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lunes, 19 de marzo de 2018

Encontrado el eslabón perdido (murciélago edition)

El eslabón perdido de los murciélagos.

Los murciélagos en Australia.

Las principales islas de Nueva Zelanda son las más extensas del fragmento emergente del continente Zelandia, masas de tierra entre las cuales hoy se encuentran Nueva Caledonia, Chatham, la isla de Lord Howe y las islas Campbell1,2. Zelandia, separada de la parte Australo-Antartica de Gondwana en una división que comenzó hace 130 Ma (Millones de años).

 A día de hoy, Nueva Zeanda tiene una de las faunas biogeográficamente más distinctivas, que incluyen muchos antiguos linajes endémicos e inmigrantes más recientes. Su fuana actual de mamíferos terrestres consta de tres especies de murciélagos, las otras especies de mamíferos modernos han sido introducidas a lo largo de los últimos  800 años3.
Chalinolobus tuberculatus, de la familia de murciélagos Vespertilionoidae, está cercanamente relacionada con sus congeneres australianos y probablemente hizo un cruce trans-Tasmania hace menos de 2 Ma4. Las otras 2 especies recientes de murciélagos, Mystacina tuberculata y Mystacina robusta son los únicos miembros vivos de la familia Mystacinidae.
Mystacinidae es una de las seis a siete familias extintas que formaban la superfamilia Noctolionoidea, en conjunto con las familias neotropicales Phyllostomidae, Noctilionidae, Mormoopidae, Furipteridae and Thyropteridae5.
Noctilionoidea es la única superfamilia de murciélagos con origen en Gondwana6. Los datos guardados de los fosiles de los noctilionoides son bastantes pobres, especialmente del Paleogeno7,8, pero las reconstrucciones biogeográficas sugieren que su morfología y ecología probablemente sea de origen africano.

A continuación, analizaremos un hallazgo realizado recientemente que otorgará algo de luz a este periodo del cual se desconocían muchas cosas sobre la morfología de los murciélagos.

Paleontológia sistemática .

Orden Chiroptera Blumenbach,1779.
Suborden Yangochiropera Van den Bussche & Hoofer,2004 
Superfamilia Noctilionoidea gris, 1821
Familia Mystacinidae Dobson, 1875
Vulcanops jennyworthyae gen. et sp. nov.
Figure 1
Figure 1
Figure 2
Figure 2 

¿En qué se diferencia?

Se diferencia de otros mystacinidos (especies de Mystacina y Icarops) en exhibir los siguientes rasgos: m1-2 paracono bucalmente desplazado y no alineado con el metaconoide y entocoide ademas el talonoide es considerablemente más ancho que el trigonoide; m1-3 cristid obliqua está curvado en vez de estar recto, con una inflexión cerca del trigonoide, que hace contacto en este en vez de en el punto medio entre el protoconoide y el metaconoide; m1-3 solo hypoflexido superficial; m3 más reducido en longitud y ancho; M1-2 con hipocono presente parastyle cónico; M3 largo con ángulos amplios entre ectoloph cristae.

Masa corporal.

Usando las ecuaciones de Gunnel et. al 9.  y las representaciones del área del primer molar superior, del área del primer molar inferior y el diámetro del medio húmero, la masa de 8 de las 10 especies conocidas extintas y existentes del taxón mystacinido:
† Indica taxón extincto; E, Early; L, Late; (#) , número de especies.

Filogénia

Figure 3 
50% del árbol de consenso de la regla de mayoría de los árboles postcombustibles del análisis bayesiano de evidencia total de 292 caracteres dentales con más de 11.1kb de datos de secuencia de ADN mitocondrial y nuclear. Los valores en los nodos representan valores de probabilidades posteriores bayesiandas mayores a 0.5. † indica un taxón extinto; verde, Myzopodidae; rojo, Mystacinidae + Vulacnops. Ilustración  poor Peter Schouten.
 
 Este análisis bayesiano coloca al murciélago Vulcanops jennyworthyae en el Mioceno de Nueva Zelanda, entre el resto de especies vivas y fosiles de mystacinidos en Australasia. Los resultados generales del análisis filogenético son ampliamente congruentes con los recientes estudios moleculares moleculares a gran escala de murciélagos10,11,12,13,14.
Si el Vulcanops  es un mystacinido, como sugerimos aquí, eleva a cuatro el número de representantes de esta familia de murciélagos en la fauna del Mioceno St Bathans15,16. En Australia, por lo menos otras cuatro especies de mystacinidos, todos en el género Icarops, están registrados en depósitos que van desde el Oligoceno hasta el Mioceno en el sur de Australia, Queensland y el territorio norteño, con dos especies coexistiendo en algunos depositos de Queensland17 .
 
Resultado de imagen de vulcanops jennyworthyae"Vulcanops jennyworthyae"

Referencias:

Artículo:  https://www.nature.com/articles/s41598-017-18403-w#Fig3

  • 1: Campbell, H. & Hutching, G. In search of ancient New Zealand. Penguin and GNS Sciences, Wellington, New Zealand, 240 pp. (2007).
  • 2: Goldberg, J., Trewick, S. A. & Paterson, A. M. Evolution of New Zealand’s terrestrial fauna: a review of molecular evidence. Phil. Trans. R. Soc. B 363, 3319–3334 (2008).
  • 3: Wilmshurst, J. M., Anderson, A. J., Higham, T. F. G. & Worthy, T. H. Dating the late prehistoric dispersal of Polynesians to New Zealand using the commensal Pacific rat. Proc. Natl. Acad. Sci. USA 105, 7676–7680 (2008).
  • 4:  O’Donnell, C. F. J. New Zealand long-tailed bat in The handbook of New Zealand mammals. 2nd edition (ed. King, C. M.) 98–109 (Oxford University Press, 2005).
  • 5 : Simmons, N. B. Order Chiroptera in Mammal species of the world: a taxonomic and geographic reference (ed. Wilson, D. E. & Reeder, D. M.) 312–529 (Smithsonian Institution Press, 2005).
  • 6:  Teeling, E. C. et al. A molecular phylogeny for bats illuminates biogeography and the fossil record. Science 307, 580–584 (2005).
  • 7:  Morgan, G. S. & Czaplewski, N. J. Evolutionary history of the Neotropical Chiroptera: the fossil record in Evolutionary history of bats: fossils, molecules and morphology (ed. Gunnell, G. F. & Simmons, N. B.) 105–161 (Cambridge University Press, 2012).
  • 8:  Gunnell, G. F., Simmons, N. B. & Seiffert, E. R. New Myzopodidae (Chiroptera) from the Late Paleogene of Egypt: Emended family diagnosis and biogeographic origins of Noctilionoidea. PLoS ONE 9(2), e86712 (2014).
  • 9:  Gunnell, G. F., Worsham, S. R., Seiffert, E. R. & Simons, E. L. Vampyravus orientalis Schlosser (Chiroptera) from the Early Oligocene of Egypt – body mass, humeral morphology and affinities. Acta Chiropt. 11, 271–278 (2009).
  • 10:  Rojas, D., Warsi, O. M. & Dávalos, L. M. Bats (Chiroptera: Noctilionoidea) challenge a recent origin of extant Neotropical diversity. Syst. Biol. 65, 432–448 (2016).
  • 11:  Meredith, R. W. et al. Impacts of the Cretaceous terrestrial revolution and KPg extinction on mammal diversification. Science 334, 521–524 (2011).
  • 12:  Amador, L. I., Moyers Arévalo, R. L., Almeida, F. C., Catalano, S. A. & Giannini, N. P. Bat systematics in the light of unconstrained analyses of a comprehensive molecular supermatrix. J. Mammal. Evol. https://doi.org/10.1007/s10914-016-9363-8 (2016).
  • 13:  Shi, J. J. & Rabosky, D. L. Speciation dynamics during the global radiation of extant bats. Evolution 69, 1528–1545 (2015).
  • 14: Phillips, M. J. Geomolecular dating and the origin of placental mammals. Syst. Biol. 65, 546–557 (2016).
  • 15:  Hand, S. J. et al. Miocene mystacinids (Chiroptera: Noctilionoidea) indicate a long history for endemic bats in New Zealand. J. Vertebr. Paleontol. 33, 1442–1448 (2013).
  • 16:  Hand, S. J. et al. Miocene fossils reveal ancient roots for New Zealand’s endemic Mystacina (Chiroptera) and its rainforest habitat. PLoS ONE 10(6), e0128871 (2015).
  • 17: Hand, S. J., Archer, M. & Godthelp, H. Australian Oligo-Miocene mystacinids (Microchiroptera): upper dentition, new taxa and divergence of New Zealand species. Geobios 38, 339–352 (2005).

martes, 3 de junio de 2014

Juego de Nichos: La Expansión del Trono de Hielo

57461255.angrypenguin.jpg
En entradas anteriores hablábamos de cómo las corrientes marinas afectan a la distribución geográfica de los pingüinos y de cómo los mamíferos marinos "exiliaron" a los pingüinos, pues bien, hoy hablaremos cómo influenció la llegada del hombre a las comunidades de pingüinos (y también de los malvados mamíferos marinos), dándose diversos periodos de extinción y reemplazamiento en un artículo cuyas credenciales son: Collins, C.J., Rawlence, N.J., Prost, S., Anderson, C.N.K., Knapp, M.R., Scofield, P., Robertson, B.C., Smith, I., Matisoo-Smith, E.A., Chilvers, B.L. & Waters, J.M. (2014) Extinction and recolonization of coastal megafauna following human arrival in New Zealand. Proceedings of the Royal Society B, 281: 20140097.

Así pues, esta entrada es una mezcolanza de temas que a todo el mundo gustan, tales como los pingüinos y sus archienemigos pinnípedos, la historia o los hermosos paisajes de Nueva Zelanda; sin olvidarnos de la paleontología, claro está. Con temas tan maravillosos para tratar, uno puede pensar que sería algo similar a esto:
hoplinguinos.jpg
Dos hoplingüinos custodian la entrada al Palacio Real admirados por un joven infante.
Introducción
Bien es sabido que los eventos de extinción pueden remodelar enormemente las comunidades biológicas, y que dichos eventos facilitan las radiaciones evolutivas de los grupos supervivientes, a lo que los paleontólogos entienden que las extinciones masivas presentes en el registro geológico tienen profundas consecuencias en estos grupos de supervivientes (Hallam & Wignall, 1997).
Nueva Zelanda fue la última gran masa de tierra en ser colonizada por el ser humano, y ligada a esta colonización se da un gran número de extinciones de vertebrados (hasta 40 especies de aves se extinguieron en los primeros 200 años de colonización, según Tennyson & Martinson (2007)) aproximadamente en el año 1280 C.E. (Wilmshurst et al., 2008), como es el caso del león marino Phocarctos spp. o los pingüinos Megadyptes spp., ambos endémicos de esa zona.

 
Al igual que a la Luna, no se sabe cómo llegó el hombre a Nueva Zelanda, pero se cree que fue algo así.

Esto se ha estudiado mediante análisis de DNA, que confirman que la especie endémica Megadyptes waitaha fue extinta tras la colonización humana y posteriormente reemplazada por sus primos subantárticos M. antipodes (Boessenkool et al., 2009). Para demostrarlo, los autores del artículo tomaron muestras del registro holoceno anterior a la llegada humana, donde se incluyen los leones marinos y los pingüinos endémicos y cuyos análisis filogenéticos muestran claramente una distinción genética entre los ejemplares actuales y pretéritos de Phocarctos.

Resultados
Como ya se ha mencionado, los autores del artículo realizaron diversos estudios, que incluyen análisis filogenéticos, datación de radiocarbono, pruebas en escenarios demográficos o secuenciación y autentificación de DNA.
Dado que no son excesivamente trascendentales en esta entrada, se van a omitir los cálculos estadísticos y figuras empleados en los resultados del artículo. No obstante, pueden leerse los resultados en el artículo original y comprobar la información complementaria (PDF) empleada en los mismos haciendo clic aquí.

Discusión
Los análisis genéticos espacio-temporales de Megadyptes y Phocarctos revelan patrones muy similares de rotaciones (Figura 1), coincidentes con la rápida extinción causada por la caza excesiva a manos del ser humano, que llevó a la completa eliminación de estas poblaciones prehistóricas de pingüinos y focas aproximadamente en el año 1280 de la Era Común.
1.jpg
Figura 1. Extinción paralela y recolonización de los pingüinos Megadyptes y los leones marinos  Phocarctos siguiendo a la colonización humana de Nueva Zelanda. A. Distribución de Megadyptes (M. waitaha, en rojo; M. antipodes, en azul) anterior a 1450 C.E. y posterior a 1792 C.E. B. Distribución de Phocarctos (subantárticos prehistóricos, en rojo; modernos, en azul) anterior a 1450 C.E. y posterior a 1992 C.E. C. Extinción y recolonización de Megadyptes y Phocarctos. Early Maori (EM) representa el periodo desde la colonización humana aproximadamente en 1280 C.E. hasta la extinción de la megafauna aviana aproximadamente en 1450 C.E. (la zona sombreada de morado); Middle - Late Maori (ML), comienza en 1450 C.E. hasta la llegada de los europeos a las costas neozelandesas en 1792; Historical (H) comprende el periodo desde 1792 hasta el fin del comercio en la zona, en 1946; y por último, modern (M) es el periodo desde 1946 hasta nuestros días.
Se ha comprobado que Phocarctos perduró en Nueva Zelanda durante el último episodio glaciar (circa 14 – 11,6 miles de años) y el Holoceno (11,6 miles de años – presente). Así pues, las evidencias arqueológicas y genéticas de la caza excesiva y la posterior extinción de la megafauna neozelandesa durante los primeros estadios del establecimiento humano en la Polinesia (ca 1280 1450 C.E.) es convincente (Wanner et al., 2008).
Las rotaciones en la población de focas y pingüinos arroja la intrigante posibilidad de que los primos subantárticos de ambos taxones fueron excluidos, por lo que no pudieron asentarse en los maravillosos paisajes de Nueva Zelanda, donde se incluye Rohan, el Reino de Gondor o la región volcánica de Mordor, donde sus aguas termales son famosas en el mundo entero.
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A título propio, creemos que la exclusión de los pingüinos subantárticos por sus primos nativos fue similar a esta imagen.
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Con tal mal sabor de boca se tuvieron que ir los primos subantárticos.
Por ejemplo, las respuestas biológicas a la extinción han sido sugeridas para la megafauna continental del Hemisferio Norte (Barnes et al., 2002). En estos casos, los escenarios de extinción-reemplazamiento difícilmente reflejan los episodios de retracción y/o expansión de los linajes como resultado de los cambios climáticos y que afectan a las preferencias de una especie por un hábitat u otro.
El registro palinológico de Nueva Zelanda muestra una clara evidencia de rotaciones biológicas (extinción-reemplazamiento) asociadas a la submersión oligocena de Nueva Zelanda (Landis et al., 2008).
Por último, los autores tienen la hipótesis de que el reciente establecimiento del pingüino azul australiano (Eudyptula minor), por ejemplo, puede reflejar una dinámica similar a la de la extinción-reemplazamiento mencionada ya en el artículo. Este estudio refuerza la hipótesis de que la exclusión competitiva puede jugar un importante papel en la distribución de la biodiversidad en un amplio rango en la escala espacio-temporal.

Resumen épico-literario de la entrada
Estudios recientes de arqueopingüinología han demostrado que la prohibición de los pingüinos neozelandeses a sus primos subantárticos de establecerse en las islas se debió a motivos políticos y dinásticos, ya que estos pingüinos subantárticos estaban bajo el vasallaje de la Casa Stark, que gobernaba el continente antártico desde su Trono de Hielo y que pretendió invadir Nueva Zelanda formando una alianza con sus acérrimos enemigos los odontocetos de la Casa Lannister. Así pues la Casa Martell, con capital en Cercano Harad, pudo defender la plaza en los Campos de Pelennor gracias a una carga frontal de las tropas pinnípiedas, que llegaron cuando toda esperanza estaba perdida, constituyéndose así la Última Alianza de pingüinos y focas.
Siglos después, un malvado señor oscuro llamado Darth Feather sedujo a la fuerza biológica más mortífera que haya conocido la Tierra: el ser humano, al que le fueron prometidas abundantes tierras y parajes naturales para que pudieran arrasarlos a su libre albedrío, destruyendo así los nichos ecológicos de los pingüinos y focas endémicas como venganza por los episodios pasados.
Fue así como Megadyptes waitaha y Phocarctos abandonaron sus hogares, partiendo desde los Puertos Grises hacia los mares de poniente en búsqueda de la Tierra Imperecedera donde poder comer pescado y krill y pasar el día tumbados como buenos pingüinos y focas.
Finalmente, la cultura maorí ya asentada en Nueva Zelanda se dio cuenta de su error, y lloraron por haber acabado con tantas especies endémicas y favorecer la colonización de las invasoras especies subantárticas, mas era demasiado tarde ya que poco después llegaría el hombre blanco a lomos de sus monstruosas embarcaciones y con pingüinos azules australianos para repoblar estas islas y destruir así lo poco que quedaba de La Comarca, Rohan, Pingüinalia, Gondor, Mordor, el Nido de Pingüinos, y un famoso monasterio de focas monje, dando lugar a la Séptima Edad o Edad Ominosa.

Referencias
Barnes, I., Matheus, P., Shapiro, B., Jensen, D. & Cooper, A. (2002) Dynamics of Pleistocene population extinctions in Beringian brown bears. Science, 295: 2267–2270.
Boessenkool, S., Austin, J.J., Worthy, T.H., Scofield, P., Cooper, A., Seddon, P.J. & Waters, J.M. (2009) Relict or colonizer? Extinction and range expansion of penguins in southern New Zealand. Proceedings of the Royal Society B, 276: 815–821.
Hallam, A. & Wignall, P.B. (1997) Mass extinctions and their aftermath. Oxford University Press, Oxford.
Landis, C.A., Campbell, H.J., Begg, J.G., Mildernhall, D.C., Paterson, A.M. & Trewick, S.A. (2008) The Waipounamu erosion surface: questioning the antiquity of the New Zealand land surface and terrestrial fauna and flora. Geological Magazine, 145: 173–197.
Rawlence, N.J., Metcalf, J., Wood, J.R., Worthy, T.H., Austin, J. & Cooper, A. (2012) The effect of climate and environmental change on the megafaunal moa of New Zealand in the absence of humans. Quaternary Science Reviews, 50: 141–153.
Wilmshurst, J.M., Anderson, A.J., Higham, T.F.G. & Worthy, T.H. (2008) Dating the late prehistoric dispersal of polynesians to New Zealand using the commensal Pacific rat. Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA, 105: 7676–7680.
Tennyson, A.J.D. & Martinson, P. (2007) Extinct birds of New Zealand. 180 pp. Te Papa Press. Wellington, New Zealand.

Lecturas recomendadas

lunes, 2 de junio de 2014

Descubrimiento de un nuevo elasmosáurido en North Canterbury, Nueva Zelanda



Introducción


Los restos de plesiosaurio (un tipo de reptil marino) fueron descubiertos por primera vez en las orillas del rio Waipara situado en North Canterbury en Nueva Zelanda en el año 1859 (Hood, 1870 and Welles and Gregg, 1971). A partir de entonces muchos más ejemplares se fueron descubriendo. Los trabajos hechos por Welles y Gregg propiciaron una revisión de la mayoría de los ejemplares conocidos hasta ese momento.  Desde entonces muchísimo más material ha salido a la luz sobre todo en Hawkes Bay situado en la Isla Norte (Wiffen and Moisley, 1986) y en North Otago situada en la Isla Sur (Cruickshank and Fordyce, 2002). Además de esto, la zona cercana al rio Waipara ha seguido dando nuevos esqueletos parciales aunque solo unos pocos han sido descritos (e.g., Hiller and Mannering, 2005).

En las colecciones del museo de Canterbury, situado en Christchurch, hay varios ejemplares que no pueden ser clasificados con los taxones que se conocen, esto impulsó a Hiller y Mannering en 2003, durante un congreso a hacer la pregunta de si había otros plesiosauros del cretácico superior en Nueva Zelanda (a excepción de las especies ya descritas) y se vio que uno de estos ejemplares, el CM ZFR 159, que se trata de un esqueleto parcial de la zona postcraneal, poseía unas características que merecían un estudio detallado. Primeramente se consideró que los restos pertenecían a un pliosauroideo en estado juvenil según el catalogo del museo en el que se encuentra pero este no había sido completamente descrito ni sus caracteres adecuadamente evaluados, de todos modos los restos fueron datados del Maastrichtiano temprano (Wilson et al., 2005) usando quistes de dinoflagelados asociados a estos restos. Por eso, basandonos en el articulo de Hiller, N, et al., 2014. A new elasmosaurid plesiosaur from the lower Maastrichtian of North Canterbury, New Zealand. Cretaceous Research, 50: 27-37 se intentará averiguar todo lo posible acerca de este elasmosáurido.


Configuración geológica


Las exposiciones de la formación Conway a lo largo de los márgenes del rio Waipara, justo debajo de la garganta Doctors Gorge (Fig. 1), son bien conocidas por los reptiles marinos que yacen allí. En esta área, la formación Conway se trata de una zona que se erosionó fácilmente. Se trata de una zona de limolitas suaves, grises y masivas o de areniscas limosas, no tiene estructuras sedimentarias primarias quizás por la omnipresente bioturbación. Se trata de una unidad con grandes concreciones calcáreas y algunas de ellas contienen algunos huesos de reptiles aunque no todos fueron recuperados en las concreciones.

(Fig.1). Mapas de localización. A, mapa de Nueva Zelanda que muestra la ubicación de la región de North Canterbury (zona sombreada). B. Simplificación esquemática de la parte de North Canterbury que muestra el afloramiento del cretácico y la ubicación de la sección del rio Waipara.
Esta formación contiene pocos macrofósiles aparte de los restos de reptiles, no obstante en lugares donde la roca sedimentaria no ha sido completamente decalcificada se han hallado algunas especies de moluscos, restos no calcáreos como braquiópodos de cascara fosfatada, dientes de tiburón, huesos y escamas de peces teleósteos y material vegetal, aunque son poco frecuentes (Hiller and Mannering, 2005). Entre los microfósiles se han encontrado foraminíferos pero son bastante raros y no están bien conservados, también se han hallado dinoflagelados que han sido la base de una bioestratigrafía refinada (Roncaglia et al., 1999).


Métodos


El espécimen fue preparado en el Museo de Canterbury por Al Mannering entre 1997 y 2001, fundamentalmente utilizando técnicas mecánicas. Todos los huesos fueron retirados de la matriz y los huesos fragmentados reparados medida de lo posible. En particular, las costillas y la gastralia se recuperaron en secciones cortas y requirieron la reconstrucción extensa utilizando adhesivo a base de acetona reversible. Las mediciones lineales se tomaron con escala de vernier (o nonio) que permite una precisión de 0,1 mm. Los indicies propuestos (Welles, 1952) son calculados teniendo en cuenta las proporciones entre la altura (H) y la longitud (L) (100*H/L), la anchura (B) y la longitud (100*B/L) y la anchura y la altura (100*B/H) de los centros vertebrales. La anchura y la altura se midieron en las caras articulares posteriores. También se usó el índice de longitud vertebral [VLI = L / (0.5 * (H + B))] (Brown, 1981).

Las categorías de desarrollo ontogenético (Brown, 1981) se basan en el grado de fusión neurocentral a lo largo de las vértebras cervicales y se tomaron en consideración a la hora de designar la condición de juvenil y de adulto.


Paleontología sistemática

-           
           Subclase: Sauropterygia (Owen, 1860)

-          Orden: Plesiosauria (Blainville, 1835)

-          Superfamilia: Plesiosauroidea (Welles, 1943)

-          Familia: Elasmosauridae (Cope, 1869)

-          Género y especie: indeterminadas


CM ZFR 159 se trata de un esqueleto parcial que comprende más de 115 huesos entre los que se incluyen 15 vértebras, varias espinas neuronales separadas, los dos iliones, otro hueso que puede interpretarse como un fémur, aproximadamente 40 huesos de la aleta y muchos fragmentos de costillas y de gastralia. Asociados con los huesos se dan más de 300 gastrolitos que varían de tamaño (140mm-tamaño máximo). El espécimen fue recuperado en los niveles medios de la formación Conway (Cretácico superior; Maastrichtiano temprano) en la zona media del rio Waipara, North Canterbury, Nueva Zelanda. Los quistes de dinoflagelados asociados a los restos óseos permitieron colocar a la muestra (Wilson et al., 2005) en la zona ‘acutulum Afterbidinium(subzona Palaeocystodinium granulatum) (FIG. 2) del esquema bioestratigráfico propuesto por Roncaglia et al. (1999).







(FIG.2)
Simplificado de la columna estratigráfica de la secuencia del Cretácico superior expuesta a lo largo del río de mediados de Waipara, indicando  (estrella negra) el nivel a partir del cual se derivó el material de muestra.



Los huesos están razonablemente bien preservados y con muy poca evidencia de fragmentación debida al pre-entierro o la abrasión. Esto sugiere muy poca actividad de transporte por la actividad actual. Sin embargo, varias superficies de articulación, tales como la cabeza de un hueso del fémur y las caras acetabulares de los huesos ilíacos han sido notablemente degradadas.

Si esto es el resultado de los ataques químicos o bio-erosión es difícil de determinar, pero sugiere que los huesos fueron parcialmente expuestos durante algún tiempo en el fondo del mar antes del entierro.

La presencia de suturas neurocentrales fusionadas en las vértebras cervicales es evidente debido a los restos de los pedúnculos de los nervios que todavía están conectados a algunos centros cervicales. Los aspectos de las costillas cervicales son visibles y los centros caudales también tienen facetas laterales visibles sin costillas fusionadas. Las vértebras dorsales posteriores al igual que las caudales muestran tanto costilla como facetas neuronales sin fusión. Esto es indicativo de que la muestra sometida a estudio trata de un individuo subadulto. Hay tres vértebras cervicales, una vértebra pectoral, seis vértebras dorsales, una vértebra sacra y cuatro vértebras caudales conservado. El conjunto de los huesos incluye una serie de espinas neurales independientes, algunos con procesos transversales, pero ninguno de ellos puede estar asociada positivamente con alguno de los centros vertebrales. La mayor parte de las espinas neurales están mal conservadas ya que han estado expuestas a los mismos mecanismos que destruyen el hueso que afectaron al fémur y al ilion.



Los centros cervicales (fig. 3A) son más anchos que largo y más largos que altos (Tabla 1). Las caras articulares son planas o ligeramente cóncavas con contornos transversalmente elípticas, aunque la cara anterior de cada muestra una muesca ligera ventral dando una forma pesa a la cara articular. Ninguno de los tres tiene una cresta lateral, una característica típica de las partes anterior y media de la región cervical de los elasmosáuridos, lo que sugiere que pertenecen a la parte posterior del cuello.



Las facetas pedicelares se separan estrictamente y ocupan casi dos tercios de la longitud del centro. La superficie ventral se caracteriza por dos pares de agujeros con un pequeño par dentro de otro par de mayor envergadura a cada lado de la línea media (FIG.3A). Las facetas costales poseen una forma mayormente ovoide y se extienden desde justo antes de la mitad de la longitud hasta el borde posterior de cada centro (al observarse desde la vista lateral). Las facetas costales tienen un labio anterior prominente y son inclinados hacia abajo posteriormente.


(FIG.3)
Ejemplos de centros vertebrales: A) Vértebra cervical posterior en vista posterior, lateral izquierda, dorsal y ventral. B) Vértebra pectoral vista posterior, lateral derecha, dorsal y ventral. C) Vértebra media dorsal 1 en vista posterior y lateral izquierda; Vertebra media dorsal 2 en vista dorsal y ventral. D) Vértebra sacra en vista anterior, lateral izquierda, dorsal y ventral. E) Vértebra caudal 3 en vista anterior, lateral izquierda, dorsal y ventral.
(Escala en centímetros)



(TABLA 1)

Dimensiones de las vértebras en mm.

Vértebra
Longitud (L)
Altura (H)
Anchura (B)
HI
BI
BHI
VLI
Post cervical 1
64.1
67.5
111.6
105.3
174.1
165.3
71.6
Post cervical 2
66.3
70.0
110.9
105.6
167.3
158.4
73.3
Post cervical 3
70.2
70.0
110.2
99.7
157.0
157.4
77.9
Pectoral
64.8
72.4
116.8
111.7
180.2
161.3
68.5
Dorsal 1
68.6
74.7
111.4
108.9
162.4
149.1
73.7
Dorsal 2
66.4
74.6
93.9
112.3
141.4
125.9
78.8
Dorsal 3
64.3
78.8
93.2
122.6
144.9
118.3
74.8
Dorsal 4
65.9
69.7
92.1
105.8
139.8
132.1
81.5
Dorsal 5
68.0
?
94.3
138.7
Dorsal 6
66.5
81.0
?
121.8
Sacra
64.8
65.2
94.9
100.6
146.5
145.6
80.9
Caudal 1
48.0
60.9
80.7
126.9
168.1
132.5
67.8
Caudal 2
47.7
58.9
80.6
123.5
169.0
136.8
68.4
Caudal 3
42.4
56.2
78.9
132.5
186.1
140.4
62.8
Caudal 4
41.2
55.7
69.1
135.2
167.7
124.1
66.0





Las vértebras pectorales y dorsales conservadas son más altas que largas y más anchas que altas. Poseen caras articulares elípticas casi planas y los centrum pectorales son transversalmente ovoides pero los dorsales se convierten en subcirculares. Existen agujeros ventrales (3-5) y el centrum pectoral (FIG. 3B) tiene el apófisis transversal derecho corto y conservado, al contrario que el izquierdo, que no se conserva. Los centros dorsales (FIG. 3C) tienen forma de carrete y las facetas pedicelares se extienden en toda la longitud de cada uno. Hay dos espinas neurales incompletas y unifamiliares que pertenecen a la serie dorsal. Los procesos transversales (FIG.4) son robustos y dorsoventralmente comprimidos. Tienen una ranura muy característica a lo largo de la superficie ventral justo por debajo del borde afilado (FIG.4A).



(FIG.4) Arco neural dorsal independiente con espina neural y procesos transversos en A y B,  vistas anterior y dorsoanterior oblicua respectivamente.


La amplitud de la vértebra sacra (fig. 3D) es mucho mayor que la longitud y la altura, que son casi iguales. La faceta de la costilla está dorsoventralmente ampliada, extendiéndose sobre el arco de sutura neural. Las facetas pedicelares son amplias y casi tan largas como el centrum. El vértebras caudales (Fig. 3E) tienen caras articulares cóncavas transversalmente ovoides. Las prominentes facetas costillares ocupan aproximadamente el 50% de la longitud del centro. Las facetas pedicelares se extienden aproximadamente unas tres cuartas partes de la longitud del centro a partir del margen anterior. Estos son más amplias desde su parte anterior y tienen un esquema triangular en vista dorsal. Una de las espinas neurales separadas puede ser identificados como pertenecientes a la serie de caudal.

Costillas y gastralia

Más de treinta costillas individuales de cabeza simple han sido identificadas a partir de los numerosos fragmentos recuperados de la matriz, incluyendo elementos de las vértebras de las regiones cervicales, dorsales y caudales. El nervio más largo recuperó (Fig. 5A), una de las diez dorsales, tiene una longitud conservada de 520 mm y se estrecha desde un diámetro máximo de 48,6 mm en el extremo proximal a 16,5 mm en el extremo distal.

(FIG.5). Costillas de CM ZFR 159 A) costilla dorsal, más largo conservado. B-D) costillas caudales con extremos próximos a la izquierda. E-F) costillas sacras. G-H) costillas pectorales. En ninguna de las costillas está posible determinar con certeza si vienen del lado derecho o izquierdo.
Tres costillas cortas rectangulares, que carecen de cualquier expansión anterior-posterior del extremo distal, se pueden identificar positivamente como costillas caudales (Fig. 5B-D), que van desde 45 hasta 60 mm de longitud. Estas son de lados paralelos con terminaciones suavemente curvadas y se habría angulado caudalmente desde sus vértebras asociadas. Dos costillas sacras se han identificado (Fig. 5E-F), 100 mm y 85 mm de largo, respectivamente. Otras tres costillas se toman como pectorales (Fig. 5G-H) y tienen una forma similar a las dorsales, pero son mucho más delgadas. Otras cuatro costillas probablemente pertenecen a la serie cervical posterior; Estas varían en longitud desde 95 mm hasta 120 mm. Las costillas restantes son difíciles de ubicar con certeza debido a su estado de conservación. Los restos de unas 15 gastralia se han recuperado pero se han visto gravemente afectados para permitir una reconstrucción significativa. Por lo menos dos, con longitudes superiores a 600 mm, son costillas sección central de vientre ligeramente curvas que se estrechan ligeramente hacia cada terminación.

Los huesos pélvicos

Sólo los ilíacos se conservan a partir de la cintura pélvica (Fig. 6A-C). Tienen longitudes máximas conservadas de 225 mm y 213 mm; ha habido alguna pérdida de hueso en tanto extremos proximal y distal. Cada ilion está suavemente curvado, con una sutil desarrollada "rodilla" que separa el eje dorsal cilíndrico desde la porción ventral más gruesa y más corta, con un ángulo de aproximadamente 155 grados entre ellos. El extremo dorsal tiene una terminación aplanada, redondeada y tiene una depresión ovoide en una superficie, presumiblemente relacionados con la articulación con los nervios sacros (Fig. 6A-B).




(FIG.6) Huesos ilíacos. A, hueso iliaco derecho B hueso ilíaco izquierdo en vista lateral (interno); C, hueso ilíaco derecho en vista dorsal. Escala en centímetros



Esqueleto apendicular

El hueso mide 309 mm de largo, 150 mm de ancho en su punto más ancho y 70 mm de ancho en el punto más estrecho (FIG.7). El extremo distal se curva suavemente, con facetas de la tibia y el peroné claramente diferenciados. La superficie dorsal es bastante plana y bastante lisa; la superficie ventral es convexa en sección transversal e inmediatamente distal del punto más estrecho, una callosidad elevada marca el sitio de inserción del músculo retractor. La superficie articular está ovalada en su contorno con el lado ventral más convexa que la dorsal. En el extremo proximal, existe pérdida de hueso y la presencia de hendiduras profundas hace que la determinación de la morfología difícil. La cabeza de un hueso parece ser relativamente pequeña, más estrecha que el eje del fémur, con un contorno triangular redondeado y superficie superior plana. El trocánter aparece más ancho que la cabeza de un hueso, con una superficie elíptica plana. No está claramente separada de la cabeza de un hueso.





(FIG.7) Fémur en A y B (vistas ventral y dorsal respectivamente). Escala en centímetros.




Unos 35 otros huesos de remo (FIG. 8), con fragmentos adicionales. Se supone que han venido de la misma extremidad: la posterior izquierda. Estos incluyen el peroné, peroné intermedio, tibial, tarsos distales I, II + III y IV, metatarsianos I - V, 23 falanges completas y fragmentos de al menos cinco más.

(FIG.8) Peroné, tarsos y los huesos de remo distales. Escala en centímetros

Conclusiones



El espécimen CM ZFR 159 se interpreta como un sub-adulto en base a que algunos arcos neurales no se fusionan a su centros vertebrales (Brown, 1981). Se puede identificar con seguridad como un elasmosáurido, aunque indeterminado, basado en la presencia de la muesca ventral distintivo en las caras articulares de las vértebras cervicales. La morfología de su ilion sugiere que difiere de los elasmosáuridos contemporáneos (a la especie). Sin embargo, el carácter incompleto del esqueleto y la falta de material del cráneo impide una determinación a nivel de género o especie. Sin embargo, este nuevo morfotipo sugiere una mayor diversidad de elasmosáuridos mayor que la que se había supuesto en Nueva Zelanda.

Referencias
  • Hood, 1870. Geological observations on the Waipara River, New Zealand. Quartely Journal of the Geological Society, London, 26 (1870), pp. 409-413.
  • Welles, 1952. A review of the North American Cretaceous Elasmosaurs. Univesity of California Publications in Geological Sciences 29 (1952), pp. 47-144.
  • Brown, 1981. The English Upper Jurassic Plesiosauroidea (Reptilia) and a review of the phylogeny and classification of the Plesiosauria. Bulletin of the British Museum (Natural History). Geology Series 35 (1981), pp. 253-347.
  • Welles and Gregg, 1971.  Late cretaceous marine reptiles of New Zealand. Records of North Canterbury Museum 9 (1971), pp. 1-111.
  • Wiffen and Moisley, 1986.  Late Cretaceous reptiles (families Elasmosauridae, Pliosauridae) from the Mangahouanga Stream, North Island, New Zealand. New Zealand Journal of Geology and Geophysics, 29 (1986), pp. 205–252.
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  • Roncaglia et al., 1999. Dinoflagellate biostratigraphy and correlation of Piripauan–Haumurian (Upper Cretaceous) sections from northeast South Island, New Zealand. Cretaceous Research, 20 (1999), pp. 271–314.