jueves, 2 de junio de 2016

“CUÉNTAME COMO PASÓ…”



Ya casi metidos de lleno en el mes de junio y con exámenes al acecho, hace ahora justamente un año, nuestro compañero de la querida asignatura de Paleontología General Rayco José Cano González en la síntesis final de su blog comentaba y a la vez aconsejaba a los futuros alumnos, entre los cuales me incluyo, que a la hora de escribir nuestras entradas deberíamos elegir un tema que llamara la atención y sobre todo con el que nos divirtiéramos haciéndolo.

No he de negar que ha sido un trabajo de consulta muy laborioso sobre todo por la cantidad de noticias de carácter paleontológico que iban apareciendo en las diferentes publicaciones a lo largo de estos meses. He seguido su consejo y animo a las futuras promociones de geólogos a hacerlo también.


Creo que ha merecido la pena y me he divertido con ello. Cuando en febrero de 2016 leí que un grupo de paleontólogos encabezados por el experto en huellas de dinosaurio Martin Lockley había descubierto en Colorado unos violentos arañazos en el sedimento cretácico atribuidos a un terópodo grandote en plena ceremonia de cortejo frente a su amada, decidí lanzarme a la aventura bloguera en un tema fundamental en la evolución sobre nuestro planeta:

"El comportamiento socio-sexual de las especies a lo largo de la historia de la vida en la Tierra"


Pese a que en pleno siglo XXI el término socio-sexual causa recelo en algunos Homo sapiens que lo asocian a algo oscuro o de contenido poco recomendable para todos los públicos, no debemos olvidar que cualquiera que ahora mismo esté leyendo tranquilamente esta síntesis, tiene sus orígenes en este tipo de relación… digo yo…

En fin, fuera de comentarios cámbricos (con perdón de los trilobites y otros organismos), a principios de marzo vino al mundo “Amar en tiempos cretácicos”, mi primera entrada cuyo gif final creo que fue durante algunos días trending topic dentro y fuera de clase…

En él vimos como este tipo de marcas aun hoy y pasados 100 millones de años, siguen siendo el modus operandi de algunas aves a la hora de encontrar novia, asunto de gran valor científico ya que son las primeras manifestaciones observadas del comportamiento sexual en un tipo de dinosaurio.

Y como 20 millones de años pasan en un suspiro, llego abril con la aparición a escena de mi querida ovejita cretácica Protoceratops andrewsi al que hice protagonista de la segunda entrada gratamente evaluada, lo que agradezco enormemente. En “Protoceratops buscan esposa” de nuevo el cortejo entre individuos de la misma especie con un fin sexual.

Estupendo trabajo de los científicos de la Queen Mary University de Londres sobre fósiles de este ornitisquio localizados en el desierto de Gobi en Mongolia y basado en el aumento desproporcionado de la gola que este animal poseía en el cuello. Esta alometría positiva pudo ser un reclamo para atraer a potenciales parejas como sucede en numerosas especies actuales, en las que estructuras exageradas en el cuerpo del individuo están asociadas a su conducta socio-sexual, teoría ya predicha por el gran Charles Darwin en su “Origen de las especies” (1859). 


Y por supuesto como no recordar mis ataques de alergia primaveral en el mes de mayo, que aunque aparentemente poco relacionadas con el tema general elegido, fueron la base de la tercera entrada.
Entre estornudo y estornudo “Neandertales y sapiens… & viceversa” tomaron cuerpo y nos llevaron 100000 años atrás, un estornudito en la historia de la vida sobre la Tierra.

Fuimos de viaje con nuestros primeros tatarabuelos sapiens en su lento camino abandonando África y coincidiendo en Oriente Medio con los neandertales que vivían por allí, tema que ha sido fuente incesante de información en medios internacionales durante los últimos meses.
Y allí pasó lo que pasó… que hibridamos y seguro que también nos cortejamos con ellos en un bonito affaire paleolítico en el que corpulentos neandertales tirarían los tejos a macizas sapiens… y viceversa... con unos “te quiero” a su manera.

De aquellas relaciones sexuales heredamos un peso genético en nuestro ADN que nos proporcionó un sistema inmunológico de primera, pero que a la vez nos convirtió en seres alérgicos debido al efecto secundario de llevar consigo esa carga, como se demostró en el prestigioso Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, en el que trabajan científicos españoles.

Pero no solo las alergias, el estar deprimido, ser propenso al infarto de miocardio, la obesidad, los dolores de tripas (que también he heredado), los problemas de piel por efecto del sol y el riesgo de adicción al tabaco, son también consecuencia de aquellos momentos de pasión en el Pleistoceno Superior.


Pues pasó que esta hibridación permitió que Homo sapiens se adaptara mejor al clima de entonces, una creciente esterilidad de los machos híbridos entre ambas especies, la baja densidad de población neandertal así como su menor distribución geográfica propició la definitiva extinción de Homo neanderthalensis hace unos 30000 años.

Para José María Bermúdez de Castro del “Proyecto Atapuerca” lo que ocurrió fue “una competencia entre especies, en la que la preponderante aprovecharía mejor los recursos del medio”.
Desde entonces somos el único género Homo sobre la Tierra y como dice Juan Luis Arsuaga en su magnífico libro “La especie elegida” (1998), “aunque en el aspecto genético somos unos primates muy próximos a los chimpancés y un producto de la evolución, constituimos un tipo de organismo radicalmente diferente a todos los demás. Somos los únicos seres que preguntan por el significado de la propia existencia”.

Efectivamente somos el culmen de la evolución de las especies sobre la Tierra pero cada vez es más habitual leer en diferentes medios de comunicación y redes sociales como el planeta está soportando el tan nombrado “efecto invernadero” por la excesiva emisión de gases contaminantes a la atmósfera. Cada año el nivel de hielo en los casquetes polares disminuye a un ritmo poco deseado y las luchas por los territorios y los recursos naturales, con la consiguiente degradación de los ecosistemas, son desgraciadamente cada día más frecuentes.

Esperemos que en un futuro nadie pueda decir aquello de “Cuéntame que pasó con el planeta Tierra”…



Solo somos una raza avanzada de primates en un planeta menor que gira alrededor de una estrella normal y corriente en el extrarradio de una entre 100000 millones de galaxias. Sin embargo podemos comprender el Universo. Eso nos convierte en algo muy especial”. Stephen W. Hawking.


¡¡SUERTE A TOD@S Y HASTA SIEMPRE!!

2 comentarios:

Manuel Hernández Fernández dijo...

Arregla algunas cursivas que se te han escapado.

Sergio Sancho Martinez dijo...

Corregido. Gracias!!