lunes, 28 de mayo de 2018

Tic, tac, el tiempo corre…

Han pasado ya unos meses desde que nos embarcamos en la aventura de colaborar en este blog, y la cosa es que nuestro tiempo por aquí se está acabando. Cuando nos ofrecieron el pasaje para participar en este blog, al principio no sabía si aceptarlo, pues suponía un tiempo extra que habría que dedicarle y una carga adicional a exámenes y trabajos. Tras estos meses he de decir que no ha sido para tanto. En esta última entrada os voy a hacer un resumen de lo que ha sido mi paso por aquí, antes de que nos metamos aún más de lleno en el “divertido” periodo de exámenes.


A lo largo de mi participación en este blog me he centrado en las distintas ramas de la paleontología: la tafonomía (que explica cómo se produjo un fósil y las modificaciones que haya podido sufrir), la paleobiología (trata de estudiar las especies del pasado y las relaciones entre ellas y con el entorno) y la biocronología (trata de poner una edad a los estratos y fósiles para ordenar diversos eventos a lo largo de la historia geológica, como extinciones o radiaciones). Las tres entradas comparten además un tema en común, y que es fruto de una mera coincidencia, de la que me di cuenta cuando estaba redactando la tercera: tratan sobre trabajos llevados a cabo en el Mediterráneo.

Para empezar, descubrimos una nueva forma de datar las rocas sedimentarias (objeto de estudio de la biocronología), usando la luz. Las rocas son capaces de emitir radiaciones, igual que cualquier otro cuerpo, de forma que cuanto más tiempo lleven sin recibir luz solar mayor será la energía de la radiación emitida después de ser excitadas con luz, por lo que midiendo esa energía podemos averiguar la edad del material que estemos estudiando. De esta forma se obtuvieron edades más precisas para materiales provenientes de distintas zonas de Chipre. Por si te ha interesado, puedes hacer click en el siguiente enlace:

-¿Se puede usar la luz para datar rocas?

En mi segunda entrada en el blog expliqué cómo se usaron fósiles de foraminíferos para demostrar que el Mediterráneo no se había secado antes de la Crisis Salina de Mesiniense (objeto de estudio de la tafonomía), no como se había sugerido hasta entonces. En resumidas cuentas, vimos cómo basándonos en los fósiles podemos determinar las características del ambiente en el que se produjeron.

-Seco, o no seco, he ahí el dilema


En la última entrada, vimos cómo se puede identificar a los depredadores principales de Sphaerechinus granularis (objeto de estudio de la paleobiología) a partir de restos de estos, ya que en ocasiones los depredadores dejaban marcas de su actividad en forma de arañazos en los restos de la víctima, lo que nos permite identificarlos  (al comparar las marcas con la dentadura del depredador) y establecer por tanto una relación depredador-presa entre esas especies. Esto también se puede aplicar a fósiles, ya que algunas veces presentan perforaciones o marcas de mordedura. La única pega es que se necesita que las marcas estén bien conservadas y haya fósiles del depredador con los que poder compararlas.

-Y el culpable es...

Y para terminar, ha llegado la hora de la despedida. Espero que os haya el gustado el blog tanto como a mi, y desde aquí os animo a pasaros por el resto de entradas de este año (por si no lo habéis hecho ya), y a visitar el blog el curso que viene. ¡¡¡HASTA LA VISTA!!!

No hay comentarios: