lunes, 30 de abril de 2018

100 AÑOS DE ESTUDIO, ¡Y LO QUE NOS QUEDA!



¡Saludos lectores!


En esta nueva entrega vengo a hablaros sobre la Paleoprimatología, la cual, está de celebración. Este año se cumple un siglo desde que, en 1918, Ales Hrdlička (Figura 1), miembro de la división de antropología física del Museo Nacional de los Estados Unidos y fundador de la Asociación Americana de antropología física, reconoció la Paleoprimatología como una rama distintiva de la antropología física, con la esperanza de que los fósiles de estos animales pudieran acercarnos al origen de la raza humana.


Figura 1-Ales Hrdlička 

Así que, sin más preámbulos, comenzamos nuestra historia:

A principio del siglo XX, los fósiles de primates eran escasos en número y muy defectuosos, pero la necesidad de documentar la ascendencia humana era imperante. Hasta la década de 1960, la mayor parte del trabajo de Paleontología de primates se centró en los seres humanos y sus antepasados, siendo destacable la labor de paleontólogos como William K. Gregory, George G. Simpson, Charles L. Gazin, James W. Gidley, los cuales se desmarcaron de esta tendencia y empezaron a realizar estudios comparativos sobre primates fósiles.

El trabajo de Elwin Simons en este campo fue fundamental para dar a conocer la importancia de entender la evolución humana en el marco de la evolución de primates y sus parientes en toda la era cenozoica. Como curiosidad, comentar que tuvo grandes discrepancias con los paleontólogos que él denominaba de “sillón” que principalmente estaban interesados en estudiar fósiles que ya habían sido descritos, de hecho, puso un enorme énfasis en reunir nuevos fósiles. Por eso se le considera el padre de la Paleoprimatología moderna.

El registro fósil de los primates a crecido enormemente en los últimos 100 años, pero las especies de primates siguen siendo relativamente raras. A partir de 2017, 336 géneros extintos de primates fueron reconocidos. Apenas 43 (es decir, el 13% de estos), habían sido descritos en 1918 (Figura 2). Si consideramos que hay 79 géneros de primates vivos y más de 504 especies, y sabiendo que el género promedio de primates persiste 3 millones de años, podrían haber existido un mínimo de 1300 géneros y más de 10000 especies durante los 65 millones de años de evolución de los primates.


Figura 2- Fecha de la descripción de los primates fósiles (incluyendo euprimates y  plesiadapiformes) desde la primera descripción de un fósil de primate (Adapis Cuvier 1821).


Debemos tener en cuenta que antes de 1918, el registro fósil dejaba lagunas en las zonas tropicales del planeta. Por ejemplo, se sabe que los primates deben haber residido en la isla de Madagascar desde el Eoceno, mientras que sólo se encontraron restos desde el Pleistoceno hasta la actualidad.
Otros aspectos a los que se enfrentaban en esa época era la clasificación de diferentes especies animales. Me llamó la atención que hubo un grupo monofilético (Archonta) en el que se incluían especies que en un principio parecen tan dispares como musarañas, primates o murciélagos, aunque a partir de la década de los sesenta, con las nuevas técnicas de estudios moleculares se han resuelto muchas de las preguntas sobre cuáles son los parientes más cercanos a los primates. En ese instante, musarañas y murciélagos fueron expulsados de este taxón.

Desde 1970 hemos visto en desuso el concepto “Prosimio”. En su lugar reconocemos dos grupos existentes: Haplorhini para tarseros y antropoides y Strepsirrhini para lémures y Lories (Figura 3).



Hasta los años setenta, los paleontólogos se dividían en su opinión sobre qué taxones de simios vivientes estaban estrechamente más relacionados con los humanos. Ahora está bien establecido a partir de los datos genéticos moleculares que Homo está más estrechamente relacionado con los simios africanos, y en concreto a los chimpancés antes que a los orangutanes.


Figura 3- Diagrama de los taxones mencionados anteriormente

Con el surgimiento de la sistemática filogenética, se pudo reconstruir ramificaciones de los árboles evolutivos. Es importante tener en cuenta que las interpretaciones filogenéticas de los taxones extintos siempre deben ser vistas con cautela cuando se basan sólo en unos pocos caracteres. Por nombrar algún caso, esto ocurre cuando conocemos un sólo diente de un taxón fósil.


A principios del siglo XX, la visión predominante de los geólogos era que los continentes de nuestro planeta siempre habían ocupado las mismas posiciones que hoy en día. Debido al arraigo de esta creencia, la distribución biogeográfica de los primates y otros mamíferos se explicaba por los cambios en el nivel del mar, los cuales a su vez proporcionaron pasillos o barreras a la dispersión de mamíferos marinos terrestres entre los continentes y las islas, a excepción de Madagascar y las Antillas mayores, casos en los que se propuso el transporte de estas especies por medio de balsas naturales.

En la década de 1960, una combinación de evidencias estratigráficas y geofísicas finalmente convenció a la mayoría de los geólogos que los continentes se habían desviado durante muchos millones de años, por lo que al menos algunos aspectos de la biogeografía de los primates podrían explicarse mejor por la deriva continental y sus efectos climáticos que por los cambios en el nivel del mar. Un ejemplo del intercambio de fauna pudo ser entre Eurasia y África en el Paleógeno y otra vez después de aproximadamente 20 M.a. con el cierre del mar de Tethys del este entre Eurasia y África. (Figura 4)



Figura 4-Mapa de las posiciones de los continentes en el Eoceno temprano (50 mA), que demuestra las rutas de dispersión entre Asia, Europa y Norteamérica, vía el puente de Bering y Groenlandia.

Para concluir, me gustaría comentar brevemente que el estudio de los sistemas sensoriales del primate, su anatomía muscular, esqueletos y dientes han permitido conocer la dieta, locomoción y estructura social de los mismos, permitiéndonos reconstruir el estilo de vida de las especies extintas.

Espero que os haya parecido interesante mi publicación y por lo menos hayáis aprendido algo nuevo. ¡Nos vemos en la siguiente entrega!🔜

REFERENCIAS:

- Kay RF. 100 years of primate paleontology. Am J Phys Anthropol. 2018; 165:652–676.

- Mario Dos Reis, Gregg F Gunnell, Jose Barba-Montoya, Alex Wilkins, Ziheng Yang, Anne D Yoder; Using Phylogenomic Data to Explore the Effects of Relaxed Clocks and Calibration Strategies on Divergence Time Estimation: Primates as a Test Case, Systematic Biology. 2018.

2 comentarios:

Manuel Hernández Fernández dijo...

Se te escapó una cursiva. Además, no se dice el Homo. Se trata de un nombre propio y, por eso, no se usa un artículo. Igual que se dice Lara (no la Lara), se debe decir Homo o, en su defecto, el género Homo.

Lara Redondo González dijo...

Visto de esa manera (con mi nombre),te puedo asegurar que ya no se me olvidará.
Corregido queda.
¡Gracias!