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jueves, 4 de abril de 2019

Una mandíbula: nuevas perspectivas


Bienvenidos de nuevo al lugar donde poder satisfacer vuestra curiosidad y sed de conocimiento acerca de este sabio y longevo planeta en el que vivimos. Esta entrada, a pesar de ser un poco distinta a las anteriores que he escrito, sigue de la mano de los integrantes de la clase parafilética denominada Reptilia. Esta vez no hablaremos del descubrimiento de la existencia de una especie pasada, sino de una característica que diferencia a esta especie de las demás pertenecientes a la clase ya mencionada. El otro día, navegando por Internet tropecé con un artículo titulado: La fauna vertebrada del Pérmico Superior de Níger-X. La mandíbula del reptil Moradisaurus grandis (Sean P. Modesto, Courtney D. Richards, Oumarou Ide & Christian A. Sidor. 2019. The vertebrate fauna of the Upper Permian of Niger-X. The mandible of the captorhinid reptile Moradisaurus grandis. Journal of the Vertebrate Paleontology, Vol 0, No 0 - Taylor & Francis Online). Este captó bastante mi atención, por lo que es el artículo protagonista de mi entrada de hoy.

Lo primero de todo es saber que la evolución proporciona distintas características a miembros dentro de una clase parafilética, dando lugar a diferentes especies que se verán representadas por ellas. Este es el caso de Moradisaurus grandis, caracterizado por su mandíbula. Esta especie vivió en el Pérmico, periodo geológico que comenzó hace 299 m.a. y finalizó hace 251 m.a. y pertenece a la Era Paleozoica. Al encontrarse al final de esta Era, podemos encontrar organismos más desarrollados, como son los reptiles, con respecto a los que habían existido hasta el momento, siendo estos los seres con conchas o exoesqueletos. En esta era hubo una transición desde los animales invertebrados a los vertebrados, y Moradisaurus grandis es un ejemplo de ello.

Moradisaurus grandis (Figura 2) es un reptil actualmente extinto. Pertenece, como su nombre indica, al género Moradisaurus, que se encuentra dentro del orden captorhinida. Es una especie sobre la que se tenía ya conocimiento, pues fue en 1982 cuando se descubrieron por primera vez fósiles de dicha especie. (A. Ricqlès & P. Taquet. 1982.) Estos fueron encontrados en la formación superior de Pérmenes Moradi, en Níger, concretamente en la región de Agadez. Sin embargo, también han sido encontrados otros en América del Norte, Europa y Asia. Moradisaurus grandis fue un hallazgo de gran interés, pues era el único tetrápodo Pérmico encontrado en el área central de Pangea.

Al igual que muchas otras especies, Moradisaurus grandis está caracterizada por aspectos físicos (desgraciadamente, sobre ellos no se puede opinar por su personalidad…). Algunas son representadas por aspectos como el tamaño de sus ojos, otras por la presencia o ausencia de garras, y otras por sus colores llamativos que les ayudan a encontrar pareja, entre otros. En este caso, nuestro reptil captorhinida pérmico está caracterizado por su mandíbula (aunque no por su sonrisa precisamente).


Figura 3. Mandíbula de Moradisaurus grandis de un ejemplar encontrado en Oklahoma (EEUU), Norte América. 






El material encontrado incluye dos hemimandibulares (‘hemi-‘: “medio”, “mitad”) derechos. Estos restos se han asociado a individuos más pequeños y jóvenes que el holotipo. De esta manera, los investigadores han podido comprobar que Moradisaurus grandis nacía con una mandíbula morfológicamente distinta a la que poseía en la vida adulta pues, durante su crecimiento, esta se iba agrandando e incorporando nuevas filas de dientes. Sin embargo, no es solamente esto lo que revela esta característica mandíbula, sino un rasgo que permite diferenciar esta especie con otras del mismo género. Se trata de la extensión lingual extrema de la placa dental, cuya estructura presenta una forma de meseta dental que soporta las tres filas de dientes más linguales que presenta en su vida adulta.


Figura 4. Representación digital de Moradisaurus grandis.

Esta especie se extinguió con la finalización del periodo Pérmico, determinada por la Extinción Masiva delPérmico-Triásico. Esta fue la extinción más catastrófica que ha tenido lugar sobre la Tierra (tan catastrófica casi como alguno de nuestros exámenes), pues acabó aproximadamente con el 96% de los seres vivos que habitaban en ella, entre los que se encontraba Moradisaurus grandis. Esta gran extinción estuvo constituida principalmente por un vulcanismo extremo (con una liberación de gases de metano muy elevada a la atmósfera) y el impacto de un gran meteorito. Tal fue la magnitud de estos fenómenos y las consecuencias de estos, que no solo cerraron un periodo geológico, sino también una Era (Era Paleozoica).

Una vez más podemos ver que son miles las especies habidas y por haber, y que nosotros no llegamos a conocer ni un porcentaje ínfimo de ellas. Los detalles son lo importante, son lo que nos ayudan a diferenciar unas especies de otras, a conocer su ambiente y su vida cotidiana. El número que conocemos de especies es ya extenso, pero en comparación con la totalidad de ellas, este sigue siendo muy pequeño. Una mandíbula, el tamaño de la cola o la disposición de sus extremidades, nos pueden abrir los ojos ante un mundo lleno de especies asombrosas y particulares.

Ya queda poco para el final de este viaje exprés lleno de conocimiento e introducciones de especies reptiles. Pero, que no cunda el pánico, que aún no ha llegado la gran despedida. Nos vemos en mi próxima entrada, cultos lectores. ¡Hasta pronto!



 REFERENCIAS
-  Sean P. Modesto, Courtney D. Richards, Oumarou Ide y Christian A. Sidor. 2019. The vertebrate fauna of the Upper Permian of Niger-X. The mandible of the captorhinid reptile Moradisaurus grandis. Journal of the Vertebrate Paleontology: Vol 0, No 0. (Taylor & Francis Online)
- A Ricqlès, P Taquet - Annales de Paléontologie. 1982
- Linda A. Tsuji, Christian A. Sidor, J.- Sébastien Steyer, Roger M. H. Smith, Neil J. Tabor & Oumarou Ide. 2013. The vertebrate fauna of the Upper Permian Of Niger – VII. Cranial anatomy and relationships of Bunostegos akokanensis (Pareiasauria). Journal of the Vertebrate Paleontology: Vol 33, No 4, 747-763.
- Marcelo F. Castro. 2018. Historia de la Tierra: la extinción masiva del Pérmico-Triásico. Red Historia.

lunes, 28 de mayo de 2018

Tic, tac, el tiempo corre…

Han pasado ya unos meses desde que nos embarcamos en la aventura de colaborar en este blog, y la cosa es que nuestro tiempo por aquí se está acabando. Cuando nos ofrecieron el pasaje para participar en este blog, al principio no sabía si aceptarlo, pues suponía un tiempo extra que habría que dedicarle y una carga adicional a exámenes y trabajos. Tras estos meses he de decir que no ha sido para tanto. En esta última entrada os voy a hacer un resumen de lo que ha sido mi paso por aquí, antes de que nos metamos aún más de lleno en el “divertido” periodo de exámenes.


A lo largo de mi participación en este blog me he centrado en las distintas ramas de la paleontología: la tafonomía (que explica cómo se produjo un fósil y las modificaciones que haya podido sufrir), la paleobiología (trata de estudiar las especies del pasado y las relaciones entre ellas y con el entorno) y la biocronología (trata de poner una edad a los estratos y fósiles para ordenar diversos eventos a lo largo de la historia geológica, como extinciones o radiaciones). Las tres entradas comparten además un tema en común, y que es fruto de una mera coincidencia, de la que me di cuenta cuando estaba redactando la tercera: tratan sobre trabajos llevados a cabo en el Mediterráneo.

Para empezar, descubrimos una nueva forma de datar las rocas sedimentarias (objeto de estudio de la biocronología), usando la luz. Las rocas son capaces de emitir radiaciones, igual que cualquier otro cuerpo, de forma que cuanto más tiempo lleven sin recibir luz solar mayor será la energía de la radiación emitida después de ser excitadas con luz, por lo que midiendo esa energía podemos averiguar la edad del material que estemos estudiando. De esta forma se obtuvieron edades más precisas para materiales provenientes de distintas zonas de Chipre. Por si te ha interesado, puedes hacer click en el siguiente enlace:

-¿Se puede usar la luz para datar rocas?

En mi segunda entrada en el blog expliqué cómo se usaron fósiles de foraminíferos para demostrar que el Mediterráneo no se había secado antes de la Crisis Salina de Mesiniense (objeto de estudio de la tafonomía), no como se había sugerido hasta entonces. En resumidas cuentas, vimos cómo basándonos en los fósiles podemos determinar las características del ambiente en el que se produjeron.

-Seco, o no seco, he ahí el dilema


En la última entrada, vimos cómo se puede identificar a los depredadores principales de Sphaerechinus granularis (objeto de estudio de la paleobiología) a partir de restos de estos, ya que en ocasiones los depredadores dejaban marcas de su actividad en forma de arañazos en los restos de la víctima, lo que nos permite identificarlos  (al comparar las marcas con la dentadura del depredador) y establecer por tanto una relación depredador-presa entre esas especies. Esto también se puede aplicar a fósiles, ya que algunas veces presentan perforaciones o marcas de mordedura. La única pega es que se necesita que las marcas estén bien conservadas y haya fósiles del depredador con los que poder compararlas.

-Y el culpable es...

Y para terminar, ha llegado la hora de la despedida. Espero que os haya el gustado el blog tanto como a mi, y desde aquí os animo a pasaros por el resto de entradas de este año (por si no lo habéis hecho ya), y a visitar el blog el curso que viene. ¡¡¡HASTA LA VISTA!!!