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miércoles, 4 de mayo de 2016

Extraordinaria preservación de microestructuras óseas fósiles de "Triceratops horridus".

Se ha observado una extraordinaria preservación de células y tejidos microscópicos (vasos sanguíneos, osteocitos y fibras óseas) procedentes de muestras de dinosaurios de la especie Triceratops horridus encontradas en el yacimiento de Hell Creek, Montana (EEUU). Esta sobresaliente preservación ha desencadenado una fuerte controversia en la comunidad científica.

Figura 1. Triceratops horridus. Fuente: Lucifer Monzala.
Preservation of Triceratops horridus Tissue Cells from the Hell Creek Formation, MT.
Mark H. Armitage 
Electron Microscopy Laboratory, Micro Specialist, 587e North Ventu Park Road, STE 304, Thousand Oaks, CA 91320 micromark@juno.com (requested article to author)

De la misma manera que en las anteriores entradas, este artículo continuará los estudios y hallazgos que están llevando a cabo investigadores científicos de todas partes del mundo para entender un poquito mejor el mundo de la preservación fósil microscópica. En este artículo seguiremos el estudio que realizó Mark H. Armitage, publicado a principios de este año.
Durante los últimos 50 años, vasos sanguíneos, bandas de colágeno, células intactas, óseas (osteocitos), y otras microestructuras han sido observadas e ilustradas de varias especies distintas de dinosaurios, incluyendo Tyrannosaurus rex y Triceratops horridus .
Figura 2. Porción ósea, blanda, fibrosa y flexible del cuerno de
Triceratops horridus. Se observan osteocitos, señalados con flechas.
Fuente: Mark H. Armitage.
En 2012, Mark H. Armitage recogió un cuerno supraorbital y una costilla de la especie Triceratops horridus del yacimiento de Hell Creek, en Glandive, Montana (EEUU). Este cuerno mostraba blandas láminas de fibras óseas y estructuras parecidas a células (1). De la misma manera, la costilla contenía vasos sanguíneos y microestructuras rojas que se correspondían con células sanguíneas.  Se observaba la extraordinaria preservación de los osteocitos individuales encapsulados dentro de una lámina flexible del cuerno del individuo.
Las muestras tenían un tamaño semejante al de una mano, y en ellas se observaron microestructuras a partir del microscopio VESEM (Variabale-pressure Scanning Electron Microscopy). Las observaciones con el microscopio se llevaron a cabo en laboratorio a partir de una costosa y previa preparación que duró aproximadamente cuatro semanas.
Tras las observaciones con el microscopio VESEM se obtuvieron los siguientes resultados:
·         En cuanto a las fibras óseas, como se muestra en la Figura 2, se observaron microestructuras blandas de células óseas (osteocitos) dispuestas en láminas.
·         En relación a los vasos sanguíneos, se han observado, en la muestra de la costilla de Triceratops, gran cantidad de vasos sanguíneos blandos que se extendían a lo largo de muchos canales del sistema de Havers (Haversian system u osteón) en la costilla fracturada. Es en la superficie de estos vasos sanguíneos donde se han encontrado las células óseas (osteocitos), vislumbradas como puntos negros (Figura 3).
·         Las células óseas (osteocitos) se observan en la superficie externa de los vasos sanguíneos como microestructuras blandas, de morfología sub-elipsoidal, y presentando gran cantidad de filopodios, emergentes de cada pared externa osteocítica, y que sirven como nexos entre el conjunto de estas células óseas (Figura 4).
Figura 3. Numerosos osteocitos en la superficie de un vaso
 sanguíneo. Fuente: Mark H. Armitage.
Algunos autores como MH Schweitzer únicamente aportan la idea de que la extraordinaria preservación de microestructuras ultradelicadas como los filopodios o las células óseas es debida simplemente a que se han sobrepasado los límites de una típica y cotidiana preservación molecular a lo largo de millones de años (2). Sin embargo, Mark H. Armitage considera que la razón va más allá de esa simple y banal observación .
Parece razonable afirmar que la extraordinaria preservación de los blandos vasos sanguíneos de muestras de fémur de dinosaurios, encontradas en otro yacimiento, se debe al fuerte aislamiento que sufrieron estas microestructuras con el exterior, y la actividad de descomposición biológica que ello conlleva, debido a la fuerte encapsulación de estos tejidos dentro de un hueso de tipo compacto. Sin embargo, dentro del cuerno del Triceratops, como éste estaba compuesto de gran cantidad de tejidos vasculares, no fue posible ese fuerte aislamiento de los vasos sanguíneos, debido a que los tejidos estaban  expuestos abiertamente a condiciones subaéreas, así como el aire, el agua, animales carroñeros, minerales y sales disueltas, y a los ciclos de congelación-descongelación y fuerte calor que azotan la región de Montana. A pesar de todas estas condiciones adversas que dificultan gravemente la preservación de estas microestructuras, la preservación de los vasos sanguíneos en el cuerno de Triceratops sigue siendo sobresaliente. Es más, incluso observándose raíces de plantas, hifas de hongos y restos de insectos, las láminas fibrosas óseas de vasos sanguíneos y los osteocitos siguen preservándose de una manera muy extraordinaria.
Figura 4. Osteocito aislado del cuerno de T. horridus dispuesto en una perforación
ósea. Se observan claramente los filopodios, que actúan como nexos intercelulares. Fuente: Mark H. Armitage.

Debido a este altísimo grado de preservación bajo condiciones poco propensas, los descubrimientos acerca de estas microestructuras fosilizadas como los osteocitos o los vasos sanguíneos han dado cabida a la controversia.
Una hipótesis llevada a cabo en cuanto a la paranormal preservación de estos tejidos blandos defiende que no se trata de tejidos endógenos propios del hueso de Triceratops, sino de películas bacterianas que retienen gran parte de la morfología original de los osteocitos y filopodios de los huesos de dinosaurios (3). Sin embargo, tiempo después se demostró que los osteocitos de otras muestras de dinosaurios contenían proteínas  no pertenecientes a bacterias o películas bacterianas, así como la actina, tubulina o histona H4, por lo que se descartó esta teoría.
Por otro lado, hemos estudiado también muestras óseas de dinosaurios descalcificadas, y hemos observado que muestran aun un mayor grado de preservación estructural (mayor que el anteriormente mencionado)(4,1,5,6). Las superficies descubiertas de estos huesos muestran perforaciones óseas, extensos filopodios y agregados de colágeno (figura 4 y 5).
Figura 5. Filopodios. Los delicados extremos de los filopodios indican el alto grado de
preservación que exhiben. Fuente: Mark H. Armitage.
La figura 6 muestra células que estaban completamente aisladas de las fibras óseas. En trabajos futuros se espera que las células individuales como los osteocitos puedan ser examinadas bajo un microscopio inmunohistoquímico para detectar la presencia de proteínas endógenas.

En conclusión, las teorías acerca de las impresiones de las microestructuras óseas de los dinosaurios sobre películas bacterianas han sido descartadas, y la identificación de proteínas intracelulares e intranucleares ha sido verificada a partir de la demostración de que son tejidos endógenos de dinosaurios (6). Como consecuencia, las afirmaciones acerca de si estos tejidos de dinosaurios son originales comienzan a ser cuestionables.

Figura 6. Osteocitos aislados y descalcificados.
Fuente: Mark H. Armitage.
Los tejidos originales blandos de los dinosaurios muestran, a partir de este estudio, un altísimo grado de preservación, a pesar de las condiciones biológicas y ambientales asociadas al enterramiento, que es lo que impresiona a la comunidad científica. No obstante, la controvertida naturaleza de estos descubrimientos necesita del estudio de otras  muestras de dinosaurios en que también se preserven magníficamente estas microestructuras.

REFERENCIAS:
(1) MH Armitage and KL Anderson, Act Histo 115 (2013) 603-608.
(2) MH Schweitzer et al., Proc Royal Sci B 281 (2014) 3-10.
(3)  TG Kaye et al., PLoS One 3(7) (e2008).
(4)  R Pawlicki and M Nowogrodzka-Zagorska, Ann Anat 180 (1998) 73-77.
(5) MH Schweitzer et al., Science 307 (2005) 1952-55.
(6) MH Schweitzer et al., Science 324 (2009) 626-31. 



domingo, 8 de marzo de 2015

Solemididae: "Las tortugas del sol, ya extintas, pero siempre en nuestros caparazones"

Preámbulo
Los quelonios, o más comúnmente conocidos como tortugas (Figura 1), forman el orden Testudines, dentro de la clase Sauropsida. Este orden fue clasificado por el conocido científico y naturalista sueco Carl Nilsson Linæus en 1758.
Figura 1. Cría de tortuga
Los testudinos están caracterizados por la presencia de un caparazón formado por placas o escudos  que tiene como función proteger los órganos internos.

Uno de los rasgos que les hace especiales es que son los únicos representantes vivos que presentan un cráneo anápsido, es decir, no presentan aberturas o fosas temporales en la bóveda craneal.

La siguiente entrada se centra en el estudio de los caparazones de las especies pertenecientes al grupo Solemididae mediante el análisis de detalles internos y microestructurales así como de su ambiente paleoecológico. Este grupo no es especialmente conocido  a pesar de su gran distribución espacial y temporal, de la que se hablará a continuación. 

Artículo: Scheyer, T. M., Pérez-García A. & Murelaga, X. (2015). Shell bone histology of solemydid turtles (stem Testudines): palaeoecological implications. Organisms Diversity & Evolution, 15pp 199-212.

Introducción
La familia Solemididae se encuentra clasificada dentro del suborden Cryptodira (Lapparent de Broin y Murelaga) distribuidos en su totalidad por Norteamérica y Europa y con edades que abarcan desde el Titoniano, en el Jurásico Superior,  hasta el Maastrichtiano, en el Cretácico Superior (Joyce et al. 2011; Pérez-García et al. 2013). Esto lleva a pensar que existió un vínculo entre la fauna de ambos continentes a principios del Cretácico (Hirayama et al. 2000)

Una de las características que hace únicos a los individuos pertenecientes a esta familia es la presencia de ornamentación integrada y esculpida en su caparazón destacando así la formación de tuberosidades, es decir, abultamientos en los extremos de distintos tamaños además de rugosidades aisladas o en forma anastomosada.

En cuanto a la paleocología de estas tortugas, se han presentado diversas hipótesis sobre su hábitat principal, planteándose un estilo de vida sub-acuático o terrestre.

Métodos y materiales
El estudio histológico sobre los caparazones de la familia Solemididae se ha llevado a cabo a partir de las muestras fósiles (Figura 2 y 3) de:
  •          Siete muestras de Solemys vermiculata Lapparent de Broin y Murelaga, 1996 procedentes de Laño (Burgos, España)
  •          Cinco muestras de Solemys sp. Procedentes de Armuña (Segovia, España)
  •          Seis muestras de Helochelydra sp. Procedentes de Arcillas de Morella (Castellón, España) y Camarillas (Teruel, España)
  •          Nueve muestras de Naomichelys sp. Procedentes de Alberta (Canada) y Texas (Estados Unidos)
  •          Un individuo de Plastremys lata Owen in Parkinson, 1881 sensu Joyce et al. (2011; =‘Trachydermochelys phlyctaenus’ of Seeley 1869) del cual solo se tiene un fragmento de su caparazón, procedente de Cambridge Greensand (Cambride, UK)
Figura 2. Algunas muestras de Solemididae. A) Fragmento costal de Solemys vermiculata; B) Fragmento costal de Solemys sp.; C) y D) Sistema nervioso periférico de Naomichelys sp.; E) Sistema nervioso periférico de Helochelydra sp.; F) Fragmento del plastón de  Helochelydra sp.; G) Fragmento costal de Plastremys lata.

Figura 3. Distribución geográfica de las muestras
Resultados
1. Solemys vermiculata y Solemys sp. Procedentes del Cretácico Superior de Laño (Burgos) y Armuña (Segovia)
Las muestras de ambas especies presentan una estructura diploe enmarcada por una corteza interna y otra externa que conforman el caparazón. El grosor de ambas es aproximadamente igual en algunos individuos mientras que disminuye en otros.

El córtex externo se compone por una zona más externa, una zona ornamentada y una zona más interna. La más externa está formada por fibras óseas dispuestas paralelamente que pasan gradualmente a ser laminadas y bañadas por canales vasculares primarios.
La zona ornamentada está caracterizada por valles y protuberancias con marcas de crecimientos que se extienden paralelamente hacia la zona más externa.
La zona más interna está compuesta por entretejidos estructurales fibrosos que están vasculados por canales principales. Las marcas de crecimiento son menos visibles en esta zona. Se produce un cambio gradual hacia el hueso esponjoso visible por el aumento de las cavidades secundarias erosionadas.
En varias muestras el hueso esponjoso está restringido a mallas trabeculares dispuestas en las zonas del núcleo interno más gruesas que contienen los huesos del caparazón .
En las muestras gruesas este hueso es más externo, y en el caso de la placa neural casi llega a la superficie interna del hueso.
Los huesos trabeculares son cortos y gruesos mientras que los espacios intertrabeculares son redondos u ovoideos.

El córtex interno está formado por fibras óseas paralelas y  fibras de Sharpey insertadas en el tejido cortical. El paso entre el interior del núcleo  y la corteza externa puede producirse por la invasión del tejido cortical por parte de osteonas secundarias de gran tamaño o por una transición gradual en la que casi toda la corteza se ve permeabilizada por osteonas secundarias o cavidades erosionadas.
La zona de sutura es extensa, con un fuerte relieve compuesto por alargadas espigas y glenas. La placa periférica está compuesta por una profunda glena que tiene como función alojar el extremo distal de la costilla de la placa costal asociada.

En la siguiente imagen (Figura 4) se puede visualizar las distintas secciones que presentan las muestras y de las que se ha hablado en los párrafos anteriores.
Figura 4. Secciones delgadas de soleminidos con luz transmitida (izquierda) y luz polarizada (derecha): A) Fragmento costal de Solemys vermiculata; B) Fragmento costal de Solemys sp. C) Fragmento costal de Solemys sp. Leyenda: CB (Hueso esponjoso); ECO (Córtex externo); ICO (Córtex interno); ISF (Fibras estructurales entrelazadas); PFB (Hueso paralelo fibroso)

2. Solemydidae aff. Helochelydra sp. Procedente del Cretácico Inferior de Arcillas de Morella (Castellón) y Camarrillas (Teruel)
Los huesos ejemplos (Figura 5) de ambas localizaciones presentan una estructura diploe enmarcada por capas óseas corticales.

El córtex externo se ve dividido en una zona externa ornamentada con fibras dispuestas paralelamente y una delgada zona interna en la cual los haces de fibras forman entramados.
Su zona interna está compuesta por canales de vasos sanguíneos primarios dispuestos de forma ordenada y reticular. Su zona externa está menos vascularizada.
Los huesos trabeculares son secundarios  y dispuestos de forma laminar.

El córtex interno está compuesto por un hueso fibroso paralelo que cambia gradualmente a laminar. El tejido óseo se compone por canales vasculares simples.
En el caso del fragmento plastal se pueden observar, en el interior del hueso esponjoso, sucesivas remodelaciones del hueso compacto hacia una red trabecular.

Figura 5. Secciones delgadas de Solemydidae aff. Helochelydra sp. A)  Córtex externo y hueso esponjoso interno del fragmento costal (en luz transmitida). B)  Córtex externo y hueso esponjoso del fragmento plastral. C) Córtex interno del fragmento plastral (luz transmitida-izquierda y luz polarizada-derecha). 

3. Solemydidae aff. Naomichelys sp. procedente del Cretácico de Norteamérica. 
Las muestras (Figura 6) comparten una estructura diploe y cortezas de grosor similar. 
El córtex externo está formado por una zona superficial ornamentada compuesta por un hueso de fibras paralelas y por una zona gruesa más interna formada por un entretejido estructural fibroso.  Entre ambas zona se puede observar la ornamentación columnar.
La zona más externa presenta canales vasculares aislados mientras que la zona interna está formada por canales vasculares primarios cortos y dispersos y osteonas primarias.
Las columnas ornamentadas tienen un crecimiento concéntrico. Las primeras capas del hueso fibroso se encuentran entre estas columnas o adyacentes a ellas.
 Ambos continúan creciendo  hacia el exterior hasta que las columnas alcanzan su diámetro máximo. En el margen de las columnas se desarrolla una fuerte zona de flexión donde el tejido óseo de las columnas y de áreas adyacentes se encuentran.
Esta zona también marcas de crecimiento cíclico, las cuales al principio son muy espaciadas pero van disminuyendo la distancia debido al continuo crecimiento.

El hueso esponjoso, largo y fino, se dispone irregularmente formado por trabéculas esbeltas y con espacios vasculares en el interior. Las osteonas secundarias están desarrolladas en todo el hueso. La malla trabecular es primaria aunque algunas zonas ha sido remodeladas.

El córtex interno está formado por un hueso fibroso paralelo que pasa gradualmente a ser laminado. Algunas muestras presentan fibras de Sharpey pero son más numerosas próximas a la costilla del fragmento costal.
El tejido óseo varía en grosor en ambas muestras y presentan una malla regular fibrosa de forma transversal y longitudinal. Estas fibras están delimitadas por líneas brillantes.
El sistema vascular es escaso, con un canal primario o una osteona secundaria aislada.

Figura 6. Secciones delgadas de Solemydidae aff. Naomichelys sp. A) Fragmento periférico; B) Osículo dérmico; C)Fragmento de caparazón; D) Córtex externo y ornamentación del fragmento periférico;  E) Córtex externo y ornamentación en el fragmento de caparazón; F) Hueso esponjoso en el fragmento de caparazón; G) Hueso esponjoso y córtex interno en el fragmento de caparazón; H) e I) Hueso cortical del osículo dérmico. Leyenda:  LB (Hueso laminar), IsFB (Haces de fibras seccionadas longitudinalmente), OP (Patrón de ornamentación), trFB (Haces de fibras seccionadas transversalmente)

4. Plastremys lata procedente del Cretácico Inferior de Reino Unido. (Figura 7)
El fragmento costal muestra una estructura diploe compacta y un buen desarrollo del córtex tanto interno como externo, que comparten un grosor similar.

La zona más externa del córtex externo no presenta detalles microestructurales aunque se pueden distinguir la presencia de espacios que fueron ocupados por vasos sanguíneos.
Más hacia el interior se distinguen bordes ondulados, en donde la  matriz y las microestructuras del hueso se muestras intactas. El córtex, en especial la zona más ornamentada del caparazón, está formado por una matriz de haces fibrosos entretejidos. Está vasculizado mediante osteonas primarias.

En cuanto al hueso esponjoso, los espacios vasculares son pequeños, redondos u ovalados, alineados con el hueso laminar y separados por el hueso intersticial primario.

El córtex interno está compuesto por el hueso fibroso paralelo, con canales vasculares y osteonas primarias simples. Las fibras de la matriz están seccionadas transversalmente.

Figura 7. Secciones delgadas de Plastremys lata. A) Fragmento costal; B) Parte central de la sección; C) Córtex externo que muestra alteración del tejido óseo; D) Córtex interno constituido por el hueso fibroso paralelo.

Discusión
Los caparazones de los solemídidos difieren de otras familias, y entre ellos mismos, por la forma y el patrón de la ornamentación (Scheyer y Anquetin 2008). Todas comparten una estructura diploe, aunque carecen del contrachapado que presentan otras familias (Scheyer et al. 2007)

Los caparazones de Solemididae presentan una corteza interna y una externa similares en grosor en la mayoría de las muestras, aunque en la especie Solemys en alguna muestra el córtex interno se ve reducido.

La zona más externa de ambas cortezas está formada por un hueso fibroso paralelo y con una superficie ornamentada. Esta ornamentación también se visualiza en las secciones más delgadas.
Además, todas las muestras presentan una separación clara entre dos zonas (externa e interna) que componen el córtex externo.

También se distinguen ornamentación en forma de valles y bajos salientes, aunque en la especie Naomichelys se presenta como columnas transversales sobre una matriz fibrosa paralela. Algunas muestras de esta especie además presentan paquetes fibrosos irregulares formados naturalmente.

Gracias a las características histológicas que aportan las muestras las especies pueden clasificarse en distintas edades geológicas.

Paleoecología
Como ya se comentó en la introducción, existen varias hipótesis sobre el hábitat en el que se desarrollaros los solemídidos.

Scheyer and Sander (2007) defienden un hábitat terrestre basándose en las características de la especie Naomichelys nombradas anteriormente.
Joyce et al. (2011) se apoyan en la presencia de extremidades cubiertas por osteodermos , las cuales están presentes comúnmente en tortugas terrestres y en muestras fósiles de especies que habitaron en estas zonas.  
Por otro lado,  Marmi et al. (2009) proponen una vida en aguas superficiales a partir del análisis de Solemys sp. y su ambiente de sedimentación (calizas de depósito de baja energía). Además, los restos de esta especie también vienen acompañados de moluscos, ostrácodos salobres, trazas de dinosaurios y plantas terrestres aportando así evidencias sobre la influencia terrestre y acuática.

Además, añaden que esta especie presenta el córtex interno vascularizado en su totalidad, algo raro y ausente en las especies terrestres.
Marmi et al. (2009) realizan una crítica sobre el análisis de Scheyer y Sander (2007) ya que solo utiliza una especie terrestre (Geochelone pardalis) para su defensa del hábitat terrestre mediante el análisis histológico. En el estudio se tomó un género (Cuora y Terrapene) como terrestre cuando algunas especies eran acuáticas. En este caso, Scheyer et al. opinan que esto podría deberse a su ecología o específico del género.
Por ello, consideran que los estudios histológicos y taxonómico-sedimentológicos realizados para determinar la forma de vida de la especie se contradicen, teniendo mayor peso el segundo.

Scheyer et at. (2014) consideran que la hipótesis de un ambiente sub-acuático planteada por Marmi et al. (2009) no se sustentan con ninguna prueba disponible ya que el análisis llevado a cabo de las muestras de la Mina Esquirol no es compatible con el estilo de vida acuático.

Además, los estudios realizados en Laño apoyan la hipótesis de un ambiente terrestre ya que se trata de un sistema de deposición aluvial que habría afectado a los restos fósiles alóctonos a través de la abrasión y erosión (debido al transporte).

Conclusiones
Figura 8. Tortuga 
En resumen, los solemídidos presentan un caparazón con un gran desarrollo del diploe, una superficie ornamentada, situada en la zona más externa del cortex externo,  formada por tuberosidades o valles que les hace característicos.

Cada especie tiene alguna característica específica que permite clasificar las muestras, independientemente de su tamaño, a través de los análisis taxonómicos e histológicos.

Finalmente, ello también demuestra la forma de vida terrestre de esta familia apoyándose en la hipótesis de  que la mayoría de las tortugas tienen preferencias hacia este hábitat.

Bibliografía
  • Anquetin, J. (2012). Reassessment of the phylogenetic interrelationships of basal turtles (Testudinata). Journal of Systematic Palaeontology, 10, 3–45.
  • Hirayama, R., Brinkman, D. B., & Danilov, I. G. (2000). Distribution and biogeography of non-marine Cretaceous turtles. Russian Journal of Herpetology, 7(3), 181–198.
  • Joyce, W. G., Chapman, S. D., Moody, R. T. J., & Walker, C. A. (2011). The skull of the solemydid turtle Helochelydra nopcsai from the Early Cretaceous of the isle of Wight (UK) and a review of Solemydidae. Special Papers in Palaeontology, 86, 75–97.
  • Joyce, W. G., Sterli, J., Chapman S. D. (2014). The skeletal morphology of the solemydid turtle Naomichelys speciose from the Early Cretaceous of Texas. Journal of Paleontology, 88(6), 2014, p. 1257-1287.
  • Marmi, J., Vila, B., & Galobart, A. (2009). Solemys (Chelonii, Solemydidae) remains from the Maastrichtian of Pyrenees: evidence for a semi-aquatic lifestyle. Cretaceous Research, 30(5), 1307– 1312.
  • Murelaga, X., Pereda Suberbiola, H., Astibia & Lapparent de Broin, F. (1998).  Primeros datos sobre los quelonios del  Cretácico Superior de Lleida. Geogaceta, 24. 
  • Murelaga, X., García-Garmilla, P. y Pereda-Suberbiola, X. (2005): Primeros restos de vertebrados de Cretácico Superior de Quecedo de Valdivielso. Geogaceta, 37: 195-198. 
  • Scheyer, T. M., & Anquetin, J. (2008). Bone histology of the Middle Jurassic turtle shell remains from Kirtlington, Oxfordshire, England. Lethaia, 41(1), 85–96. 
  • Scheyer, T. M., & Sander, P. M. (2007). Shell bone histology indicates terrestrial palaeoecology of basal turtles. Proceedings of the Royal Society of London B, 274(1620), 1885–1893.
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