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miércoles, 12 de febrero de 2020

Dos ornitópodos paseando por Teruel

Para mi primera entrada de este blog sobre paleontología os traigo una noticia que leí el otro día en el NCYT sobre dinosaurios (os dejo el enlace a la noticia). A pesar de que aparece que el artículo de la revista de donde provienen la noticia está publicado en 2019, todas las noticias que hablan de él son 2020. Esto ha podido ocurrir porque muchas veces el volumen está previsto para finales del año pero se acaba publicando con algunos días de retraso y ya sale a principio del año siguiente pero en la fecha figura la prevista. Continuando con la idea principal del blog, hubo dos especies distintas de ornitópodos convivieron juntas en Teruel durante el Cretácico (aunque claro, tú ya te imaginabas de lo que iba hablar tras leer el título). Pero espera Marta, ¿qué narices es ornitópodo? La palabra ornitópodo significa pie de ave y proviene de la palabra griega Ornithopoda (ὄρνιθος (ornitos) = ave - ποδος (podos) = pie). Como ya supondréis es una familia de dinosaurios herbívora y bípeda los cuales aparecieron en el Jurásico medio. La revista científica Spanish Journal of Palaeontology publicó recientemente que en dos yacimientos encontraron fósiles de vértebras dorsales y causales de al menos tres tipos de esta familia de dinosaurios. Dichos yacimientos se sitúan, concretamente, en El Castellar. Los descubrimientos se hayan en rocas pertenecientes a la denominada Formación Areniscas y Calizas El Castellar (una unidad geológica que se depositó hace unos 130-127 millones de años aproximadamente, durante el Hauteriviense-Barremiense).  


Los fósiles encontrados han sido estudiados por paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis. Dicha fundación es una institución del Gobierno de Aragón -reconocida como museo monográfico en Paleontología- enfocada al desarrollo provincial a través de la utilización social de sus recursos paleontológicos. Entre sus actividades se encuentran la investigación en Paleontología, la conservación del patrimonio paleontológico y la difusión del mismo, fundamentalmente a través de Dinópolis. El objetivo principal consiste en convertir a Teruel en un referente como foro de debates acerca de la Historia de la Vida, en ejemplo de conservación del patrimonio turolense y en modelo de compatibilización del conocimiento paleontológico con la difusión lúdica del mismo.

Los fósiles se han estudiado de distintas formas, midiendo las dimensiones para representar su distribución espacial en una gráfica junto con la de ornitópodos semejantes (morfométricamente) y comparando sus características anatómicas con la de otros ornitópodos de épocas similares (sistemáticamente).


 Tras dicho estudio se llegó a la conclusión de que dos especies indeterminadas de esta familia de dinosaurios coexistieron durante el Hauteriviense-Barremiensen en dicha región. A pesar de ser ambas especies de un tamaño considerable; una era grande, de unos 10 metros de longitud, y otra de menor tamaño y más esbelta, unos 6 metros. La primera especie se relaciona con dos géneros de ornitópodos más robustos: Iguanodon, robusto herbívoro que podía alternar entre las marchas bípeda y cuadrúpeda, y Magnamanus, ornitópodo grande de tamaño similar al de Iguanodon bernissartensis. Por otro lado el de menor tamaño se relaciona con el género Morelladon, dinosaurio que vivió durante el Cretácico Inferior de España.

Dichos hallazgos han ayudado a ver que esta diversidad de ornitópodos estiracosternos tiene gran similitud con las variedades de este género observada en el mismo intervalo estratigráfico en otras regiones de España, como las encontradas en provincias como Burgos y Soria. Es decir, dichas especies tienden a seguir un patrón similar: una forma más esbelta y otra mucho más robusta.

Referencia Bibliográfica:
 Verdú, F.J, Cobos, A., Royo-Torres, R. & Alcalá, L., 2020. Diversity of large ornithopods in the upper Hauterivian-lower Barremian (Lower Cretaceous) of Teruel, Spain: A morphometric approach. Spanish Journal of Palaeontology,, 34 (2), 269-288.


Webgrafía:








domingo, 10 de marzo de 2019

Dinosaurios con espinas o multicornios extraños?


Se descubre un dinosaurio con espinas gigantes en el cuello


En 2013 un grupo de paleontólogos encontraron en la zona de Bajada Colorada, al sudeste de la provincia de Neuquen, los restos de un brontosaurio que fue bautizado como Leikupal laticauda, tras esto la zona se convirtió en una zona de alto interés paleontológico, por lo que ha sido excavado desde entonces hasta que recientemente se encontraron los restos de dientes de dinosaurios carnívoros y partes del esqueleto de un saurópodo desconocido que identificaron al divisar gran parte del cráneo y las primeras vértebras del cuello, de las que sobresalía una llamativa espina de 60 centímetros de largo.



Figure 1Hace 140 millones de años, para defenderse de los depredadores, una especie de dinosaurio herbívoro hasta ahora desconocida desarrolló el increíble anatomía, el Bajadasaurus pronuspinax de la familia Dicraeosauridae, lucía unas largas y finas espinas que crecían de su lomo y cuello. Nadie tiene idea de cómo fueron aquellos combates y luchas por la supervivencia, pero lo que sí saben los científicos que hallaron al norte de la Patagonia argentina los restos de este ejemplar, de unos 9 metros de largo.

En ese momento, la Patagonia argentina era muy distinta de lo que es hoy. Aún no existía la cordillera de los Andes y el clima era mucho más cálido. "Era un ambiente fluvial, con vegetación adaptada a grandes temperaturas y también a épocas de sequía", describe Pablo Gallina, investigador paleontólogo principal de la publicación. La zona del hallazgo parece haber sido el recodo de un río en el que se acumularon esqueletos de animales muertos y arrastrados por el agua.

Figure 2

Esta morfología distintiva ha sido interpretada como una estructura de soporte para una vela termorreguladora, una cresta de acolchado para la exhibición, una joroba dorsal que actúa como depósito de grasa, incluso como interiores núcleos de cuernos dorsales. Otras funciones inferidos (si existe) de esta estructura estaban relacionados con exhibición sexual o estrategias de defensa.


El paleontólogo Pablo Gallina (el paleontólogo que se encuentra en la fotografía junto a dos reconstrucciones del surópodo), investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigacioones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y primer autor del trabajo científico decía: "Creemos que las largas y puntiagudas espinas en el cuello y la espalda debían servir para disuadir a posibles predadores. Pero las espinas debieron de estar protegidas por un estuche córneo de queratina, similar al de los cuernos de muchos mamíferos, como cabras, antílopes, que tienen un corazón de hueso recubierto de queratina"
Pablo Gallina, investigador del CONICET, junto a dos reconstruccione del Bajadasaurus pronuspinax



Debido a los pocos elementos hallados, los paleontólogos no pueden estimar cuánto habría pesado este ejemplar. Sí saben que su cuello habría medido 2,5 metros y que era un ejemplar adulto, ya que varios de los huesos craneanos se encuentran bien fusionados, algo que no se ve en los fósiles de saurópodos más jóvenes.


Mientras que entre algunas especies de dinosaurios herbívoros de cuello largo su principal mecanismo de defensa consistía en la combinación de gran tamaño y crecimiento veloz, otras desarrollaron creativas estrategias, como colas de látigo, piel acorazada o mazas de hueso en la punta de la cola.  ajadasaurus, del grupo de los dicreosáuridos, exhibía, en cambio, una serie de largas espinas con las que buscaba disuadir a los depredadores.

Vértebra del cuello original del bajadasauro con sus largas espinas dobles hacia delante




La filogenia de esta especie es la siguiente:


Figure 3





Publicación original en la revista científica virtual:

Web:
https://www.nature.com/articles/s41598-018-37943-

DOI:
https://doi.org/10.1038/s41598-018-37943-3


Webgrafía:

Periódico El País

Periódico ABC

martes, 20 de marzo de 2018

Eres un rabo de lagartija...fósil.

En el anterior artículo hablamos de cómo algunos famosos lagartos se pusieron a dos patas para cumplir sus sueños. Bien, con este otro artículo desvelamos que su verdadera  intención no es otra que la de seguir viviendo. Si unimos la capacidad de correr a dos patas con la que nombraremos a continuación, dejamos claro que, si no eres un poderoso cocodrilo o una resistente tortuga, eres un cobarde escamoso, que poco más puede hacer que engañar con el rabo.


Muchos lagartos pueden soltar una parte de su cola en respuesta al ataque de un depredador, un comportamiento conocido como autotomía caudal. Debido a que no se conoce ese comportamiento en cocodrilos y tortugas, se sugiere que la capacidad evolucionó en la rama Lepidosauria (tuátaras, lagartos, serpientes y anfisbenios).

La autotomía caudal

La autotomía caudal de Squamata, o escamosos (lagartoscamaleonesiguanas y afines, serpientes y culebrillas ciegas), y la posterior regeneración de la cola se han estudiado extensamente debido a la importancia adaptativa de este comportamiento único antipredatorio (Etheridge, 1967; Arnold,1984; Seligmann et al., 2008; Bateman & Fleming, 2009; Clause & Capaldi, 2006). Además de aumentar las posibilidades de supervivencia al facilitar el escape, puede distraer a los depredadores y minimizar la pérdida de sangre después de una lesión (Bely & Nyberg, 2010). Los lagartos existentes muestran dos tipos de autotomía caudal:
  1. Autotomía intravertebral: Las vértebras caudales pueden separarse a lo largo de un plano de fractura preexistente que pasa a través del cuerpo vertebral y del arco neural. Sólo se observa en los lepidosaurios existentes y se asocia con una regeneración más extensa de la cola (Etheridge, 1967).
  2. Autotomía intervertebral: La división ocurre entre vértebras caudales adyacentes (Arnold, 1984; Bateman & Fleming, 2009). Se encuentra en varias especies de Agama y en algunas serpientes, y parece haber evolucionado múltiples veces desde una condición ancestral no autotómica (Etheridge, 1967; Arnold,1984).

Ya que en este post nos vamos a centrar en la autotomía intravertebral, ahondemos en ello. La autotomía intravertebral ya se encuentra en las familias de lagartos filogenéticamente anteriores y el tuátara, con planos de fractura en sus vértebras caudales (Etheridge, 1967; Seligmann et al., 2008). Estos planos de fractura son áreas de debilidad a lo largo de la vértebra que resultan de la fusión incompleta de los esclerotomas (vértebras y discos intervertebrales, costillas y cartílagos costales) adyacentes durante el desarrollo vertebral (Winchester & Bellairs, 1977). En la vértebra totalmente osificada, el plano de fractura es un tabique transversal a través de la vértebra donde no se produce la deposición ósea.

Los captorínidos

Los únicos amniotas que muestran una evidencia convincente de autotomía caudal fuera de Lepidosauria son miembros del clado Captorhinidae (Price, 1940; Dilkes & Reisz, 1986). Los captorínidos, inicialmente, eran pequeños reptiles carnívoros (menos de 10 kg). Se originaron en el Carbonífero Tardío y se expandieron por todo el globo antes de la extinción en masa de finales del Pérmico (Müller & Reisz, 2005; Reisz et al., 2011; Ricqlès & Taquet, 1982), llenando numerosos nichos ecológicos como carnívoros, omnívoros y herbívoros pequeños, dentro de comunidades terrestres donde predominaban los depredadores (Reisz et al., 2015; LeBlanc et al., 2015; Reisz & Fröbisch, 2014; Modesto et al., 2014).


La importancia evolutiva de la autotomía caudal en reptiles paleozoicos nunca se ha discutido más allá de los informes preliminares sobre planos de fractura aparentes.  Sin embargo, los avances en nuestra comprensión de la filogenia reptiliana ahora demuestran claramente que si los captorínidos realmente exhibían autotomía caudal, ésta fue la primera aparición de este comportamiento en Amniota, que más tarde evolucionó de forma independiente en los lepidosaurios, ya que los únicos registros de planos de fractura en las vértebras caudales de los captorínidos sugieren que no pasan completamente a través del cuerpo vertebral, como lo hacen en los lepidosaurios modernos (Etheridge, 1967; Arnold,1984; Price, 1940).
Además, es importante la posibilidad de una variación interespecífica u ontogenética a través de Captorhinidae, variando drásticamente el número de supuestas vértebras autotómicas en diferentes especies. Con ello se puede comprender lo extendido que estaba el comportamiento y si las presiones de depredación variaban, ocasionando dichos cambios en la capacidad de autotomía
Para abordar estos puntos, se ha examinado una muestra grande de vértebras caudales captorínidas aisladas, del sistema de cuevas kársticas de la localidad Richards Spur del Pérmico Temprano (Artinskiense, 289-286 millones de años), ubicada en Dolese Brothers Quarry en Oklahoma, EE. UU.  Así, se compararon los supuestos planos de fractura en captorínidos con los de una iguana juvenil y otra adulta, ya que este escamoso moderno exhibe una reducción ontogenética de la autotomía caudal (Arnold,1984).

Las vértebras caudales de Captorhinidae y sus fracturas

Estas vértebras caudales tienen divisiones transversales a lo largo de las superficies medio-ventrales del centro (Fig. 1a-c). Dichas divisiones no pueden ser características tafonómicas, ya que se encuentran consistentemente en la misma región de numerosos centros caudales y están ausentes en las vértebras caudales más anteriores, que contienen costillas (Fig. 1d). Las secciones delgadas longitudinales de vértebras caudales autótomas en captorínidos revelan que el plano de fractura se extiende a través de la pared ventral del cuerpo vertebral en forma de carrete y alcanza el suelo del canal notocordal a lo largo de la parte dorsoventral más estrecha del cuerpo vertebral (Fig. 1f, g).

Fig. 1: Planos de fractura en vértebras caudales de captorínido.
(a) Reconstrucción artística del reptil pérmico Captorhinus con una cola autotómica (recuadro que muestra las vértebras caudales anteriores con planos de fractura). (b) Imagen y (c) imagen SEM de una vértebra caudal anterior aislada (ROM 73769) con un plano de fractura que pasa a través del cuerpo vertebral (flecha negra). (d) Vista ventral de una vértebra caudal anterior con soporte de costillas (ROM 77410) que muestra la ausencia de cualquier plano de fractura. (e) Vista ventral de una vértebra caudal con un plano de fractura (flechas negras) (ROM 73771) (f) sección delgada a través del plano sagital de una vértebra caudal (ROM 73773) con un plano de fractura (flecha negra) que pasa por la porción ventral del cuerpo vertebral. (g) Primer plano del plano de fractura (flechas negras) en (f) pasando al canal notocordal. Abreviaturas: cb, hueso cortical; cct, cartílago calcificado; ce, cuerpo vertebral; nc, canal neuronal; ns, espina neural; ntc, canal notocordal. Reconstrucción por Danielle Dufault.

Ciertas comparaciones de las capas de tejido duro de cada cuerpo vertebral caudal captorínido, indican que la división se forma durante la osificación del cuerpo vertebral y no como resultado de la resorción ósea (eliminación de tejido óseo por los osteoclastos) a lo largo de la línea media del cuerpo vertebral. Los tabiques de autotomía se forman de forma similar durante la osificación de las vértebras caudales, no como en los escamosos modernos, por la resorción ósea (Winchester & Bellairs, 1977).
Las secciones transversales seriales a través de vértebras caudales que portan un plano de fractura confirman que estas características están restringidas a la mitad ventral de cada cuerpo vertebral. La brecha comienza en la base ventral de la vértebra, donde es considerable (Fig. 2a, b); atraviesa todo el ancho de las paredes laterales del cuerpo vertebral y hacia el canal notocordal (Fig. 2c, d), y se interrumpe en el hueso endocondral/endosteal que forma el núcleo interno de la vértebra (Fig. 2e, f). A pesar de estar restringido a la mitad ventral de cada cuerpo vertebral, los planos de fractura probablemente permitieran la autotomía caudal.

Fig. 2: Secciones transversales seriales a través del centro del plano de fractura de la vértebra caudal en captorínidos. (a) Sección transversal tomada cerca de la base del cuerpo vertebral (ROM 73771); (b) Primer plano del plano de fractura que atraviesa la superficie ventral del cuerpo vertebral en (a). (c) Sección transversal tomada al nivel del canal notocordal (ROM 73774). (d) Detalle del plano de fractura en (c) que pasa a través del cuerpo vertebral hacia el canal notocordal. (e) Sección transversal tomada a lo largo del techo del cuerpo vertebral (debajo del arco neural) (ROM 73774). (f) Detalle del plano de fractura en (g) que pasa a través del hueso cortical externo, pero no el hueso endoóseo/endocondral más interno. Abreviaturas: cb, hueso cortical; eb, hueso endocondral; rl, línea de inversión; sf, fibras de Sharpey. 

Una vértebra muestra una rotura aparente post-mortem a lo largo del plano de fractura, lo que proporciona una visión de la dinámica de la autotomía intravertebral en captorínidos. La vértebra muestra claramente un plano de fractura, basado en los bordes redondeados a cada lado del corte a lo largo de la superficie ventral del cuerpo vertebreal (Fig. 3). La ruptura posterior debe haber ocurrido algún tiempo después de la muerte y la desarticulación de los restos de este individuo. Sin embargo, la grieta sigue el plano de la fractura dorsalmente y se extiende ligeramente hacia la parte posterior hacia el extremo posterior del arco neural, rompiéndose las vértebras caudales con arcos neurales fusionados (Fig. 3).

Fig. 3: Trayectoria hipotética de rotura de autotomía en el centro caudal en los captorínidos. (a-c) Vistas lateral, anterior y ventral de un cuerpo vertebral caudal con plano de fractura, que muestra la extensión del plano de fractura, que no pasa por el arco o la espina dorsal (ROM 73774). (d, e) Imágenes SEM de una rotura post mortem en una vértebra caudal de un captorínido (ROM 77409) a lo largo de su plano de fractura. La ruptura sigue el plano de debilidad formado por el plano de autotomía (flecha blanca) y se encuentra en los lados izquierdo (d) y derecho (e), lo que sugiere que este fue el plano de debilidad en vida. (f) Reconstrucción de la autotomía caudal en una vértebra caudal. Durante la autotomía, la fractura sigue la ruta de menor resistencia a través de la mitad dorsal del cuerpo vertebral caudal y la base posterior del arco neural, evitando la espina neural. Abreviatura: na, arco neural; nc, canal neuronal; ns, espina neural; ntc, canal notocordal.

Se desconoce el número exacto de vértebras caudales en Captorhinus. Sin embargo, algunas vértebras se pueden asignar con confianza a las regiones anterior, media y posterior de la cola (Fig. 4a-c).
  1. Las espinas neurales de los caudales anteriores son altas y estrechas y se extienden postero-dorsalmente en ángulos relativamente altos. Sus respectivos centros son proporcionalmente cortos y biselados como resultado de la articulación con los arcos heméricos.
  2. Los caudales posteriores tienen un centro más largo y las espinas neurales se extienden a ángulos mucho más bajos por la parte postero-lateral (Fig. 4e-g). Estas vértebras medias-caudales frecuentemente poseen planos de fractura, lo que indica que una gran parte de la cola era autotómica.

Desafortunadamente, no se puede determinar el número exacto de vértebras autotómicas, pero sí se revelan al menos ocho vértebras de ese tipo, comenzando alrededor de la sexta a la octava caudal (Figs. 1a y 4a-c). Ocho vértebras caudales autóctonas es, por lo tanto, una estimación muy conservadora de los captorínidos de Richards Spur. Curiosamente, una serie caudal de un gran ejemplar de Captorhinus laticeps de la cantera McAnn de Oklahoma (Fig. 4c) muestra una sección autotómica mucho más corta de la cola, que está limitada a solo cuatro caudales anteriores.

Fig. 4: Variación en regiones caudales autótomas en captorínidos del Pérmico Temprano. (a) Serie caudal parcial de un captorínido juvenil (OMNH 03304) con al menos cinco vértebras autótomas, comenzando con la última caudal "process-bearing" (flecha). Tenga en cuenta la presencia de arcos neuronales sin fusionar. (b) Región autónoma de una serie caudal articulada (OMNH 1020, la imagen se ha recortado para incluir solo la serie caudal) con al menos ocho vértebras autóctonas, comenzando con la última caudal "process-bearing" (flecha). (c) Serie caudal parcial de Captorhinus laticeps (OUSM 15024, la imagen ha sido recortada para incluir solo la serie caudal) con una región autónoma que comienza en la octava caudal (flecha) y termina en la undécima (asterisco). (d) Reconstrucción de la región caudal conocida de Captorhinus (modificada desde) 22, que muestra la extensión de la región autónoma (coloreada) basada en (a-f). (e-g) Aislado anterior (proceso transversal), medio (sin procesos transversales, espinas neurales inclinados pronunciadamente) y posterior (espinas neurales de bajo ángulo) vértebras caudales de captorínidos de la localidad de Richards Spur. Abreviatura: tp, proceso transversal.

Comparación con las vértebras caudales de iguana común

La anatomía y el desarrollo de las vértebras caudales autótomas en los escamosos se han descrito ampliamente (Etheridge, 1967; Winchester & Bellairs, 1977; Gilbert et al., 2013). Ahora compararemos las vértebras caudales con plano de fractura en captorínidos con vértebras autotómicas de especímenes juveniles y adultos de Iguana iguana (iguana común).
A diferencia de en los captorínidos, los planos de fractura en la iguana juvenil pasan a través de todo el centro y casi todo el arco neural (Fig. 5a-d). El plano de fractura está bordeado por hueso cortical compacto, similar a los planos de fractura en captorínidos. Las secciones longitudinales a lo largo de la línea media de las vértebras caudales muestran una capa delgada de hueso cortical en la extremidad dorsal del plano de fractura que parece unir las dos mitades del centro caudal (Fig. 1d). Durante la autotomía, esta división permite que la vértebra se separe, dejando una porción anterior corta del cuerpo vertebral y el arco neural (Fig. 5e). En el individuo más grande, el tabique de autotomía está cerrado por una masa de hueso cortical compacto y es apenas visible a lo largo de la superficie externa del centro (Fig. 5f-i).

Fig. 5: Comparaciones de planos de fractura a través de ontogenia en escamados y captorínidos. Las vértebras caudales en la iguana juvenil (ROM R9175) (a-d) tienen planos de fractura que se extienden a través de todo el cuerpo vertebral en sección delgada. Durante la autotomía, estos planos de fractura facilitan una ruptura en el tercio anterior de las vértebras, a través del arco neural y la columna vertebral, para permitir que la vértebra se divida en dos (e). Las iguanas más grandes y mayores (ROM 77408) (f-i) tienen planos de fractura cerrados y muestran una menor frecuencia de autotomía. Las grandes vértebras caudales anteriores de los captorínidos (ROM 73770) (j-m) poseen de forma similar planos de fractura cerrados en la sección delgada. Abreviaturas: cb, hueso cortical; nc, canal neuronal. 

Algunas vértebras caudales captorínidas muestran evidencia externa de un plano de fractura a lo largo de la superficie del cuerpo vertebral, pero el plano no pasa a través de la superficie ventral del hueso en una sección delgada (Fig. 5j-m). La región ventral media del centrum no es lisa, sino que posee una masa de hueso cortical mal organizado y vascularizado, lo que sugiere que, similar a la vértebra caudal más grande de la iguana, puede representar un plano de fractura cerrado.

Funcionamiento del mecanismo de autotomía y de regeneración

Los cortes tafonómicos en una vértebra caudal captorínida (Fig. 3) muestran que los planos de fractura pueden haber servido para propagar una fractura a lo largo de la base del arco neural cuando un depredador agarraba la cola. La fractura progresaría posteriormente a cualquier proceso transversal y al grueso de la espina neural (Fig. 3f). Esto hubiera permitido que un cuerpo vertebral caudal se dividiera en dos mitades desiguales durante la autotomía, incluso cuando los arcos neuronales se fusionaban con el centro. Esta forma de autotomía no habría dado lugar a una ruptura precisa a través de una sola vértebra, pero sin embargo sería efectiva para dejar caer la cola durante un ataque de un depredador.
Hasta la fecha, no hay evidencia que sugiera que los captorínidos pudieron regenerar una parte perdida de su cola.
Las diferencias en tamaño y grado de osificación de la muestra de vértebras autótomas sugieren que la capacidad de autotomizar la base de la cola es común a múltiples especies de captorínidos en la localidad de Richards Spur, y que había variabilidad ontogenética en la retención de la autotomía caudal. Desafortunadamente, la falta de esqueletos caudales completos para estas especies hace que sea difícil identificar qué especies captorínidas exhibieron autotomía caudal. Además, la naturaleza de los rellenos de cavernas y las operaciones de cantera en curso dificultan determinar el contexto estratigráfico de cualquier material recolectado del sitio (MacDougall et al., 2017; Kissel et al., 2002).
Además, este modelo, con el plano de fractura corriendo a través del centro, y luego pasando hacia atrás, hacia la espina neural, parece ser la explicación más parsimoniosa de cómo las vértebras pudieron separarse. Sin embargo, a diferencia de los lagartos, eso significaría que a pesar de dividir el centro por la mitad, todavía habría una conexión entre las zigapófisis de los arcos neurales. Incluso en captorínidos juveniles donde el arco neural no está fusionado con el centro, nuestro modelo requeriría una ruptura adicional entre las zigapófisis de las vértebras adyacentes. Por lo tanto, los captorínidos parecen tener un tipo único de autotomía caudal, una mezcla entre eventos intra e intervertebrales. La mayor parte de la ruptura ocurre a través del cuerpo del cuerpo vertebral caudal, parecido a la autotomía intravertebral, con la ruptura final ocurriendo en algún lugar entre las zigapófisis, posiblemente similar a la autotomía intervertebral.


Para concluir este post, resumimos que existe una amplia variación en las posiciones de los planos de fractura a lo largo o entre cada vértebra, así como en el número y las posiciones de las vértebras autóctonas (Etheridge, 1967; Pratt, 1946). En estos aspectos, los captorínidos fueron más similares a algunas iguanas y a los tuátaras existentes (Seligmann et al., 2008; Clause & Capaldi, 2006).
Muchos captorínidos pudieron soltar porciones significativas de sus colas. La frecuencia de pérdida de cola en los escamosos modernos se correlaciona fuertemente con la distancia de la región autónoma de la cloaca (Zani, 1996), lo que sugiere que el comienzo de la región vertebral autotómica cerca de la base de la cola puede reflejar una alta frecuencia de este comportamiento en poblaciones de captorínidos del Pérmico Temprano.
La autotomía caudal puede haber desempeñado un papel importante en la diversificación temprana de captorínidos, ya que fueron el primer grupo de amniotas en alcanzar una distribución casi global y diversificarse en nuevos nichos ecológicos en el Paleozoico Tardío (Reisz et al., 2011; Ricqlès & Taquet, 1982; LeBlanc et al., 2015; Modesto et al., 2014; Cisneros et al., 2015).

REFERENCIAS


  1. Etheridge, R. Lizard Caudal Vertebrae. Copeia 1967, 699 (1967).
  2. Arnold, E. N. Evolutionary aspects of tail shedding in lizards and their relatives. J. Nat. Hist. 18, 127–169 (1984).
  3. Seligmann, H., Moravec, J. & Werner, Y. L. Morphological, functional and evolutionary aspects of tail autotomy and regeneration in the ‘living fossil’ Sphenodon (Reptilia: Rhynchocephalia). Biol. J. Linn. Soc. 93, 721–743 (2008).
  4. Bateman, P. W. & Fleming, P. A. To cut a long tail short: a review of lizard caudal autotomy studies carried out over the last 20 years. J. Zool. 277, 1–14 (2009).
  5. Clause, A. R. & Capaldi, E. A. Caudal autotomy and regeneration in lizards. J. Exp. Zoolog. A Comp. Exp. Biol. 305A, 965–973 (2006).
  6. Bely, A. E. & Nyberg, K. G. Evolution of animal regeneration: re-emergence of a field. Trends Ecol. Evol. 25, 161–170 (2010).
  7. Winchester, L. & Bellairs, A. d’A. Aspects of vertebral development in lizards and snakes. J. Zool. 181, 495–525 (1977).
  8. Price, L. I. Autotomy of the Tail in Permian Reptiles. Copeia 1940, 119 (1940).
  9. Dilkes, D. W. & Reisz, R. R. The axial skeleton of the Early Permian reptile Eocaptorhinus laticeps (Williston). Can. J. Earth Sci. 23, 1288–1296 (1986).
  10. Müller, J. & Reisz, R. R. An early captorhinid reptile (Amniota, Eureptilia) from the Upper Carboniferous of Hamilton, Kansas. J. Vertebr. Paleontol. 25, 561–568 (2005).
  11. Reisz, R. R., Liu, J., Li, J.-L. & Müller, J. A new captorhinid reptile, Gansurhinus qingtoushanensis, gen. et sp. nov., from the Permian of China. Naturwissenschaften 98, 435–441 (2011).
  12. Ricqlès, A. de. & Taquet, P. La faune de vertebres de Permien Supérieur du Niger. I. Le captorhinomorphe Moradisaurus grandis(Reptilia, Cotylosauria)–le crane. Ann. Paléontol. 68, 33–63 (1982).
  13. Reisz, R. R., LeBlanc, A. R. H., Sidor, C. A., Scott, D. & May, W. A new captorhinid reptile from the Lower Permian of Oklahoma showing remarkable dental and mandibular convergence with microsaurian tetrapods. Sci. Nat102 (2015).
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  15. Reisz, R. R. & Fröbisch, J. The Oldest Caseid Synapsid from the Late Pennsylvanian of Kansas, and the Evolution of Herbivory in Terrestrial Vertebrates. PLoS ONE 9, e94518 (2014).
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  22. Cisneros, J. C. et al. New Permian fauna from tropical Gondwana. Nat. Commun. 6, 8676 (2015).

viernes, 23 de mayo de 2014

Seres Prehistóricos: El último de su especie

Una fundación creada por la productora de la película "Jurasic Park" financia el hallazgo en Argentina del primer brontosaurio que se encuentra en Sudamérica y el último registrado de esa especie.

- Poseía una cola más fuerte y precisa con la que combatir a sus depredadores - según los estudios realizados.


Leinkupal laticauda defendiéndose de
depredadores contemporáneos a su época.

Las vértebras halladas en la provincia patagónica de Neuquén corresponden a un tipo de dinosaurio que se pensaba que únicamente había vivido en Norteamérica, Europa y África. Ha sido bautizado con el nombre de Leinkupal laticauda.
“En realidad, creemos que los diplodócidos ya estaban presentes desde el Jurásico en Sudamérica, pero simplemente no teníamos evidencias de ellos”, explica a Materia el investigador argentino Pablo Gallina, principal autor del hallazgo que publica la Plos One.  
Los restos encontrados son ocho vértebras que fueron excavadas en la formación Baja Colorada, entre los pueblos de Picún, Leufú y Piedra del Águila. 
Apesteguía, otro de los investigadores, señaló que los restos del animal, de unos 140 millones de años de antigüedad, son además el "único registro" que se tiene de esa especie en el periodo Cretácico en Sudamérica. Las ocho vértebras halladas pertenecen "al cuello, la zona de la espalda y la cola", señaló.

INTRODUCCIÓN

Los diplodócidos son con diferencia los dinosaurios saurópodos más emblemáticos.  No eran reconocidos por haber existido en el Cretácico, pero aquí se ha descubierto esta nueva especie, Leikupal laticauda gen. et sp. nov., perteneciente al comienzo del Cretácico tardío y hallado en Neuquén, provincia de Argentina. Éste taxón se diferencia de otros saurópodos por la presencia de un caudal anterior transverso extremadamente desarrollado con expansiones lateroventrales reforzadas por una dorsal robusta y barras ventrales, una muy robusta lámina centroprezygapofisis sellada en la vertebra caudal anterior y un par de fosas neumáticas en el postzygapófisis en la vértebra caudal más anterior.
El nuevo descubrimiento representa el primer registro de un diplodócido de Sur América y el registro más reciente estratigráficamente de este clado.


Neuquén, Argentina.


  • Holotipo:  MMCH-Pv 63-1
  • Paratipo: 2 vértebras cervicales anteriores (MMCH-Pv 63-2/3), una vértebra cervical posterior (MMCH-Pv 63-4), una vértebra dorsal posterior (MMCH-Pv 63-5),una vértebra caudal anterior (MMCH-Pv 63-6) y 2 vertebras caudales medias  (MMCH-Pv 63-7/8).

DESCRIPCIÓN Y COMPARACIONES

Vértebras cervicales y dorsales
Aunque incompletas, tres vértebras cervicales y una vértebra dorsal se conservan (Figura 1).  Todos ellos carecen parcial o totalmente una de sus caras laterales. Proporcionalmente, las vértebras se asemejan a la sexta, octava y undécima vértebras cervicales del Apatosaurus y la segunda vértebra dorsal del Diplodocus. La vértebra más anterior (C6) es casi completa, a excepción de la punta de la espina neural y la cara lateral derecha parcialmente dañado.
Las otros tres vértebras (C8, C11 y D2) están sólo en parte conservados.
Vértebras cervicales y dorsales

La longitud del Centrum: varía de dos veces a tres veces la altura del cótilo en los tres primeros elementos, disminuyendo a un año y medio en el dorsal anterior. En toda la zona central se comprimen ligeramente en la dirección media lateral, y muestran bien desarrollado fosas neumática lateral en sus caras laterales; Sin embargo, la mala conservación oculta la complejidad de la neumatización.
Los arcos neurales son más altos que la zona central en todos los elementos conservados, aunque esta proporción aumenta a lo largo de la secuencia. En C6, el canal neural es notablemente alto y se asemeja a un arco románico con un borde dorsal semicircular. En cambio, los otros muestran vértebras cervicales canales neuronales circulares, también presentes en Diplodocus.

Vértebra caudal
Dos vértebras caudales anteriores (Figura 2) y dos medias (figura 3) se conservan. Basado en el gran tamaño del Centrum y la extensión dorsoventral de los procesos transversales, el elemento más anterior puede corresponder a la primera o la segunda vértebra caudal (CA1-2). El siguiente elemento se asigna como el séptimo caudal (CA7), que conserva los procesos transversales alargados lateralmente con los extremos apuntando ventralmente como se observa en otros diplodócidos [3], [28], [11]. La mitad de caudal anterior, asignada como la duodécima (Ca12) es incompleta, comprimida lateralmente, pero conserva las láminas diapofisiales y fosas bien definidas. Por el contrario, la mitad de caudal posterior (asignado como CA20) es casi completa, tanto con el  Centrum como el arco neural bien conservado, exceptuado el prezigapófisis derecha, lo que falta.
Vértebra caudal
Las caras ventrales de los elementos anteriores son lisas, sin quillas longitudinales. En CA20 una amplia concavidad longitudinal, ventral se desarrolla como en otros diplodócidos, como Supersaurus, Tornieria, Diplodocus y Barosaurus. Las fosas neumáticas laterales son ovoidales y están bien desarrolladas, persisten en CA20. En la actualidad, la extensión de las fosas neumáticas laterales en vértebras caudales medias están potencialmente restringidas a diplodócidos.




ANÁLISIS FILOGENÉTICOS

Las matrices de datos utilizadas se basan en las filogenias de neosaurópodos publicadas anteriormente que se centraron en las relaciones Diplodocoidea y Diplodocidae, con la adición de este nuevo taxón. Dos caracteres vertebrales se añadieron a ambos conjuntos de datos, lo que resulta en una matriz de datos de 191 caracteres y 27 taxones, y 236 caracteres y 14 taxones, respectivamente. Los datos fueron analizados utilizando TNT v.1.1, con una búsqueda heurística de 1.000 réplicas de árboles Wagner seguido de TBR (árbol de bisección de reconexión) rama intercambio. 
El apoyo y remuestreo de Bremer fue usado para evaluar la robustez de los nodos de los árboles más parsimoniosos en ambos análisis.

Dos análisis diferentes se llevaron a cabo con el fin de establecer la posición filogenética de Leinkupal laticauda entre diplodocoideos. En el primer análisis se incluyó Diplodocoidea. El resultado fueron 156 árboles igualmente parsimoniosos de 344 pasos 
(IC = 0,605, RI = 0,770). 

Un árbol de consenso estricto recupera Leinkupal laticauda profundamente anidado dentro Diplodocidae, como la taxonomía hermana de Tornieria africanaAmerican barosaurus  y Diplodocus.


Clados

CONCLUSIÓN

Leinkupal laticauda, representado por el material fragmentario de los estratos del Cretácico Inferior de Argentina, sugiere que la supuesta extinción de Diplodocidae en el límite Jurásico/Cretácico no se produjo a nivel mundial, el clado sobrevivió en América del Sur por lo menos durante una parte del Cretácico Inferior . Esto fue, al lado de los otros dos grandes clados diplodocoides, una asociación extremadamente rica no registrada antes. 
El análisis de la fauna de Baja Colorada muestra que los diplodocoideos fueron diversos y abundantes en el Cretácico Inferior de la Patagonia. 

El análisis filogenético sugiere una relación más estrecha de Leinkupal a Tornieria africano, mostrando una distribución generalizada y temprana de diplodócidos en América del Sur o, alternativamente, una colonización de América del Sur desde África por el límite Jurásico / Cretácico. La presencia de Leinkupal como saurópodo diplodócido en esta época, empuja el origen de Diplodocoidea a principios del Jurásico Medio o potencialmente incluso antes.

Diplodócidos son los dinosaurios saurópodos más emblemáticos. El reconocimiento de los miembros de este clado en Argentina, aumenta la lista de los clados de saurópodos conocidos de este país, lo que representa un riquísimo retrato de la evolución de saurópodos.

ETIMOLOGÍA
En el idioma mapuche que hablan los indígenas en la Patagonia la primera palabra, Leinkupal, significa "familia que desaparece", ya que el hallazgo corresponde al último descubrimiento mundial conocido de un dinosaurio de la familia de los diplodócidos; y laticauda significa en latín "cola ancha" (contaba con una gran precisión a la hora de usar su cola como un látigo).

(Noticia publicada el 14 de Mayo de 2014)
Revista Plos One:  http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0097128

REFERENCIAS


  • Marsh OC (1877) Notice of some new dinosaurian reptiles from the Jurassic Formation. American Journal of Science (Series 3) 14: 514–516.

  • Marsh OC (1878) Principal characters of American Jurassic dinosaurs, Part I. American Journal of Science (Series 3). 16: 411–416.