lunes, 16 de junio de 2014

El oceano: el origen de toda la vida.

De sobra es sabido que la vida se originó en el mar: primero organismos microscópicos para luego dar paso, tras mucho tiempo transcurrido, a formas mas evolucionadas. Por eso mis entradas se han basado en algunos organismos que habitan, o habitaron, en el oceano, para ver su modo de vida y lo que condicionaba su exito, o fracaso evolutivo.

Primero se vió que en el Triásico los diversos ecotipos marinos, y en especial los durófagos (adaptados a una dieta de presas con concha) y los pelágicos (que poseian un sistema de locomoción adaptado a aguas abiertas), tenian mayor o menor éxito evolutivo en función del nivel del mar: los durófagos tuvieron mayor éxito cuando el nivel del mar era mayor y los pelágicos viceversa. También se observó que el nivel del mar dependía de la cantidad de Sr marino que contuviese y las correlaciones entre esta composición isotópica del mar con la diversidad fosilifera nos sugiere que los ecosistemas marinos y los procesos geológicos estaban estrechamente vinculados y que afectaban a la cantidad de Sr que entraba en los oceanos.

Luego avanzamos hasta el periodo Cretácico y nos situabamos en Nueva Zelanda, en la cual se había descubierto un nuevo tipo de elasmosáurido (un plesiosaurio) que, hasta hace bien poco, estaba desclasificado. Gracias a sus huesos característicos (pese a que el esqueleto no estaba completo) se pudo asegurar que era un elasmosáurido en base a la muesca ventral distintiva en las caras auriculares de sus vertebras cervicales. No obstante, al estar incompleto no pudo catalogarse a nivel de género o especie pero en base a este individuo se pudo sugerir que en Nueva Zelanda existe una mayor variedad de elasmosáuridos de la que se creía.


En un gran avance temporal nos situamos en la actualidad, para hablar de la fauna carismática marina. Estos animales, como el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), entre otros, sirven a los ecologistas de hoy en día como ejemplo para concienciar a las masas de que hay que cuidar nuestro ecosistema marino. Se vió también como han mejorado los métodos de estudio de algunas especies marinas para averiguar su comportamiento y como se podrían enfocar en un futuro. También se hizo hincapié en la dificultad que emplea estudiar ciertas especies pues llegar a ellas, de momento, es muy dificultoso para nosotros. Por último se sugirió, muy acertadamente, que en un futuro los datos de investigación deberían ser de carácter público para, de este modo, facilitar el intercambio de datos y convertir el análisis taxonómico en una rutina.

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