
Hasta la fecha, no hay evidencia que sugiera que los captorínidos pudieron regenerar una parte perdida de su cola.
Las diferencias en tamaño y grado de osificación de la muestra de vértebras autótomas sugieren que la capacidad de autotomizar la base de la cola es común a múltiples especies de captorínidos en la localidad de Richards Spur, y que había variabilidad ontogenética en la retención de la autotomía caudal. Desafortunadamente, la falta de esqueletos caudales completos para estas especies hace que sea difícil identificar qué especies captorínidas exhibieron autotomía caudal. Además, la naturaleza de los rellenos de cavernas y las operaciones de cantera en curso dificultan determinar el contexto estratigráfico de cualquier material recolectado del sitio (MacDougall et al., 2017; Kissel et al., 2002).
Además, este modelo, con el plano de fractura corriendo a través del centro, y luego pasando hacia atrás, hacia la espina neural, parece ser la explicación más parsimoniosa de cómo las vértebras pudieron separarse. Sin embargo, a diferencia de los lagartos, eso significaría que a pesar de dividir el centro por la mitad, todavía habría una conexión entre las zigapófisis de los arcos neurales. Incluso en captorínidos juveniles donde el arco neural no está fusionado con el centro, nuestro modelo requeriría una ruptura adicional entre las zigapófisis de las vértebras adyacentes. Por lo tanto, los captorínidos parecen tener un tipo único de autotomía caudal, una mezcla entre eventos intra e intervertebrales. La mayor parte de la ruptura ocurre a través del cuerpo del cuerpo vertebral caudal, parecido a la autotomía intravertebral, con la ruptura final ocurriendo en algún lugar entre las zigapófisis, posiblemente similar a la autotomía intervertebral.


Para concluir este post, resumimos que existe una amplia variación en las posiciones de los planos de fractura a lo largo o entre cada vértebra, así como en el número y las posiciones de las vértebras autóctonas (Etheridge, 1967; Pratt, 1946). En estos aspectos, los captorínidos fueron más similares a algunas iguanas y a los tuátaras existentes (Seligmann et al., 2008; Clause & Capaldi, 2006).
Muchos captorínidos pudieron soltar porciones significativas de sus colas. La frecuencia de pérdida de cola en los escamosos modernos se correlaciona fuertemente con la distancia de la región autónoma de la cloaca (Zani, 1996), lo que sugiere que el comienzo de la región vertebral autotómica cerca de la base de la cola puede reflejar una alta frecuencia de este comportamiento en poblaciones de captorínidos del Pérmico Temprano.
La autotomía caudal puede haber desempeñado un papel importante en la diversificación temprana de captorínidos, ya que fueron el primer grupo de amniotas en alcanzar una distribución casi global y diversificarse en nuevos nichos ecológicos en el Paleozoico Tardío (Reisz et al., 2011; Ricqlès & Taquet, 1982; LeBlanc et al., 2015; Modesto et al., 2014; Cisneros et al., 2015).

REFERENCIAS


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  2. Arnold, E. N. Evolutionary aspects of tail shedding in lizards and their relatives. J. Nat. Hist. 18, 127–169 (1984).
  3. Seligmann, H., Moravec, J. & Werner, Y. L. Morphological, functional and evolutionary aspects of tail autotomy and regeneration in the ‘living fossil’ Sphenodon (Reptilia: Rhynchocephalia). Biol. J. Linn. Soc. 93, 721–743 (2008).
  4. Bateman, P. W. & Fleming, P. A. To cut a long tail short: a review of lizard caudal autotomy studies carried out over the last 20 years. J. Zool. 277, 1–14 (2009).
  5. Clause, A. R. & Capaldi, E. A. Caudal autotomy and regeneration in lizards. J. Exp. Zoolog. A Comp. Exp. Biol. 305A, 965–973 (2006).
  6. Bely, A. E. & Nyberg, K. G. Evolution of animal regeneration: re-emergence of a field. Trends Ecol. Evol. 25, 161–170 (2010).
  7. Winchester, L. & Bellairs, A. d’A. Aspects of vertebral development in lizards and snakes. J. Zool. 181, 495–525 (1977).
  8. Price, L. I. Autotomy of the Tail in Permian Reptiles. Copeia 1940, 119 (1940).
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  10. Müller, J. & Reisz, R. R. An early captorhinid reptile (Amniota, Eureptilia) from the Upper Carboniferous of Hamilton, Kansas. J. Vertebr. Paleontol. 25, 561–568 (2005).
  11. Reisz, R. R., Liu, J., Li, J.-L. & Müller, J. A new captorhinid reptile, Gansurhinus qingtoushanensis, gen. et sp. nov., from the Permian of China. Naturwissenschaften 98, 435–441 (2011).
  12. Ricqlès, A. de. & Taquet, P. La faune de vertebres de Permien Supérieur du Niger. I. Le captorhinomorphe Moradisaurus grandis(Reptilia, Cotylosauria)–le crane. Ann. Paléontol. 68, 33–63 (1982).
  13. Reisz, R. R., LeBlanc, A. R. H., Sidor, C. A., Scott, D. & May, W. A new captorhinid reptile from the Lower Permian of Oklahoma showing remarkable dental and mandibular convergence with microsaurian tetrapods. Sci. Nat. 102 (2015).
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  16. Modesto, S. P., Lamb, A. J. & Reisz, R. R. The captorhinid reptile Captorhinikos valensis from the lower Permian Vale Formation of Texas, and the evolution of herbivory in eureptiles. J. Vertebr. Paleontol. 34, 291–302 (2014).
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  18. MacDougall, M. J., Tabor, N. J., Woodhead, J., Daoust, A. R. & Reisz, R. R. The unique preservational environment of the Early Permian (Cisuralian) fossiliferous cave deposits of the Richards Spur locality, Oklahoma. Palaeogeogr. Palaeoclimatol. Palaeoecol. 475, 1–11 (2017).
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  22. Cisneros, J. C. et al. New Permian fauna from tropical Gondwana. Nat. Commun. 6, 8676 (2015).

lunes, 9 de junio de 2014

Nuevos restos de Tyrannosaurus sp. hallados en el Maastrichtiense del Parque Nacional Big Bend en West Texas (USA).

Los restos de dinosaurios Tyranosauridos del Maastrichtense del Parque Nacional Big Bend (Texas) son relativamente escasos. Únicamente se han reconocido restos fragmentados de dientes y un fragmento del maxilar izquierdo con la dentición incompleta.
Pero recientemente se ha descubierto una vertebra caudal relativamente bien conservada en la Formación Javelina del Parque Nacional Big Bend que ofrece una buena oportunidad para una nueva discusión sobre la posible aparición de Tyrannosaurus en el oeste de Texas.

Descubrimiento
Lawson (1972) descubrió por primera vez el maxilar izquierdo de un tyrannosaurido en la Formación Javelina del Parque Nacional Big Bend (Fig. 1).

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Figura 1: Maxilar izquierdo de un tyranosaurido descrito por Lawson (1972).TMM 41436-1

Lawson describía el maxilar como "dos tercios" del tamaño de Tyrannosaurus  rex , e  informalmente diagnosticaba este espécimen como la representación de una nueva especie de Tyrannosaurus (T. "vannus") basandose ​​en el tamaño más bien pequeño del maxilar y su relativamente grande segunda fenestra antorbital. También señaló que las proporciones generales del maxilar superior "se parecian más a los de T. rex  de entre todos los Tyranosaurios de América del Norte" (Lawson, 1972).

Vertebra Caudal
TMM 46028-1 es una vértebra caudal anterior de un tamaño relativamente grande de un tyrannosaurido ,compuesta de un centrum completo y un arco neural parcial con zigapófisis intacta y apófisis transversa derecha (Fig. 2). El espécimen fue descubierto in situ dentro de la arenisca de origen fluvial de la  Formación Javelina en la localidad de Willow al suroeste del Parque Nacional Big Bend.

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Figura 2: Vertebra caudal anterior TMM 46028-1 en vista; (A) Posterior, (B) lateral derecha. (C) ventral, (D) dorsal, y (E) anterior; en detalle las suturas neurocentrales (nc).Los asteriscos indican las superficies articulares anteriores.

Contexto Geológico
La Formación Javelina aparece limitada en extensión al Parque Nacional Big Bend (fig. 3). Contiene estratos continentales depositados en una llanura de inundación a varios cientos de kilómetros de la antigua linea de costa del Mar Interior Occidental. Estos sedimentos se depositaron en un medio fluvio-lacustre dentro de una meseta (Lehman, 1985, 1991). En la localidad de Willow al suroeste del Parque Nacional, la Formación Javelina consiste en  intercalaciones de  areniscas de origen fluvial, conglomerados y lutitas de llanuras de inundación con paleosuelos incipientes. La columna estratigráfica de la Formación Javelina en 'Willow' es de 65 metros de espesor (Fig. 3). Esta columna ha sido contrastada con las secciones estratigráficas en Dawson Creek (120 metros de espesor; 13 km al norte), y en la Peña de la montaña (133 metros de espesor; 5 km al nordeste) (Lehman et al, 1991.).; Sin embargo, la mitad inferior de la formación en 'Willow' se trunca por fallas. 
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Figura 3: Mapa del Parque Nacional Big Bend, en el suroeste de Texas que muestra las ubicaciones generales de la columna estratigráfica de los estratos de toba de Grapevine Hills (A; modificado de Wick y Lehman, 2014), y la columna estratigráfica de 'Willow' (B), con ubicaciones generales de columnas estratigráficas en la Peña de Montaña (C), y Dawson Creek (D), y las localidades de los tiranosáuridos identificados en el presente documento; TMM 46028-1 (1), BIBE 45 850 (2), TMM 41436-1 (3), y TL 05-6 (4); la barra vertical gris indica el intervalo estratigráfico estimado en Willow en comparación con la sección de Grapevine Hills.


 Métodos
Las medidas del maxilar TMM 46028-1 fueron tomadas por el autor del artículo en la muestra real. Las medidas de la longitud de la vertebra caudal fueron tomadas de las muestras originales. Las medidas de la superficie articular anterior de RSM P2523.8 fueron tomadas a partir del escaneo láser de los ejemplares originales. Las medidas de MOR 555 fueron extraídas a partir de fotografías digitales a escala. Las medidas de FMNH PR2081 fueron tomadas a partir de replicas de los ejemplares originales. Las medidas de la NMC 8506 fueron reportados por Russell (1970). 

   Descripción
En vista lateral, el centrum de TMM 46028-1 tiene forma de carrete, mide 173 mm de longitud , muy similar en longitud a otros especímenes adultos de Tyrannosaurus Rex. A diferencia de su contrafuerte anteroventral, el centrum exhibe un contrafuerte posteroventral comparativamente más robusto para la fijación de la Chevron. Pequeños  forámenes neurovasculares (1 mm) están situados a lo largo de los lados laterales del centrum. Se observa suturas neurocentrales a lo largo de ambos márgenes dorsales del centrum sin embargo cada uno de ellos esta bien fusionado con el arco neural (Fig. 2).  Hay concavidades anteroventrales y posteroventral poco profundas para la fijación de la articulación anterior y posterior de las superficies de los galones; Sin embargo, la concavidad posteroventral es más pronunciada, y contiene numerosos agujeros neurovasculares pequeños dentro de ella. El centrum es anficélico, sin embargo la concavidad anterior es más profunda. Las superficies de la articulación anterior y posterior son generalmente redondas. Los diámetros de la superficie articular anterior son 147 mm horizontalmente y 141 mm verticalmente. Los diámetros de la superficie posterior de la articulación son 131 mm horizontalmente y 138 mm verticalmente. El borde posterior del centrum está erosionado a lo largo de su margen izquierdo lo que hace que las medidas en este punto pueden ser ligeramente menores que sus verdaderas dimensiones. El centrum de TMM 46028-1 tiene varios agujeros pequeños dentro de una fosa poco profunda en la base del arco pedicelo neural entre la apófisis transversa derecha y prezigapófisis. 
En comparación con las vértebras caudales de otros especímenes de T. rex como FMNH PR2081 (Brochu, 2003), e ilustraciones de AMNH 5027 (Osborn, 1917), TMM 46028-1 se encontraría situada en la parte anterior de la serie vertebral caudal y ocuparía una posición cercana al CA10, 11, o 12.

Discusión
1. Relación con Tyrannosaurus
La vertebra caudal anterior TMM 46028-1 es muy grande e  idéntica en todos los aspectos a lo que correspondería a una vértebra caudal de T. rex, sin embargo, su referencia taxonómica es discutible. Por un lado, existen pruebas convincentes a favor de que T. rex pudo haber sido la única especies de tiranosáuridos  gigantes  del Maastrichtiense tardío del oeste de América del Norte (Carr y Williamson, 2000, 2004; Sampson y Loewen, 2005). Por lo tanto, en este escenario, TMM 46028-1 sólo puede ser referido a T. rex. Por otro lado, los tiranosáuridos de cuerpo grande (Daspletosaurus y Gorgosaurus) han coexistido en otras partes de Norteamérica durante el  Campaniense tardío (Russell, 1970; Currie, 2005), por lo que es posible que TMM 46028-1 pueda no corresponderse con una especie de tiranosáurido. Por otra parte, la coexistencia de un segundo gran taxón  de terópodos con T. rex nunca ha sido probada en otras partes de la cuenca del Interior Occidental  de América del Norte, a pesar de las sugerencias en este sentido (por ejemplo, el Tyrannosaurus "x"; sensu Larson, 2008). Aunque es posible que TMM 46028-1 sea de una especie vecina de Tyrannosaurus originalmente asignado por Lawson (1972). Brochu (2003) sugiere la existencia de un  género gigante de tiranosáuridos "caricortos" en West Texas durante el Maastrichtiense tardío (Carpenter, 1990), aunque parece poco probable.
Por último, aunque los titanosáuridos norteamericanos fueron muy probablemente inmigrantes de América del Sur (Fronimos y Lehman, 2014), un análisis comparativo reveló que TMM 46028-1 no se refiere a un inmigrante abelisáurido (por ejemplo, Méndez, 2014). Dada la evidencia  circunstancial presentada anteriormente, el autor se ve obligado a referirse TMM 41436-1 como un tyrannosaurido indeterminada pero, como Brochu (2003) y Lawson (1972, 1976)especulan, TMM 46028-1 estaría emparentado con Tyrannosaurus rex.

2. Grado de madurez
El centrum de la vertebra caudal se comparó con los correspondientes centros caudales de varios ejemplares adultos de T. rex (FMNH PR2087, RSM P2523.8, BHI 3033, y MOR 555), así como de Daspletosaurus torosus (NMC 8506) y Tarbosaurus bataar (MPC100/61).
Por comparación, TMM 46028-1 es algo más pequeño en proporción al Centrum de RSM P2523.8 y FMNH PR2081. Sin embargo, las dimensiones son muy similares a los de MOR 555 que, aunque todavía de crecimiento lento, se determinó histológicamente haber llegado a la edad adulta (Horner y Padian, 2004). TMM 46028-1 es un poco más grande en comparación con las dimensiones centrum de BHI 3033 que se determinó que era de masa y de edad comparable con MOR 555 (Hutchison et al., 2011). TMM 46028-1 es significativamente más grande que los centrum correspondientes  de NMC 8506 y MPC 100/61. Como FMNH PR2081 representa una muestra de un individuo totalmente maduro de T. rex, (Brochu, 2003;. Erickson et al, 2004), TMM 46028-1se ha considerado que pertenezca probablemente a un adulto joven de Tyrannosaurus.

3. Paleobiogeografía.
Carr y Williamson (2000) argumentaron que la presencia ubicua de T. rex en toda la Cuenca Interior Occidental de América del Norte correspondía con la existencia de distintas provincias faunísticas paleobiogeográficas en el Maastrichtiense (Sloan, 1970; Lehman, 1997, 2001). Sin embargo, Alamosaurus no se encuentra al norte de Utah y el Triceratops no se encuentra en el Oeste de Texas o Nuevo México, donde por ejemplo si se encuentra Torosaurus. El reciente descubrimiento de un nuevo gran Chasmosaurine de la Formación Javelina (Wick y Lehman, 2013) también apoya la existencia de distintas provincias faunísticas ceratopsidas en el norte y sur durante el  Maastrichtiense. Una disparidad biogeográfica similar existe también entre los hadrosaurios (Lehman y Wick en prep.). Al parecer, las grandes especies de dinosaurios herbívoros estaban adaptados a distintos biomas en función de las preferencias del forraje o, probablemente por la competencia con otros grandes herbívoros (Lehman, 2001). Sin embargo, sin competencia aparente, Tyrannosaurus se convirtió en un generalista ecológico que varió en los diversos ambientes de todo el Maastrichtiense tardío de la Cuenca Interior Occidental siempre que las especies presa estuvieran presentes; su amplia dispersión está vinculada con la retirada de la franja costera de la Cuenca Interior Occidental (Sampson y Loewen, 2005; Happ, 2008;. Carbone et al, 2010; DePalma et al, 2013.; Loewen et al., 2013).

4. Coexistencia con Alamosaurus.
Sampson y Loewen (2005) informaron de la coexistencia de Tyrannosaurus rex y Alamosaurus sanjuanensis en la formación Cuerno Norte Utah. Sus conclusiones se basan en datos estratigráficos que indicaban que los restos de Alamosaurus se encontraban muy cerca de los de Tyrannosaurus rex (UMNH 11000). Ellos interpretaron estos datos como prueba de la coexistencia de estos taxones (Sampson y Loewen, 2005;. Wiersma et al, 2012).

5. Rango temporal de los tiranosáuridos
El Maastrichtiense del Parque Nacional Big Benden (Texas) ha sido datado mediante métodos radiométricos utilizando como muestra una toba del estrato de la Formación Javelina cerca de Grapevine Hills. La medición estimó que la edad del afloramiento era de 69 millones de años (Lehman et al., 2006). En este punto, la Formación Javelina presenta 125 m de espesor, comparable con secciones medidas descritas anteriormente para Dawson Creek y Peña Mountain. El estrato de toba de Grapevine Hills está situado a unos 60 m por encima de la base de la Formación Javelina y generalmente indica que la porción media de la formación se extiende por el límite Edmontoniane Lanciano. Así, en Willow, la posición estratigráfica de TMM 46028-1 se estima que puede estar justo por encima de la Formación Javelina (fig. 3). Esta posición estratigráfica provisional sugiere que TMM 46028-1 representa posiblemente una de las apariciones más tempranas conocidas de un tyrannosaurido gigante en el norte de América (68 Ma). Si TMM 46028-1 es de Tyrannosaurus, como se especulaba anteriormente, indicaría que la aparición de Tyrannosaurus se produjo en un paleobioma costero en Montana y que se produjo casi al mismo tiempo en un paleobioma distinto en una cuenca de tierras altas en el oeste de Texas. Por lo tanto, es posible que Tyrannosaurus existiera durante intervalos temporales más o menos equivalentes en paleobiomas dispares en ambos finales de los reinos de la fauna del Maastrichtiense del norte y sur de América del Norte. Futuros descubrimientos de fósiles de tiranosaurios y/o depósitos piroclásticos para datar mejor la Formación Javelina pueden ayudar a aclarar esta afirmación.

Referencias
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