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lunes, 6 de mayo de 2019

Hasta siempre, compañero

Si la saga de Los Vengadores debía a llegar a su fin tristemente mis entradas llenas de microscópicos amigos también debían hacerlo. Sé que es duro, pero ha llegado la hora de decir un micro adiós a mi aportación marina a este blog...
Aún así, me gustaría hacer una pequeña inmersión para recordar a las estrellas de mis entradas que tanto se esmeran por ayudarnos en gran cantidad de aspectos en nuestra investigación del planeta.

Recordemos entonces que nuestra primera parada fue el Mar Negro, para ser más exactos el delta del Danubio. Allí nos encontramos con los foraminíferos y no pudimos evitar sentir curiosidad y preguntarnos... pero... ¿qué narices hacen los foraminíferos? Y descubrimos que estos pequeños seres vivos de concha de carbonato cálcico aportan ambientes de hipoxia y eutrofización y que son preciosos a microscopio. 

Siguiendo el viaje nos fuimos hasta el Atlántico Norte y sus diversas zonas. Era obvio que podíamos ver en esta parada porque... y en aguas frías, las diatomeas. Estas algas unicelulares amantes de bajas temperaturas llegaron dispuestas a demostrarnos su relación con la banquisa y la temperatura de la superficie marina, y también a enamorarnos con sus preciosas formas.

Y la última estación a la que nos llevó esta aventura fue Japón, donde pudimos apreciar la helada relación entre el mar de Japón y los cocolitóforos. Vimos como los anfitriones microscópicos estaban afectados por los cambios glacioeustáticos y la corriente de Tsushima y como, a su vez, estos cocolitóforos variaban en los diferentes estadíos de los MIS. Y por si eso no era suficiente, se ganaron nuestros corazones con sus perfectas formas circulares.


Viéndolo así es un viaje variado con tres diferentes protagonistas que nos relatan su propia historia, pero estos pequeños personajes no son independientes y nuestro recorrido no ha sido aleatorio y sin sentido. Todo esto nos ha hecho (espero) aprender sobre como nuestros actos afectan al planeta que habitamos y a todos los seres vivos que también se hallan aquí. Tenemos que dejar de ser egoístas y aprender a ver como nuestras decisiones traen consecuencias incluso a seres tan pequeños como los son los foraminíferos, las diatomeas o los cocolitóforos. Sólo tenemos una Tierra y si no aprendemos a ver la realidad que se avecina llegará un punto donde no podremos dar marcha atrás. Sí, todos los artículos tratados en este tiempo que he ido publicando las entradas estaban enfocados a aprender del pasado con fósiles y muestras pero este pasado nos ayuda para ver el futuro, que ahora mismo se nos augura negro.

Cortando un poco la seriedad, comienzo a despedirme de verdad (sin matar a nadie, tranquilos, no soy Thanos) diciendo que ha sido sorprendentemente entretenido tomar parte en el blog pero, a la vez, duro comprobar que incluso realizar entradas tan simples requiere horas (muchas horas) de esfuerzo y análisis de artículos. Espero que mi aportación haya resultado interesante y que los lectores hayan conseguido aprender todo lo que he buscado mostrar.

Por si no nos volvemos a ver: buenos días, buenas tardes y buenas noches.



sábado, 16 de febrero de 2019

Pero... ¿qué narices hacen los foraminíferos?


Aquí presente y esperando su turno Aroa Ruiz, lista para lanzar su primera entrada en este blog dedicado a la paleontología y la evolución (y para que mentir principalmente subir nota).  
Quizá debería empezar dejando claro qué son los foraminíferos, porque siendo sincera hasta que no he leído sobre ellos no tenía ni la más remota idea de que existían estos diminutos seres unicelulares. 
1. Foraminífero con pseudópodos a microscopio 
Como ya he indicado, los foraminíferos son organismos unicelulares, que pertenecen al reino de los protozoos. Una de sus particularidades es la concha o caparazón que presentan, compuesta por carbonato cálcico (CaCO3). 
Son protozoos mayoritariamente marinos que pueden vivir libres o sujetos al sustrato, ya que tienen unas pequeñas extensiones de citoplasma (pseudópodos) largas, finas y retráctiles.
Ahora que sabéis de estos pequeños invertebrados, seguro que os estáis preguntando, ¿qué narices tienen de especial unos protozoos cualesquiera? Desde hace ya tiempo que se considera que los foraminíferos son indicadores fiables de la transgresión marina (subida del nivel del mar, más información aquí) pero en un artículo publicado a inicios de este mes (Petra J. Mudie and Valentina Yanko-Hombach. 2019. Microforaminiferal linings as proxies for paleosalinity and pollution: Danube Delta example. Micropaleontology  Volume 65, No. 1  pp. 27-45) utilizando el ejemplo de la situación en el delta del Danubio se ha visto que su utilidad va más allá. 
2. Orden Rotaliida
Se extrajeron, no sin dificultad, muestras orgánicas de las conchas de los foraminíferos presentes en el Mar Negro (del orden Rotaliida). En esas carcasas tomadas de los foraminíferos bentónicos (los que viven fijos en los sedimentos, más información aquí y un artículo curioso aquí, -todos los artículos presentados por esta científica se centran en los foraminíferos bentónicos-) se vio que el tamaño y frecuencia de los poros era variado y se cree que es parte de la supervivencia de la especie.
A parte de esto, se compararon las muestras tomadas con otras existentes en los océanos Atlántico y Pacífico viendo la diferencia existente en cuanto a presencia de estos protozoos es sus suelos. Pero, claro, ¿esto que tiene que ver con su aportación al medio? Pues con todos estos estudios realizados se ha visto que aportan un ambiente de hipoxia (falta de oxígeno) y eutrofización (enriquecimiento de las materias nutritivas), lo que es increíblemente útil en los campos de paleoecología para comprender las diferentes composiciones del suelo y, en general, del fondo marino y como todo esto afecta y afectó (ya que los foraminíferos son fósiles muy comunes) a la fauna y flora de las aguas saldas. 
Por último, y para que quede claro que estos protozoos no son simples seres diminutos inútiles, añadir los datos expuestos en un artículo de 2016 en el que se expresa el papel que tuvieron los foraminíferos en un derrame de petróleo sucedido en México en 2010. Aunque no son datos absolutos, ya que aún deben realizarse estudios y comparaciones con la situación presente en el ambiente antes del derrame, se sabe que la población de foraminíferos disminuyó en grandes números y que eso afecto en la química del agua y en la eliminación del petróleo presente.

Así que, para terminar con esta primera entrada, debo decir: en este nuestro hermoso planeta hasta lo seres más diminutos e inútiles a simple vista son increíblemente importantes, tanto para el mantenimiento del equilibrio como para avanzar en nuestro conocimiento del lugar que habitamos. ¡No pasemos por alto su presencia y necesidad! Así termino con el cliché de lo necesario que es tener en cuenta el cuidado del medio ambiente para que no perdamos estos organismos que tanto aportan al ciclo de la vida. Así me despido, que la fuerza os acompañe y la paleontología también, que no está de más.
3. Y esto está en todas las playas y
lo pasamos por alto siempre


REFERENCIAS

- Castro, P. & Huber, M.E. 2007. Biología marina. McGraw-Hill España, 514 pp.
- Egremy, A. 2016. El papel de los foraminíferos en un derrame de petróleo. Saberes y ciencias. 53.
- Mudie, P.J. & Yanko-Hombach, V. 2019. Microforaminiferal linings as proxies for paleosalinity and pollution: Danube Delta example. Micropaleontology, 65: pp. 27-45 
- Panieri, G. 2005. Benthic foraminifera associated with a hydrocarbon seep in the Rockall Trough (NE Atlantic) Geobios, 38: 247-255

IMAGENES EXTRAIDAS DE:



lunes, 19 de marzo de 2018

Seco, o no seco, he ahí el dilema

Los geólogos se han estado comiendo el coco por un temita relacionado con el Messiniense y que involucra al mar Mediterráneo. Al parecer durante esta edad, que dura unos 1,913 Ma (desde hace 7,246 Ma hasta 5,333 Ma; por lo que se sitúa dentro del cenozoico), el mar Mediterráneo pudo haberse secado total o parcialmente al cerrarse el estrecho de Gibraltar, la única entrada de agua desde los océanos.



Esto es lo que se conoce como la crisis salina del Messiniense (MSC, del inglés, Messinian Salinity Crisis), en la que se llegaron a depositar hasta 3 kilómetros de evaporitas bajo el Mediterráneo. Se piensa que esta crisis pudo tener importancia a escala global, ya que los expertos estiman que se pudo perder desde un 5% a un 10% del contenido salino de los océanos. Además, si el Mediterráneo se llegó a cerrar de forma total, la circulación de los océanos también debió sufrir cambios.

Los geólogos no se ponen de acuerdo sobre cuándo ni cuánto bajó el nivel del mar. Unos creen que la sal precipitó en cuencas profundas en un ambiente submarino, mientras que otros creen que fue en un ambiente de desecación en aguas poco profundas.


Para poder confirmar qué opción es la correcta, se necesitaba una perforación de las cuencas. En este trabajo se estableció la edad de la base del depósito de halita del Mediterráneo oriental al estudiarse una sección de 320 metros correspondiente a la zona inferior a las evaporitas y a la base de estas. Se obtuvieron muestras cada 9 metros, haciendo un total de 35 muestras. El área de estudio se encontraba a 100 kilómetros desde la costa de Israel.

En la parte de la izquierda, en negro cada uno de los puntos de donde había perforaciones.
En amarillo, el lugar de estudio.

En la sección se encontraron foraminíferos desde el final del Tortoniano al Messiniense. Se reconocían hasta un total de cinco eventos bioestratigráficos, que proporcionan las edades para la datación: última aparición de Globorotalia menardii (7,718-7,726 Ma), primera aparición de G. miotumida (7,240-7,246 Ma), mayor cantidad de G. scitula (6,716-6,717 Ma), el cambio producido en los neogloboquadrinidos (6,348-6,377 Ma) y la llegada de nuevos neogloboquadrinidos (6,11-6,144 Ma). La presencia de foraminíferos apoyaba el hecho de que la deposición de la sal se produjo en un ambiente normal. Extrapolando las tasas de sedimentación para la parte superior de las rocas pre-evaporíticas se obtuvieron edades de 5,98 a 5,81 Ma.

En la imagen están representados diversos foraminíferos. Cabe resaltar:
1—Neogloboquadrina sp.; 3—Globorotalia miotumida; 5— G. scitula; 6— G. menardii

Para otros lugares en el Mediterráneo también se obtuvieron edades de 5.97 Ma para la parte superior de las pre-evaporitas. Para el comienzo de las rocas evaporíticas se obtuvieron las mismas edades. Esta correlación en las edades implica que la MSC no fuese un proceso puntual, y que por lo tanto entre las pre-evaporitas y la deposición salina no hay discordancias. Si no hay discordancias, los yesos de las cuencas menos profundas se comenzaron a formar a la vez que las evaporitas de las más profundas.

Este hallazgo sugiere que deberían revisarse los modelos que se tenían para la deposición durante la MSC, pero también lo que se pensaba hasta ahora del clima en este periodo de tiempo y de la circulación oceánica. También es cierto (y esto hay que decirlo), que este trabajo no sugería que el Mediterráneo pudiera secarse más tarde, pero sí que al menos no lo estaba cuando comenzó la MSC.



Definiciones de términos que no se han explicado:
-Tortoniano: o Tortoniense, es una edad del cenozoico anterior al Messiniense que va desde hace 11,62 Ma hasta 7,246Ma.
-Foraminíferos: organismos protoctistas generalmente marinos, caracterizado por una concha con una o varias cámaras interconectadas.

Referencias:
-Aaron Meilijson, Josh Steinberg, Frits Hilgen, Or M. Bialik, Nicolas D. Waldmann & Yizhaq Makovsky. 2018. Deep-basin evidence resolves a 50-year-old debate and demonstrates synchronous onset of Messinian evaporite deposition in a non-desiccated Mediterranean. Geology, 46: 243-246.

domingo, 14 de junio de 2015

Extinciones y Cambios Climaticos


Cuando hace 3 meses comencé con esta labor, mi objetivo estaba en enfocarme en como los foraminíferos sirven como una herramienta importante en la determinación de cambios climáticos, extinciones masivas, e incluso en los cambios en las condiciones REDOX en los océanos. Pero en el intervalo entre la segunda y tercera publicación que realice conseguí un artículo referente al reconocimiento de un evento de extinción masiva global que hasta ahora no se había aceptado como tal. Todo esto llevó que mi objetivo principal cambiase, redireccionandose al estudio de las fases de extinción y de recuperación de especies, y como este sirve para complementar estudios relacionados a eventos de extinción y de cambios climáticos.

lunes, 9 de marzo de 2015

Los Foraminíferos de Lyell. Todo esto antes era mar.


Preámbulo:

Los foraminíferos (Figura 1) son un tipo de organismos unicelulares pertenecientes al reino protista o protoctista, que surgió en el Cámbrico y que ha logrado mantenerse a lo largo de la historia hasta nuestros días, poblando los mares de todo el globo, a diferentes latitudes y profundidades.

Aún siendo unicelulares, estos organismos poseen un esqueleto mineral: La concha, que envuelve únicamente parte del protoplasma que constituye la célula del animal, ya que dicho protoplasma se extiende hasta el exterior de la concha a través de una o varias aperturas en la superficie de la misma, constituyendo los pseudópodos, que el organismo utiliza para el desplazamiento y la alimentación.

Figura 1. Esquema de la anatomía externa de un Foraminífero.

La ya mencionada concha es la parte más importante del animal, tanto para su clasificación como por sus aplicaciones paleontológicas, ya que es el único componente del mismo que se muestra susceptible de fosilizar. A su vez, la concha puede estar formada por una o varias cámaras, conectadas entre sí mediante una serie de poros llamada forámenes, lo que da nombre al grupo.

Aunque hay múltiples divisiones posibles dentro de los foraminíferos, en nuestro caso vamos a centrarnos en dos tipos en concreto, diferenciados por el material de la concha: Los Aglutinados, que forman su cobertura externa a partir de una argamasa de distintos materiales aglutinados y los Calcáreos, cuya concha está constituida únicamente por el tipo de material homónimo.

La razón por la cual nos interesan estos dos tipos de foraminíferos radica en el artículo base de esta entrada: Strachan, Kate L., Hill Trevor, R., Finch, Jemma M. & Barnett, Robert L. 2015. Vertical Zonation of Foraminifera Assemblages in Galpins Salt Marsh, South Africa.

Introducción:

Los geólogos de hoy en día estamos más que familiarizados con el principio de uniformismo y actualismo, que postuló James Hutton en 1795 y promovió Charles Lyell treinta años después, de tal modo que en 1840 se impuso sobre las antiguas corrientes catastrofistas que imperaban hasta entonces. Con ello se inició el desarrollo de la geología moderna (Molina, 2002)

Pero claro, si “el presente es la clave del pasado” habrá que conocer cómo funciona el primero de ambos. Eso es precisamente de lo que se encarga nuestro artículo en cuestión. 

El estudio consiste en tomar muestras del terreno de la marisma Galpins, Sudáfrica, para poder observar la distribución de las especies de plantas y foraminíferos que habiten la zona y así, poder buscar patrones de distribución vertical que obedezcan a la división en zona alta, media y baja de la marisma (incluyendo la llanura mareal)
 
En caso afirmativo, podría afirmarse que las distintas especies tienen preferencia por determinadas zonas, que pueden variar según el nivel del mar en cada momento. De este modo, en base a las poblaciones encontradas en cada nivel de la marisma, podría estimarse la altura del nivel del mar para esa zona y tiempo determinados.

Ahora bien, hay que lidiar con el problema de que, al extraer las muestras, se obtienen tanto ejemplares vivos como muertos. Algunos autores afirman que es mejor desechar los ejemplares muertos, debido a que no responderán a los cambios producidos tras su muerte (Murray, 1971) Sin embargo, también puede argumentarse que los ejemplares vivos pueden alterar los resultados debido a que dependen de los cambios en las condiciones ambientales (sobre todo en climas templados, con cambios estacionales) Para solucionar este problema, en este estudio se siguió el ejemplo de Scott & Medioli (1980) y se tuvieron en cuenta tanto los ejemplares vivos como los muertos, aunque a la hora de analizar los datos, se analizaron también por separado los muertos y se estudió si había diferencias significativas.

La Zona de Estudio:

La marisma Galpins está situada en el estuario del río Kariega (figura 2) que se adentra hasta 18 kilómetros en el continente. Es una zona de dominio marino, ya que el aporte de agua fresca es muy escaso, y está rodeado de marismas, de entre las que destacan tres: Taylors, Grants y Galpins. De entre ellas, Galpins es la más profunda y extensa, lo que unido a otros factores como su aislamiento del cauce fluvial (debido a la sinuosidad del río y a su estrecha conexión con la marisma) la convierte en un buen punto de este tipo de estudios, ya que está a salvo de los procesos erosivos fluviales (Strachan et al., 2013)

Figura 2. Situación geográfica de la Marisma Galpins.

Métodos de muestreo, procesado e identificación:

Para el estudio, se recogieron 39 muestras de terreno con foraminíferos, procedentes de tres cortes trasversales (figura 3) a lo largo de la marisma Galpins. Las muestras fueron tomadas en intervalos de aproximadamente 5 cm cada una. Cada uno de los cortes media 26 m, 32 m y 7 m, respectivamente, y las muestras de cada uno de ellos fueron combinadas para elaborar unos Datos de Entrenamiento. 

Figura 3. Situación de los 3 cortes realizados en la marisma.

A la hora de tomar las muestras, se usó un Teodolito cuya altura estaba perfectamente calculada, de modo que se registraron la altura a la que se tomó cada muestra sobre el elipsoide, para relacionarla posteriormente con las tablas de marea naval de Sudáfrica (Tabla 1) 

De cada una de las muestras se sustrajo una porción de 4 cm3, siendo cada submuestra sumergida en una solución diluida con un 20% de Rosa de Bengala, para diferenciar los foraminíferos vivos de los muertos (El Rosa de Bengala colorea las proteínas del protoplasma) Posteriormente, se lavaron y se pasaron a través de filtros de entre 63 y 500 µm, para eliminar la materia orgánica y el detrito. La fracción de material de entre 63 y 500 µm  se dividió en ocho Alícutoas para estudiarla directamente, mientras que el material >500 µm se estudió bajo microscopio en busca de foraminíferos de mayor tamaño. 

Posteriormente, se analizaron taxononómicamente las muestras, y a nivel de género sólo pudieron identificarse Quinqueloculina y Fissurina.

Tabla 1. Niveles de marea en la zona de estudio.

A su vez, también se analizó la cobertura vegetal a lo largo de los cortes de muestreo, y la abundancia de cada una de las especies se midió con el método de Blaun-blanquet (Figura 4) 

Análisis estadístico: 

La abundancia relativa de los foraminíferos se representó como porcentaje respecto a la altura en base al Datum de carta naval (m sobre CD) dando como resultado tres zonas diferentes (K1, K2 y K3) Los datos de entrenamiento resultantes al compilar los tres cortes estaban formados por 37 muestras, ya que dos de las 39 iniciales no contenían foraminíferos. Se compilaron datos de entrenamiento tanto del total de los ejemplares como únicamente de los muertos, para poder determinar qué modelo resultaba más útil para la reconstrucción paleoambiental.


La relación entre la altura y las especies de plantas se estimó mediante un modelo de regresión ponderado en C2, con el fin de determinar los rangos óptimos y de tolerancia para cada especie. Por su parte, la relación de los foraminíferos con la altura fue estimada mediante un modelo de ordenación y regresión con los porcentajes totales. Dado que los datos de entrenamiento de los foraminíferos (tanto muertos como totales) presentaban unos valores de desviación estándar de 1.4, se realizó un modelo de mínimos cuadrados, como se recomienda para valores de desviación < 2.

Resultados: 

Vegetación

La marisma Galpins muestra una diferenciación entre marismas altas y bajas, basadas en la cobertura vegetal de la superficie. Las zonas generales (marisma alta, marisma media y llanuras mareales de lodo) siguen la nomenclatura de Lubke & de Moor (1998) La mayor parte de la marisma puede ser descrita como marisma alta, siendo más densa en vegetación que las zonas más bajas. 


Figura 4. Distribución de las especies vegetales.

La especie que predomina en la marisma es Sarcocornia perennis (marisma alta) Se trata de la especie más abundante y tiene un rango de tolerancia modelo de 1.2 – 1.8 m por sobre el CD. Las cotas más altas de la zona intermareal están ocupadas por Carpobrotus edulis (L.) L. Bolus y Sporobolus virginicus (L.) Kunth, que generalmente suelen estar asociadas con la zona de marisma alta. Estas especies tienen un rango modelo de 1.7 – 2.4 m sobre el CD. La zona de marisma alta está dominada por Bassia diffusa (Thunb.) Kuntze, Sarcocornia perennis y Limonium linifolium (L.f.) Kuntze, con menor presencia de Triglochin striata Ruiz & Pav. La zona más baja de la marisma contiene fundamentalmente Spartina maritima y Zostera capensis Zetch. Ambas se extienden hasta las llanuras de lodo.

Foraminíferos

A lo largo de la marisma Galpins, se describieron 13 taxones diferentes de foraminíferos, de los cuales 7 eran formas aglutinadas (Figura 5) Un análisis Clúster realizado usando el programa CONISS identificó una zona de Marisma alta (K1) dominada por Jadammina macrescens y un menor contenido en Trochammina inflata. Milammina fusca también tenía cierta representación, pero muy poca en comparación. La zona K1 se extendía entre los 1.95 m y los 2.05 m sobre el CD, siendo un nivel muy estrecho con un conjunto de foraminíferos muy específico.

Figura 5. Distribución de las especies de Foraminíferos.

Tres especies dominaban la zona K2, que se extendía entre 1.4 – 1.95 m sobre el CD. La abundancia de J. macrecens y T. inflata disminuía con la altura, al contrario que la de M. fusca. En esta zona también aparecía Torchammina ochracea, que únicamente aparecía entre 1.37 – 1.7 m sobre el CD, por lo que puede suponer un buen indicador del nivel del mar. En esta zona, las especies calcáreas eran raras, aunque había una pequeña representación de Ammonia, Fissurina, y Quinqueloculina.

La zona K3 (la más baja) fue delimitada entre los 1.34 y 1.1 m sobre el CD, y presentaba más cantidad de especies calcáreas, en especial Quinqueloculina, y mucho menos porcentaje de J. macrescens y T. inflata. Esta zona estaba dominada por M. fusca.

Los resultados para los ejemplares muertos presentan una semejanza muy estrecha con los dados por los vivos, lo cual sugiere que los foraminíferos fósiles reflejan de forma muy fiable el ambiente en el cual fueron depositados.

Relación de los foraminíferos con la altura:


La distribución vertical de los foraminíferos denota que las especies responden, al menos en parte, a la elevación. Para estudiar mejor esta relación, se elaboraron modelos de regresión y se estimó mediante el método de mínimos cuadrados (PLS) la altura de dos series de datos de entrenamiento (para ejemplares muertos y para el total) Los resultados demostraron la eficacia del método y la posibilidad de estimar la altura mediante las especies de foraminíferos encontradas.

En ambos casos, los modelos PLS con dos componentes obtuvieron los mejores resultados (Tabla 2) usando como criterio el error de media cuadrática (RMSEP) y el coeficiente de determinación r2. 

Tabla 2. Resultados de los modelos estadísticos.

Si se representa para ambos casos un gráfico que enfrente la altura estimada por el modelo con la observada realmente (Figura 6) se puede apreciar que los dos modelos son igualmente fiables (ambos poseen un coeficiente de determinación de 0,64, que implica una fuerte relación) Del mismo modo, ambos modelos pueden estimar la altura con un margen de error de 17 cm (RMSEP = 0.17) y si representamos los residuales de cada medida en ambos modelos, podemos observar que aquel que usa los ejemplares muertos tiene un sesgo, pues tiende a estimar mejor la altura de los ejemplares más altos, mientras que el modelo del total de ejemplares estima la elevación de la muestra de forma igualitaria.

Figura 6. Comparación entre las elevaciones estimadas y las observadas, tanto para ejemplares muertos (A, B) como para el total de muestras (C, D)

Conclusiones:


Efectivamente, los foraminíferos presentan una evidente zonación vertical en las marismas de Sudáfrica, lo cual da pie a poder estimar el nivel del mar en tiempos pasados a partir del registro fósil de estos organismos. Sin embargo, queda una última pregunta, ¿Es esta tendencia extensible a todo el globo? 

Para responderla, pueden compararse los resultados de otros estudios similares, ya sean también en Sudáfrica (Franceschini et al., 2005) o en otras partes del mundo, como en el hemisferio norte (Scott & Medioli, 1978; Williams, 1989; Patterson, 1990; Gehrels, 1994; Jennings et al., 1995; Horton, 1999; Horton & Edwards, 2003)

El resultado de la comparación es que, aunque es posible que difiera ligeramente el rango de distribución de determinadas especies entre algunos estudios, todos apuntan a la misma conclusión: Los foraminíferos son una forma fiable de medir el nivel del mar, tanto actualmente como a lo largo de la historia de la Tierra.

Visto lo visto, queda en estado manifiesto que la paleontología no sirve únicamente para describir qué tipo de organismos poblaban la Tierra hace millones de años ni cómo ha evolucionado una familia en concreto, sino que puede usarse también como llave para entender el medio ambiente pasado y presente. 

Y es que como ya decíamos al principio (y como se viene diciendo desde hace doscientos años) “el presente es la clave del pasado” y la mejor clave posible para entender el pasado es usar la que el mismo pasado nos ha dejado: El registro fósil.

Referencias:


Franceschini, G., McMillan, I. K., and Compton, J. S., 2005, Foraminifera of Langebaan Lagoon salt marsh and their application to the interpretation of late Pleistocene depositional environments at Monwabisi, False Bay coast, South Africa: South African Journal of Geology, v. 108, p. 285–296.

Gehrels, W. R., 1994, Determining relative sea-level change from saltmarsh foraminifera and plant zones on the coast of Maine, USA: Journal of Coastal Research, v. 10, p. 990–1009.


Horton, B. P., 1999, The contemporary distribution of intertidal foraminifera of Cowpens Marsh, Tees Estuary, UK: implications for studies of Holocene sea-level changes: Palaeogeography, Paleoclimatology, Palaeoecology Special Issue, v. 149, p. 127–149.


Horton, B. P., and Edwards, R. J., 2003, Seasonal distributions of foraminifera and their implications for sea-level studies, Cowpens Marsh, UK: Society for Sedimentary Geology, Special Publication, v. 75, p. 21–30.


Jennings, A. E., Nelson, A. R., Scott, D. B., and Aravena, J. C., 1995, Marsh foraminiferal assemblages in the Valdivia Estuary, southcentral Chile, relative to vascular plants and sea level: Journal of Coastal Research, v. 11, p. 107–123. 


E. Molina (ed.) 2002. Micropaleontología. Prensas Universitarias de Zaragoza. Colección Textos Docentes, 93, 704 pp.

 Murray, J. W., 1971, Living foraminiferids of tidal marshes: a review: Journal of Foraminiferal Research, v. 1, p. 153–161.


Patterson, R. T., 1990, Intertidal benthic foraminifera biofacies on the Fraser River delta, British Columbia: Micropaleontology, v. 36, p. 63–77.


Scott, D. B., and Medioli, F. S., 1978, Vertical zonations of marsh foraminifera as accurate indicators of former sea levels: Nature, v. 272, p. 528–531.


Scott, D. B., and Medioli, F. S., 1980, Living vs. total foraminiferal populations: their relative usefulness in paleoecology: Journal of Paleontology, v. 54, p. 814–831.


Strachan, K. L., Finch, J. M., Hill, T., and Barnett, R. L., 2013, A late Holocence sea-level curve for the east coast of South Africa: South African Journal of Science, v. 110, p. 74–82.


Strachan, Kate L., Hill Trevor, R., Finch, Jemma M. & Barnett, Robert L. 2015. Vertical Zonation of Foraminifera Assemblages in Galpins Salt Marsh, South Africa. 


Williams, H. F. L., 1989, Foraminiferal zonations on the Fraser River delta and their application to palaeoenvironmental interpretations: Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, v. 73, p. 39–50.