lunes, 26 de mayo de 2014

Rastros: dime con quién andas y te diré quién eres


“La naturaleza benigna provee de manera que en cualquier parte halles algo que aprender”

    (Leonardo da Vinci)


Imaginemos un yacimiento paleontológico: una gran lona blanca protege del sol al gran equipo de paleontólogos que, con pequeños punzones y pinceles, buscan cuidadosamente fósiles en la tierra. Estos científicos llevan años trabajando en esa zona en busca de realizar un gran descubrimiento, pero parece que las pistas de que allí hubo vida se han esfumado. Están a punto de retirarse y comenzar desde el principio en otra zona cuando uno de ellos grita con emoción a sus compañeros que al fin lo ha encontrado, que tiene ¿una huella?

Si hemos fantaseado, desde los tópicos, con el final de esta historia, hemos colocado en nuestro yacimiento un gran cráneo de mamut, un esqueleto de pez carnívoro gigante o evidencias de la existencia de Godzilla, pero nunca una huella.

Es por eso que esta entrada está basada en el artículo E.García-Ortiz, F. Pérez-Lorente, 2014. Palaeoecological inferencesabout dinosaur gregarious behaviour based on the study of tracksitesfrom La Rioja area in the Cameros Basin (Lower Cretaceous, Spain).Journal of Iberian Geology, 40: 113-127, en el que observaremos la gran importancia de los icnofósiles dentro del registro, y más concretamente las huellas, para la determinación de patrones ecológicos e, incluso, inferencia de condiciones paleogeográficas, lo que permite saber la estructura y dinámica de las poblaciones en el Cretácico inferior. 


Marco geográfico y geológico

El estudió se realizó en La Rioja (Fig. 1), que se localiza junto con Soria y Burgos en la cuenca de Cameros, limitada por la Sierra de la Demanda al noroeste, por la cuenca terciaria del Ebro al norte, por la del Duero y Almazán al sur y por la sierra del Moncayo al este. La Rioja es la región de España con mayor número de rastros de dinosaurios, con más 150 rastros y 10.000 pisadas.



Fig. 1-.Localización geográfica y geológica de La Rioja dentro de la cuenca de Cameros 1a) Mapa geológico simplificado de la Península Ibérica. 1b) Localización geográfica de la cuenca de Cameros  en el contexto de la Comunidad Autónoma de La Rioja. 2) Yacimientos de huellas y grupos litoestratigráficos en La Rioja.


La cuenca mesozoica de Cameros tiene una geometría de sinclinal con un grosor máximo en la zona central que decrece progresivamente hacia el norte y hacia el sur. La unidades distinguibles dentro del área son, según Mas et al. (2002) y Díaz-Martínez et al. (2010), entre otros, Tera, Oncala, Urbión, Enciso y Oliván. todas ellas compuestas, en general, por material carbonatado y siliciclástico de origen continental, y asociadas a la formación Leza, cuya edad no está completamente definida y se sitúa dentro del rango Berriasiense-Aptiense (Cretácico inferior).

Las huellas estudiadas se localizan principalmente en la unidad Enciso, aunque algunas de ellas también proceden de Oncala y Urbión. 


Tras la pista de los dinosaurios 

Para el estudio de la paleoecología relacionada con los dinosaurios de la cuenca de Cameros, nos basamos, en este caso, en el gregarismo, resumido a partir de otras definiciones (Heymer, 1982; Immelmann and Beer, 1989; Sarmiento, 2001; Hickman et al., 2002) como "el hábito de vivir en grupos o manadas de individuos de la misma especie que puede ser temporal (por refugio, alimento o, simplemente, unión sexual) o permanente”. Las evidencias de gregarismo son diversas según los autores consultados (Currie and Eberth, 2010; Lucas, 2007), sin embargo, la mejor evidencia para inferir un comportamiento gregario son los icnofósiles. 

Según Bromley (1996), los dinosaurios de la misma especie o incluso un mismo individuo pueden producir distintos tipos de pisadas según su comportamiento y, por el contrario, dinosaurios de distintas especies pueden dejar el mismo tipo de pisadas cuando actúan de la misma manera. Sin embargo, se considera que a un nivel taxonómico mayor (saurópodos, ornitópodos y terópodos en este caso), rastros bien estudiados permiten asociar pisadas a los individuos que las producen.

Lockley y Matsukawa (1999) sugieren dos criterios importantes para determinar si existe comportamiento gregario: múltiples rastros del mismo tipo sobre la misma superficie o en un intervalo estratigráfico restringido, y líneas de pisadas paralelas que indiquen un sentido de desplazamiento concreto. Además, Lockley (1991) considera que la profundidad de las pisadas es también determinante, puesto que la profundidad del rastro de animales que se desplazan juntos debería ser la misma. Otra hipótesis indica que la presencia de barreras físicas, como la topografía, crean corredores que reducen las direcciones posibles de desplazamiento y dan lugar a “caminos”. 

Respecto a las pisadas que aparecen como acumulaciones sin un sentido de desplazamiento determinado, estas no pueden ser consideradas como una prueba de comportamiento gregario ya que pueden pertenecer al movimiento de un solo individuo en diferentes momentos, o a la presencia de un conjunto de animales confinados en un área sin llegara interactuar como una manada (Ostrom, 1972). 

Si consideramos las pisadas de un mismo afloramiento (situadas sobre la misma superficie y asumiendo que se produjeron al mismo tiempo) se pueden diferenciar cuatro tipos de rastros:

a) Rastros sin orientación preferente (acumulaciones o lo que se conoce como “dinoturbaciones”), que se interpretan en el registro como lugares de convergencia de los individuos o zonas en las que las condiciones ambientales se mantuvieron lo suficientemente estables como para que individuos solitarios pudiesen permanecer allí a lo largo del tiempo. 

b) Rastros del mismo tipo en dos direcciones diferentes, producidos por la existencia de barreras físicas o corredores. Este tipo de pistas requieren un estudio detallado e individualizado para cada conjunto de pisadas.

c) Rastros paralelos del mismo tipo con la misma dirección, que se explican por la existencia de barreras físicas que dan lugar a caminos, o por el movimiento de los animales en grupo o por separado en un sentido determinado.

d) Rastros paralelos producidos por individuos de categorías diferentes, que se interpretan según el modo de alimentación de los animales como evidencias de predación,

Por lo tanto, y en líneas generales, los rastros se pueden dividir en acumulaciones o dinoturbaciones (Fig. 3), que representan el 57,14% de los encontrados, y rastros paralelos (Fig. 2), que representan un 42,86%.

Para este último tipo encontramos en el área de San Martín las únicas evidencias de pisadas de saurópodos, con dos rastros paralelos de misma dirección correspondientes individuos de tamaño medio, y pisadas de ornitópodos en rastros paralelos de una sola dirección. En el área de Barranco de Valdecevillo encontramos tres rastros paralelos de ornitópodos con espaciado constante en los que los rastros laterales se componen por huellas más grandes que las centrales, lo que puede indicar protección de los individuos jóvenes por parte de los adultos. En el área de La Barguilla se observan dos rastros de pisadas de ornitópodos y uno de terópodos paralelo a los anteriores, lo que se puede interpretar como una escena de caza. El área de Peñaportillo es la única en la que se observan rastros heterogéneos, lo que indica que dinosaurios de diferentes tamaños atravesaron la zona en momentos diferentes, y en la zona de La Llaga aparecen pisadas que han sido atribuidas al paso de dinosaurios bípedos indeterminados. 


Fig. 3-. Ejemplos de yacimientos representativos con rastros paralelos. 1. San Martin (1a) Vista del afloramiento. (1b) Rastros de saurópodos (simplificación). 2. Barranco de Valdecevillo. (2a) Vista parcial del afloramiento. (2b) Tres rastros paralelos de ornitópodos (simplificación). 3. Peñaportillo. (3a) Vista del afloramiento. (3b) Cinco rastros paralelos de terópodos (simplificación).


En el caso de las acumulaciones, se observan 13 homogéneas (8 de saurópodos, 4 de ornitópodos y una de terópodos) y tres heterogéneas (una de ornitópodos y dos de terópodos). 


Fig. 4-. Ejemplos de yacimientos con acumulaciones. 1. Soto (1a) Vista del afloramiento. (1b) Dinoturbación producida, supuestamente, por una manada de saurópodos (simplificación). 2. La Era del Peladillo. (2a) Vista del afloramiento. (2b) Acumulación de pisadas de ornitópodos (simplificación). 3. Las Mortajeras. (3a) Vista del afloramiento (3b) Acumulación (simplificación). 



Conclusiones e implicaciones 

La evidencia más aceptada de comportamiento gregario es la existencia de rastros paralelos, aunque se basa en una serie de parámetros concretos: la dirección de los rastros, el espacio entre las series de pisadas, la profundidad de las huellas... Es posible reconocer un comportamiento de manada por la presencia de pisadas del mismo tipo producidas al mismo tiempo, teniendo en cuenta si se producen por avance de los individuos y sucedidas en el tiempo o si son resultado de patrones de comportamiento repetitivo, como en las áreas de cuidado de nidos.

Las opiniones sobre las acumulaciones son bastante diversas, y una de las explicaciones más aceptadas es la de que se corresponden con zonas de convergencia de dinosaurios en las que se forman “cráteres” debidos a que los individuos pisaban en repetidas ocasiones sobre huellas anteriores (Bird, 1944). Sin embargo, esto no despeja por completo las dudas sobre las dinoturbaciones ya que una superficie repleta de acumulaciones no indica necesariamente que existiese un gran número de individuos, aunque sí nos permite saber que fue una zona con gran actividad vital. Por lo tanto, para poder determinar a partir de las dinoturbaciones si hay evidencias de comportamiento gregario es necesario hacer un estudio detallado de las huellas en cuestión ya que no se puede establecer un patrón o tendencia general. 

– Saurópodos: la presencia de evidencias de comportamiento gregario apoyaría la teoría de que estos dinosaurios podían dividirse en pequeñas manadas según su edad (Myers y Fiorillo, 2009). En el área de estudio, las pisadas aparecen aisladas, porque los afloramientos son pequeños o porque los individuos presentaban un comportamiento no gregario, si bien las dinoturbaciones heterogéneas y homogéneas se han interpretado como evidencias de unión en manadas. 

– Ornitópodos: en el área de La Era del Peladillo aparece una banda de acumulación de grandes pisadas hecha, probablemente, por una gran manada, y dos rastros paralelos a esta con la misma dirección y a una distancia constante, lo que es difícil de explicar como algo que no sea comportamiento gregario. A esto se le añade la existencia de asociaciones claras entre rastros de individuos jóvenes y adultos, lo que apoya la teoría de Matsukawa et al (1999) de que los primeros son acompañados generalmente por los segundos.

-Terópodos: las evidencias de rastros paralelos en una y dos direcciones son muy abundantes en la zona de estudio; la explicación más aceptada para estos últimos es, como ya dijimos, la presencia de una barrera física que afecta a la trayectoria de los dinosaurios. Los rastros de una sola dirección se interpretan como la unión de los animales en pequeños grupos (no más de diez individuos) teniendo en cuenta que este comportamiento gregario solo aparece representado por huellas de tamaño pequeño a medio, lo que se explicaría mediante la relación inversa entre el tamaño de los dinosaurios y su tendencia a formar manadas. 


En general, la escasez de pisadas pequeñas de ornitópodos y saurópodos puede deberse a que el ambiente frecuentado por los individuos jóvenes era diferente o que no se conservaron en el registro fósil por otros motivos. Casi todas las huellas pertenecen a Enciso, que fue interpretado como un sistema lacustre o palustre; el hecho de que no existan estudios paleoambientales detallados de las zonas en las que aparecen los rastros dificulta el hallar una correspondencia entre el comportamiento gregario y el ambiente específico ocupado. No existe un estudio completo de la sedimentología y, por lo tanto el paleoambiente, de cada una de las zonas que comprende este estudio, y, además, sería necesario comparar los resultados del área de La Rioja con los obtenidos en Burgos y Soria, ya que pertenecen a la cuenca de Cameros. Aun así, este tipo de estudios proporcionan la clave para inferir la ecología de este tipo de animales a través del conocimiento de su comportamiento en estos ambientes, incluyendo cierta información como el tamaño y tipo de integrantes de la manada, su estructura, la posición de los individuos dentro de ella al moverse, etc. 


El objetivo de esta entrada es concienciar a los lectores (interesados en el tema o que se han equivocado de blog o que, simplemente, han decidido hoy acercarse a la Paleontología) de que los icnofósiles son una parte fundamental del registro fósil ya que, como hemos visto, el no tener en nuestra mano los restos esqueléticos de un animal no impide que podamos conocer cómo vivía, dónde, qué relación tenía con sus semejantes, qué posición ocupaba dentro de un grupo- si es que pertenecía a uno- e incluso su tamaño y edad relativa. 


La Paleontología comprende estudios muy diversos y complejos puesto que lo que busca es igual de diverso y complejo: esbozar ligeramente cómo era nuestro planeta hace miles de años y de qué manera nuestros predecesores lo habitaron y evolucionaron hasta convertirse en lo que somos ahora. 



Referencias 

Bird, R.T., 1944. Did Brontosaurus ever walk on land? Natural History, 53: 61-67. 




Heymer, A., 1982. Diccionario Etológico. Ediciones Omega, Barcelona: 286 p. 

Hickman, C.P., Roberts, L.S., Larson, A., 2002. Principios integrales de zoología. McGraw-Hill/Interamericana de España: 783-802. 

Immelmann, K., Beer, C., 1989. A dictionary of Ethology. Cambridge, Harvard University Press: 336 p. 



Lucas, S.G., 2007. Dinosaurios: Un libro de texto. Edi ciones Omega, Barcelona: xxiii + 280 p.





Sarmiento, F.O., 2001. Diccionario de Ecología de Paisajes, Conservación y Desarrollo Sustentable para Latinoamérica. Editorial Abya- Yala, Quito: 226 p.

2 comentarios:

Manuel Hernández Fernández dijo...

Los del MUJA también se han hecho eco de este trabajo:

http://www.dinoastur.com/2014/03/01/jigeo-40-1/

Nerea Jiménez Hernández dijo...

Puntualizar que en La Rioja hay más de 150 yacimientos, no rastros... Rastros, sólamente en La Era del Peladillo hay 105...