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jueves, 4 de abril de 2019

Osteosarcoma en fósil de un antepasado de las tortugas

¡Hola de nuevo curios@s!
Aquí estoy, un día más, para hablaros de otro reptil. En esta, mi tercera entrada, os expongo el descubrimiento de un osteosarcoma (tumor maligno) en los huesos de un pariente de las actuales tortugas. 

Inicio mi búsqueda con el artículo de la revista Science News por Aimee Cunningham: A rare, ancient case of bone cancer has been found in a turtle ancestor Science News, Vol. 195, No. 5, March 16, 2019, p. 5 para hacerme una idea, aunque el artículo original de los investigadores es el siguiente: Yara Haridy et al. Triassic Cancer—Osteosarcoma in a 240-Million-Year-Old Stem-TurtleJAMA Oncology (2019). DOI: 10.1001/jamaoncol.2018.6766
Lamentablemente, a pesar de registrarme y buscar como ver el artículo completo, no me ha servido de nada, así que he tenido que buscar en otros medios para hallar más información, aquí dejo el tercer artículo que he visitado: Bob Yirka: Bone cancer found in 240-million-year-old stem-turtle fossil , https://phys.org/  Februrary 8, 2019. 


Pappochelys rosinae


Como ya he comentado con anterioridad, se ha encontrado un fósil de un ancestro de las tortugas del período Triásico (Primera etapa de la Era Mesozoica y que precede al Jurásico. Se inicia hace 251Ma (Millones de años) y termina hace 201Ma). 
Este fósil de hace más de 240 Ma parece ser el caso más antiguo conocido de cáncer en en amniotas (mamíferos, aves y reptiles). Como se puede apreciar en el artículo, el fósil de una de las extremidades posteriores de Pappochelys rosinae, tortuga que carecía de caparazón, fue encontrado en 2013 en el SO (Sudoeste) de Alemania. Paleontólogos y médicos analizaron el hueso mediante la realización de un T.A.C. (Tomografía computerizada), muy útil ya que aporta una visión tridimensional y detallada de cualquier cosa que queramos analizar ya que podemos hacer cortes sagitales (izquierda-derecha), axiales (zona superior-inferior) o coronales (anterior-posterior) de la muestra mediante un PC. 

CÁNCER DE HUESO. Un equipo de paleontólogos y médicos descubrió que un fémur fosilizado de Pappochelys rosinae (vista frontal que se muestra con una imagen de TAC) tenía un osteosarcoma perióstico (cáncer óseo maligno).

Según las propias palabras de Haridy, paleontóloga en el Museum für Naturkunde de Berlín: "Cuando vimos que esto no era una ruptura o una infección, comenzamos a observar otras enfermedades que causan el crecimiento. ¿El veredicto? Osteosarcoma perióstico, un tumor óseo maligno. Se parece casi de forma exacta al osteosarcoma perióstico humano". Añade: "Es casi obvio que los animales antiguos tendrían cáncer, pero es muy raro que encontremos evidencia de ello. El descubrimiento de este tumor proveniente del Triásico ofrece evidencias de que el cáncer es una vulnerabilidad a la mutación profundamente enraizada en nuestro ADN". La muestra de estudio fue encontrada junto con otras 20 similares en una cantera cercana a la ciudad Alemana de Velberg. Se observó que uno de los huesos, un fémur, tenía una gran protuberancia anormal, tras varias hipótesis e investigación, se descubrió que era un osteosarcoma. Las evidencias de cáncer en fósiles es realmente extraña, ya que solo se encuentran, en la mayoría de los casos, en tejidos blandos. También comentar que el tipo de cáncer encontrado es uno de los más extraños, dándose aproximadamente de 800 a 900 casos en humanos en Estados Unidos, de modo que el haber encontrado este tipo de cáncer en un fósil lo hace realmente especial (al fósil, claro está).
El cáncer en humanos normalmente está asociado a cambios genéticos y ambientales, por lo que es probable que en animales los orígenes sean los mismos.


Imagen más concreta de la localización del osteosarcoma de Pappochelys rosinae.


Este descubrimiento fue posible gracias a la ciencia de la Paleopatología, ciencia que estudia las enfermedades antiguas, gracias a la cual hoy en día entendemos la evolución de los patógenos, sistemas inmunitarios, fisiología de la curación y muchos aspectos del medio ambiente. Esta investigación se centró en la prevalencia del cáncer en diversos organismos, descubriéndose que en algunos casos, algunos animales eran más propensos a sufrirlo, mientras otros eran inmunes.

Y bueno, aunque esta entrada me parece que ha sido más breve que las de otras veces... espero que aún así os haya parecido interesante. Siento no poder aportar mucha más información al respecto, espero que con el tiempo descubramos más acerca de este curioso caso. Por lo pronto, os dejo un artículo de la revista National Geographic dónde además de hablar sobre Pappochelys rosinae, entremezcla un poco también los orígenes del cáncer en humanos.


Con esto ya me despido, hasta la última entrada, que ya será una puesta en común de esta y las anteriores y dónde expondré mis motivos de por qué he decidido hablar de E. carrolldongi (¿Ornitorrincos en el Triásico? Pues...¡si!), O.pabsti (Pasito a pasito...) y P. rosinae. ¡Nos leemos!


Pappochelys rosinae os dice: ¡Hasta otra!

REFERENCIAS:


domingo, 10 de marzo de 2019

De descubrimiento en descubrimiento


Bienvenidos de nuevo al lugar donde seguir satisfaciendo vuestra curiosidad. Hoy, como habréis podido deducir por el (nada revelador) título, os voy a contar acerca de animales que ahora mismo no nos creeríamos que llegaron a existir alguna vez, pues se trata de una especie nueva. En mi último post os hablé de una especie reptil nueva encontrada en Argentina, América. Esta vez nos movemos geográficamente a un continente distinto: Europa. Los restos fósiles de esta nueva especie, denominada Ophisaurus manchenioi, han sido encontrados en Abanilla, localizada en la Región de Murcia, España (Europa).

Esta especie recibe su nombre “Ophisaurus” de su pertenencia a dicho género y “manchenioi” del paleontólogo de la Universidad de Murcia, Miguel Ángel Mancheño, pues el hallazgo ha sido dedicado a él. Los restos fósiles encontrados en los yacimientos de Quibas, en el municipio de Abanilla de la Región de Murcia han sido un maxilar, tres mandíbulas, dos parietales, vértebras y un osteodermo. Este último queda definido como la placa ósea que se encuentra en la piel o escama de los animales. Los parietales han sido las piezas que han permitido a los paleontólogos diferenciar esta especie de otras del mismo género.





Figura 1. Restos fósiles de la mandíbula o dentario izquierdo de la especie Ophisaurus manchenioi, encontrada en Abanilla. Foto tomada por el Instituto Catalán dePaleoecología Humana y Evolución Social (IPHES)





Figura 2. Restos fósiles de la vértebra dorsal perteneciente a la especie Ophisaurus manchenioi, encontrada en Abanilla, Murcia. Foto tomada por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES)

Este hallazgo lo ha llevado a cabo el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) en colaboración con el Museo Nacional de Historia Natural de París (MNHN), y han publicado sus resultados en la revista "Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology". Dicho artículo actualmente se encuentra disponible digitalmente y no lo encontraremos en papel hasta abril de este año 2019, donde se dispondrá en el volumen 520 de la revista, en las páginas 96-113.

Esta nueva especie, caracterizada como un lagarto desarticulado de 40 centímetros de longitud de la familia Anguidae, se ubica temporalmente en la transición del Pleistoceno Temprano-Medio de la Sierra de Quibas. El Pleistoceno es una época dentro del periodo del Cuaternario en la Era del Cenozoico, que tuvo lugar desde hace 2,59 millones de años hasta hace 10.000 años. Fue definido por el tamaño de las especies de moluscos y crustáceos aún vivos y estaba caracterizado por sistemas glaciares.

La especie Ophisaurus sigue existiendo actualmente en zonas subtropicales en América del Norte, África del Norte y el Sudeste Asiático. Sin embargo, esta nueva especie es el fósil más antiguo encontrado en Europa. Se cree que la causa de la desaparición del Ophisaurus manchenioi es la glaciación extensa que tuvo lugar en la transición entre el Pleistoceno Temprano y el Pleistoceno Medio, cubriendo mayoritariamente los polos del planeta, las zonas más al norte de América y Asia y Europa. Las condiciones climáticas se vieron modificadas, cambiando a su vez los biomas del planeta. Este animal era especialista de los biomas de bosque húmedo subtropical, propio de las zonas subtropicales. Estas desaparecieron en esas localizaciones más afectadas por la glaciación y el Ophisaurus manchenioi fue incapaz de adaptarse a las nuevas condiciones, resultándole así imposible sobrevivir. Sin embargo, otras especies del género Ophisaurus con capacidades adaptativas más desarrolladas y que habitaban lugares más cercanos al ecuador han conseguido perdurar hasta nuestros días.


Figura 3. Ophisaurus actual de Marruecos, físicamente similar al prehistórico de Abanilla, Región de Murcia, España.

Esta especie ha sido descubierta en esta ubicación debido a su localización geográfica. El sur de la Península Ibérica fue una zona que no se vio fuertemente afectada por la caída notoria de las temperaturas en el planeta, por lo que dicha especie fue aquí donde buscó refugio. Consiguió sobrevivir durante mucho tiempo, hasta hace 1 millón de años, cuando terminó extinguiéndose.

Podemos ver que constantemente se están descubriendo especies desconocidas hasta el momento. El número que conocemos de especies es ya extenso. Sin embargo, son muchas más las que quedan aún por revelar. ¿Qué nuevos descubrimientos habrá más? Lo veremos en mi próxima entrada. ¡Hasta pronto!


REFERENCIAS

Hugues-Alexandre Blain, Salvador Bailon. 2019. Extirpation of Ophisaurus (Anlguimorpha, Anguidae) in Western Europe in the context of the disappearance of subtropical ecosystems at the Early-Middle Pleistocene transition. Sience direct: Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology.